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Trump descoloca a la derecha radical del mundo

Trump descoloca a la derecha radical del mundo
Fotografía de archivo del presidente de EE.UU., Donald Trump. EFE/EPA/FRANCIS CHUNG / POOL

La extrema derecha europea no se ha alineado de forma unánime con la Casa Blanca. Le Pen y Orbán incluso critican la captura de Maduro

En mayor o menor medida, muchos de los líderes de la derecha radical han aplaudido la captura del dictador Nicolás Maduro hasta que el presidente estadunidense, Donald Trump, el verdadero protagonista del ataque contra Venezuela, ha dado un volantazo y ha dejado a los palmeros con la boca abierta y el aplauso congelado, después de anunciar su apoyo hacia la vicepresidenta bolivariana Delcy Rodríguez como figura central en el proceso de transición política del país, informó el diario La Razón.

La jugada del magnate ha descabalgado los cálculos políticos y económicos sobre los beneficios que la derecha radical iba a obtener con el advenimiento de la candidata impulsada por el Partido Popular español, la recientemente ganadora del premio Nobel de la Paz, María Corina Machado.

El megalómano de la Casa Blanca al que algunos líderes admiran les ha enseñado una vez más que donde hay capitán no manda marinero.

Captura de video tomada de una transmisión de la televisión estatal VTV que muestra La vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, jurando como mandataria encargada del país, en Caracas (Venezuela). EFE/ VTV 

El presidente Trump solo mira por sus intereses, que ahora se centran en evitar una posible guerra civil en Venezuela, la cual podría suceder si llegase a mandar tropas sobre el terreno para “dirigir el país y su petróleo”, como asegura que hará.

Un conflicto así equivaldría, como mínimo, a las invasiones de Irak o Afganistán solo que con la misma selva que Vietnam; los tres desastres que han marcado la cultura y la política de Estados Unidos desde 1960.

Por ello, su administración ha estimado que, de momento, la mejor opción es apostar por un títere local al que controlar primero y, luego, descartarlo si se alcanza un momento de transición pacífica, como la que han llevado a cabo otros países latinoamericanos.

Aunque, siempre, según un objetivo: Que el régimen venezolano, y sus futuras versiones, garantice el dominio de Estados Unidos sobre las reservas petrolíferas en el país, que son las más grandes del mundo.

Primer ministro húngaro, Viktor Orbán. EFE/EPA/ZOLTAN FISCHER

En ese objetivo, las aspiraciones ideológicas o económicas de líderes europeos no cuentan ni significan nada. Santiago Abascal y Alberto Núñez Feijóo (que no pertenece a la ultraderecha, pero sí a un partido con intereses derivados de Venezuela, tanto a nivel nacional como internacional), Viktor Orbán o Marie LePen (la francesa y el húngaro han sido los más cautos), entre otros, para Trump solo deben observar y callar.

Corina Machado solo contará si sirve para los intereses inmediatos de la Casa Blanca. Y, en estos momentos, una líderesa que actúa desde el exterior y que no está respaldada por alguno de los generales venezolanos con peso en la escala de mando y las armas que lo respalden, apoyarla es un plan destinado al fracaso.

En este sentido, la mayor bofetada ha sido para el ultraderechista argentino, Javier Milei.

La extrema derecha europea no se ha alineado de forma unánime con Trump. En algunos casos, como el de Marie Le Pen, incluso ha criticado la operación para secuestrar a un jefe de Estado porque esto atenta contra la soberanía nacional. La jefa del Rassemblement National siempre ha sido muy crítica con el régimen de Maduro, pero ha admitido que “no se puede apoyar un cambio impuesto por Estados Unidos”.

El presidente de Argentina, Javier Milei. EFE/ Luis Gandarillas POOL

La estrategia de la francesa, que no se ha decantado ni por Delcy ni por Corina Machado, es lógica puesto que gran parte de su narrativa se centra en la soberanía del Estado como “invulnerable y sagrada”. Esa es la lanza con la que ataca a los unionistas europeos de Bruselas.

