El régimen de los ayatolás abre la puerta al diálogo con Estados Unidos, pero advierte de que “está preparado para la guerra”
Acosado por el empuje de la calle después de dos semanas de manifestaciones, el régimen iraní se emplea en las últimas horas a fondo para tratar de superar el crítico trance actual. Después de casi cinco días de apagón de Internet y teléfono y empleo de la violencia para dispersar multitudinarias y desafiantes marchas de manifestantes tildados de terroristas, el régimen de los mulás sacaba este lunes a los suyos a las calles de Teherán y otras ciudades a fin de exhibir fortaleza y resiliencia, y aseveraba que la situación comienza a quedar bajo control, informó el diario La Razón.
Entretanto, se disparan las cifras de muertos, heridos y detenidos que ofrecen las distintas ONG que monitorean la situación sobre el terreno. Los balances oscilan entre los varios centenares y los millares de muertos y detenidos después de dos semanas de revuelta que iniciara un grupo de comerciantes del Gran Bazar de Teherán y que se ha convertido en una impugnación general de la teocracia islámica nacida en 1979.
Después de un fin de semana negro en las calles de Teherán y decenas de ciudades iraníes, miles de personas se movilizaron ayer en la capital iraní -y en otras localidades del país como Shahrud o Kerman- para mostrar su adhesión al Gobierno ante las protestas antigubernamentales.

Al frente de la marcha en Teherán se situaba, según pudo verse en la televisión estatal, el presidente Masud Pezeshkián, rostro amable y dialogante de la teocracia islámica, quien este fin de semana tendía la mano a los manifestantes al tiempo que se mostraba partidario de intervenir sin contemplaciones contra supuestos elementos terroristas al servicio de Estados Unidos e Israel.
Las marchas culminaron con un nuevo mensaje en redes del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, quien felicitó a los participantes: “Hoy ustedes han protagonizado un día histórico. Estas masivas concentraciones, fruto de su resolución, han frustrado los planes de nuestros enemigos exteriores, planes que habían de ejecutar mercenarios domésticos. Una advertencia a Estados Unidos”.
Por su parte, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, afirmaba en el curso de un encuentro con embajadores extranjeros que su país “no quiere guerra, pero está totalmente preparado para una” y apostaba por unas “negociaciones justas, con los mismos derechos y respeto mutuo” con Estados Unidos, según recogía la cadena de televisión pública iraní IRIB.

Pero a pesar de la retórica belicista y en vísperas del que se estima crucial encuentro que el propio Trump sostendrá con su equipo de colaboradores en materia de seguridad para valorar las distintas opciones de intervención en Irán -desde la negociación hasta los ataques sobre los sistemas de seguridad cibernéticos del Estado pasando por el bombardeo quirúrgico de infraestructuras militares o la eliminación de la cúpula política del régimen-, las autoridades iraníes revelaron que mantenían abierta una vía de comunicación con el enviado estadunidense para Oriente Medio Steve Witkoff horas después de que el propio inquilino de la Casa Blanca diera cuenta de los primeros contactos entre administraciones.
Hasta en tres ocasiones en la última semana Trump había advertido a Teherán que intervendrá si el régimen continuaba causando bajas entre los manifestantes. La última vez, este domingo, el mandatario estadounidense aseveraba que la teocracia islámica había cruzado su “línea roja”.
