Lemaitre: Los novelistas inventamos en el siglo XIX las series de televisión

Lemaitre: Los novelistas inventamos en el siglo XIX las series de televisión
El escritor francés Pierre Lemaitre. EFE/ José Oliva.

En una entrevista con EFE, Lemaitre señala que “El ancho mundo” es “una novela de aventuras con pasiones en movimiento, en contraste con la novela psicológica, en la que esas pasiones son silenciosas, contenidas”.

El escritor francés Pierre Lemaitre inicia una nueva serie de novela histórica y aventuras con “El ancho mundo”, que se mueve entre París, Beirut e Indochina, inspirada en el folletín decimonónico con el que “los novelistas inventamos las series de televisión”.

Si en “Los hijos del desastre”, que cerró su anterior trilogía, abordaba el período de entreguerras, en “El ancho mundo” (Ed. Salamandra) se centra en el momento inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, los llamados “treinta años gloriosos”, con la guerra de Indochina, las colonias francesas en Oriente Próximo y la realidad económica y social en el París de la reconstrucción nacional como escenarios.

Lemaitre recurre ahora a la saga familiar de los Pelletier, cuyo patriarca regenta una fábrica de jabones en Beirut y cuyos hijos abandonan la capital libanesa para instalarse en París (Jean, François y Hélène) y en Saigón (Étienne).

En una entrevista con EFE, Lemaitre señala que “El ancho mundo” es “una novela de aventuras con pasiones en movimiento, en contraste con la novela psicológica, en la que esas pasiones son silenciosas, contenidas”.

No oculta su debilidad por la literatura folletinesca del XIX de la que se declara “heredero”: “crecí con los folletines de Dumas, y ya había jugado con el folletín en las novelas policíacas, pero en este nuevo libro he decidido sistematizarlo”.

El escritor explica que “las series televisivas son hoy el gran proveedor de ficción, sobre todo, para los jóvenes, y las series hacen folletines, algo que han aprendido de los novelistas, que fuimos los que nos inventamos las series de televisión”.

En el folletín del XIX, asegura, ya se encuentran los elementos característicos de las series: “el procedimiento de cortar la historia, los giros argumentales con sorpresas y el suspense para que el lector tenga ganas de seguir el siguiente capítulo, la siguiente temporada”.

LOS “ÁNGULOS MUERTOS” DE LA HISTORIA

Lemaitre remarca que no es historiador, sino novelista, y que su interés son los “ángulos muertos” de la historia, así como las “ventanas narrativas” no tratadas por la literatura, porque “el cine y las novelas han tratado abundantemente la resistencia y la ocupación”.

Como ya hiciera en la trilogía anterior, en la que se fijó en “el tema olvidado del regreso de los soldados de la Gran Guerra, ahora en su búsqueda de esos “ángulos poco conocidos” de la historia se ha ocupado de Indochina, “una guerra olvidada eclipsada por la guerra de Argelia”, para que “el lector encuentre una luz distinta sobre un período que cree conocer”.

Desde 2013 con “Nos vemos allá arriba” (premio Goncourt), Lemaitre siente que ha alcanzado ahora “la madurez literaria necesaria para escribir una saga familiar, algo de gran exigencia para el escritor” y remata: “Creo que ‘El ancho mundo’ es mejor desde un punto de vista emocional, intelectual y técnico”.

Aprovecha el episodio de Indochina, “una guerra capitalista”, dice, para hablar de la corrupción de la estructura colonial francesa en Asia, “un capítulo cerrado desde el punto de vista de la guerra, pero no desde la óptica Norte-Sur, pues la guerra de Indochina fue un factor de empobrecimiento de esa zona asiática que hoy pide cuentas al mundo occidental”.

La herida de Indochina, en donde combatieron los militares profesionales, “no es comparable con la de la guerra de Argelia, aún no cerrada, ya que allí las familias francesas enviaron a sus hijos que hacían el servicio militar”.

EL PERIODISMO SIEMPRE PRESENTE

Como en la trilogía precedente, el mundo del periodismo se cuela de nuevo: “En los años 50 el mundo del periodismo cambia en relación a los años 30, con la mejora de las imprentas, los transportes y además prolifera una prensa de masas independiente de los partidos políticos, que hizo que el periodismo fuera más popular y menos elitista”.

Lemaitre sustituyó la idea inicial de escribir una trilogía por una tetralogía sin que ello alterara la fotografía de la época: “Acorté los ‘treinta años gloriosos’ a veinte, repartidos en cuatro volúmenes, pues en ese período las mujeres tenían muchos hijos y más jóvenes, y así el lector se reencuentra con unos personajes que no han cambiado demasiado”.

La tetralogía seguirá a los abuelos, hijos y nietos de la familia Pelletier, y los siguientes tres tendrán como personaje principal a uno de los hijos: Hélène en el segundo, François en el tercero y Jean en el último.

El segundo, ya acabado, se centrará, anuncia Lemaitre, en dos temas, “el hormigón a través de la construcción de una presa que debe enterrar bajo el agua un pueblo entero, y el aborto”.

Consciente de que “los escritores no inventan nada, que no dejan de hacer cosas nuevas con lo viejo”, en su texto se deslizan guiños u homenajes a sus autores preferidos, “poniendo el nombre de los personajes secundarios extraídos de Simenon, partiendo de escenas de Zola o Maupassant, de una canción de Brassens o de una entrevista a Proust” y citándolos al final del libro es su “manera de desacralizar la literatura”.

 

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