La posición del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha sido muy similar. No se ha expresado en concreto sobre Delcy o Corina Machado, pero sí ha aprovechado los acontecimientos en Venezuela para criticar la acción estadunidense en términos más amplios, al describirla como una evidencia del “colapso del orden mundial liberal liderado por Washington”, según informó TASS.

Asimismo, su crítica subrayó, al igual que su homóloga gala, que “la intervención militar estadunidense socava la estabilidad global y la soberanía estatal”.

La reacción de los líderes españoles de Vox, Santiago Abascal, y el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijoó, así como el del presidente argentino, Javier Milei, han sido muy diferentes a la de sus homólogos europeos.

Los vítores tras el secuestro de Maduro se han convertido en una mueca de incomprensión porque Trump ha descartado en persona el apoyo hacia Corina Machado.

Fotografía de archivo de la líder opositora venezolana María Corina Machado. EFE/EPA/Stian Lysberg Solum Norway Out

Los mentideros de Washington aseguran que esto se debe a que la venezolana aceptó el Premio Nobel de la Paz que él creía que le correspondía. Si lo hubiera rechazado en su beneficio, ¿sería ahora presidenta de Venezuela? Nunca lo sabremos, pero dado el temperamento del magnate, nada es descartable.

Abascal celebró la caída de Maduro, aplaudió a Trump, en cuya maquinaria política ha participado en persona en Estados Unidos, y de cuya narrativa suele aprovecharse hasta que, como ha sucedido, ha evidenciado las contradicciones que generan su apoyo al magnate neoyorkino.

El español ha pedido que “se acabe con la resistencia de Delcy Rodríguez, cómplice de Sánchez”, según informó Telemadrid. Unas palabras que para Trump cuentan tanto como la hierba que pisa. Finalmente, a diferencia del líder del PP, Abascal no ha emitido un respaldo explícito a Machado.

El aplauso de los populares se ha visto truncado por la realidad. Feijóo ha acabado criticado la postura de Trump porque cree que cree que Machado es la única vía para una democracia real en Venezuela.

Asimismo, también piensa en los intereses económicos de España en Venezuela, sobre todo los de las empresas petrolíferas como Repsol, algo que seguro también preocupa al presidente del gobierno, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. EFE/EPA/OLIVIER MATTHYS

En ese sentido, el partido socialista y los populares también tienen un contencioso por la lucha del poder Estatal, dada la presunta relación con el régimen chavista del exministro de Fomento, José Luis Ábalos, y los acercamientos y diálogo con Maduro mantenidos recientemente por el expresidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

El mayor ridículo ha corrido a cargo de Javier Milei, quien celebró abiertamente y con su estilo histriónico el secuestro de Maduro.

Lo aplaudió por ser una victoria de la libertad frente a una dictadura, hasta que sus palabras se dieron con un canto en los dientes porque, si así fuera, Trump no hubiera respaldado a Rodríguez como figura elegida para la transición. Milei tenía la esperanza de que la caída de Maduro iba a desembocar en un liderazgo de ultraderecha muy similar al suyo, y, aunque no ha sido un valedor público de  Machado, esta representaba sus intereses políticos.

Los líderes de la derecha radical, sobre todo la latinoamericana y española, deberían haber notado que  Trump nunca ha pronunciado, desde la Casa Blanca o su palacio en Mar-a-Lago, la palabra “democracia”, o alguna versión de esta, al referirse a los objetivos y planes que tiene para el país de Simón Bolívar en el que, ni Delcy ni Corina, tienen las condiciones de convertirse en libertadoras.

Históricamente, como sucedió en Panamá, Afganistán e Irak y en tantos otros países, Washington emplea esa palabra para iniciar una agresión consensuada.

Ese no es el modus operandi del rey de Mar-a-Lago. Venezuela solo es un ejemplo más de los muchos que vendrán y que vienen a probar que para Trump solo existen dos cosas: Él mismo y, luego, Estados Unidos.

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