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La crisis masculina de los 40 llega al cine ecuatoriano con humor y ternura

La crisis masculina de los 40 llega al cine ecuatoriano con humor y ternura
Fotografía que muestra al cineasta ecuatoriano Pablo Arturo Suárez durante una entrevista con EFE, en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome

Nosotros, mi papá y el perro, nueva película de Pablo Arturo Suárez, reflexiona sobre el envejecimiento y las relaciones familiares desde la comedia

La crisis de la mediana edad se transforma en carcajadas y reflexión en Nosotros, mi papá y el perro, la nueva película ecuatoriana que, desde una mirada masculina, explora el envejecimiento, las relaciones familiares y los choques generacionales. El largometraje, dirigido y producido por Pablo Arturo Suárez, se estrenará el próximo 5 de febrero, informó la agencia EFE.

Como un espejo de dinámicas poco abordadas en el cine, Suárez lleva a la gran pantalla una realidad de la que se habla poco, la crisis de la mediana edad en los hombres. Producida hace cinco años, la obra se adentra en las complejidades de las familias latinoamericanas a través de la convivencia entre un padre y sus dos hijos, uno que permaneció en el país para cuidarlo y otro que regresa tras una década viajando por Europa.

“Esta película está muy ligada a las dinámicas masculinas dentro de la familia”, explicó el director, al tiempo que destacó que los personajes femeninos tienen las cosas súper claras y ayudan a encaminar los conflictos, funcionando como contrapeso en una etapa vital marcada por la incertidumbre.

La comedia, sostenida sobre un trasfondo dramático, gira en torno a Sebastián, un hombre de 40 años que pierde su empleo y comienza a replantearse su vida.

Paralelamente, enfrenta un choque generacional con su hijo adolescente, a quien intenta inculcar el valor del estudio clásico, mientras el joven sueña con convertirse en ‘youtuber’ y vivir del mundo digital.

Pese a las tensiones, la película subraya que “al final hay más puntos de encuentro que de desencuentro”. A lo largo de la historia, una presencia invisible articula el relato: la madre fallecida, cuya ausencia se manifiesta en los diálogos, el duelo, los recuerdos y, de forma simbólica, en el perro que ella llevó al hogar.

“Es un perro adulto, en sus últimos días, que los acompaña, los observa y que, simbólicamente, habla del paso del tiempo”, señaló Suárez.

“No hay mejor manera de hablar de la vida que riéndose”, afirmó el director al referirse al humor negro que atraviesa el guion. Para Suárez, reírse de lo que ocurre en la vida permite “aligerar el camino” y abrir el debate sobre temas profundos como la familia y las crisis personales.

Premiada en festivales de Estados Unidos y Chile, la película ha conectado con públicos diversos por su temática universal, pero especialmente por su retrato de las dinámicas familiares latinas, el lenguaje, la convivencia bajo un mismo techo y los chistes propios de la idiosincrasia local.

Con excepción de algunas escenas rodadas en la provincia de Manabí, la historia transcurre en Quito, ciudad que combina su arquitectura colonial con barrios modernos y que se convierte en un personaje importante dentro del relato.

El elenco está integrado por actores ecuatorianos y una actriz rusa, en una producción financiada con recursos propios y patrocinio privado.

Suárez, de 39 años, creador de series y proyectos documentales y de ficción para televisión, estrena así su segundo largometraje una década después de “Tan distintos”, un recorrido que, según él, evidencia el viaje que es hacer cine en este país.

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