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El "triángulo de fuego" perfecto y una negligencia humana, factores de la tragedia de Suiza

El "triángulo de fuego" perfecto y una negligencia humana, factores de la tragedia de Suiza

Hay responsabilidades que hay que depurar, dice a LA RAZÓN el experto Chema Gil

EL “triángulo de fuego” perfecto y una actuación absolutamente irresponsable, que conlleva responsabilidades. Estos dos factores son, en declaraciones al diario La Razón de Chema Gil, experto en Sistemas de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento, los que propiciaron la tragedia de Crans Montana, en Suiza.

“Es algo parecido a lo que ocurrió en Murcia, en las discotecas de las Atalayas, tal y como se describe en el informe pericial de la Policía Nacional. En el caso de las Atalayas hay combustión, hay temperatura, que no es el caso de Crans Montana: Lo que nos encontramos ahora es un local repleto de personas y lo que podemos llegar a ver en algunos vídeos es como de manera sorpresiva es que empiezan a dispararse fuegos artificiales”, añade.

“Los fuegos artificiales no son fuegos fríos. Estamos hablando de fuegos que tienen unas temperaturas importantes y que inevitablemente, en cuanto dé con un techo de aislantes térmicos del frío o cualquier materia pueda ser susceptible de ser combustible, nos encontramos con una mezcla perfecta lo que llamamos el triángulo del fuego:

-Ha habido una energía de activación; es decir, de alguna manera esos fuegos artificiales se activaron una vez existe esa energía de activación, el fuego necesita combustible.

-El combustible, en los establecimientos de este tipo lo podemos encontrar en sillones, maderas, lacas, pinturas que pueda haber recientes y telas.

-En cuanto se detectan los primeros fuegos la gente empieza a salir, se abrieron puertas, se rompieron ventanas, y evidentemente produjo un aporte de oxígeno.

“Es decir, los tres elementos que inevitablemente se necesitan para que haya un incendio. Energía de activación, combustible y oxígeno. El triángulo del fuego. En el momento en que no existe uno de esos elementos, el fuego no se produce, que, en este caso, absolutamente rapidísimo, en muy pocos instantes”, subraya.

Agentes de policía se encuentran cerca del lugar donde se produjo un incendio en el bar y salón Le Constellation tras una explosión en las primeras horas de la Nochevieja, en Crans-Montana, Suiza, 01 de enero de 2026.
EFE/EPA/ALESSANDRO DELLA VALLE

“Por lo tanto, estamos hablando de un fuego con unas temperaturas, con unos ingredientes importantes y fue una desgracia que pudo haber sido muchísimo mayor”.

Enfatiza que “alguien tendrá que averiguar o confesar por qué tenía ahí fuegos artificiales y habrá que ver de qué forma se inicia, la salida del disparo de la explosión de esos fuegos de artífices artificiales que en demasiadas ocasiones la gente utiliza de forma festiva, pero de una manera absolutamente imprudente en un hecho absolutamente desgraciado; sin lugar a dudas, hay responsabilidad humana”.

“Por lo tanto, es lo que llamamos la materialización de un riesgo antrópico, es decir, un riesgo que se ha materializado por la mano del hombre, bien sea de forma accidental o bien sea de forma dolosa, en el sentido de que es ahora lo que tendrá que averiguar la policía del cantón suiza, que está investigando precisamente todo esto. Una desgracia, verdaderamente. Estamos hablando de decenas de muertos, decenas de heridos críticos, y parece sorprendente que, en un mundo civilizado, con conocimientos y demás, el ser humano pueda llegar a ser tan absolutamente imprudente, tan absolutamente nefasto para su propia seguridad”, concluye.

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