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Kim Jong Un amenaza con “destrucción total” de Corea del Sur

Kim Jong Un amenaza con “destrucción total” de Corea del Sur
Líder norcoreano Kim Jong Un . EFE/EPA/KCNA

El Reino Ermitaño ya no contempla al Sur como un “hermano descarriado”, sino como el “enemigo más hostil”

El IX Congreso del Partido del Trabajo de Corea bajó el telón este jueves con una demostración de poder calculada: El estatus nuclear no se regatea, se codifica.

En la plaza Kim Il Sung, bajo luces de parada, más de 14,000 efectivos formaron en bloques y cazas de la Fuerza Aérea Popular dibujaron rutas sobre Pyongyang. Kim Jong Un dio por terminada una semana de debates transmitiendo dos mensajes operativos, uno de disuasión total ante Seúl y otro de exigencia de reconocimiento implícito a Washington, informó el diario La Razón.

En la clausura, el secretario general sostuvo que sus fuerzas pueden “destruir por completo” a Corea del Sur si se toca su soberanía. La frase remata el giro del 2024, cuando el régimen retiró la reunificación pacífica de su catecismo y fijó al Sur como adversario permanente.

Esta vez endureció el corte al prometer dejar “para siempre” de ver a los surcoreanos como compatriotas y al calificar de “engañosas” las ofertas del presidente Lee Jae-myung, en el cargo desde junio. Con líneas directas desmanteladas y órganos conjuntos clausurados -tras la voladura de la oficina de enlace en el 2020- se evaporan amortiguadores en una península aún en armisticio desde 1953.

Bajo una puesta en escena milimétrica, el “querido camarada” Kim fue reelegido como secretario general, un trámite que la prensa oficialista calificó como la exaltación de la “mejor persona del mundo”. Sin embargo, tras la hipérbole doctrinaria se esconde una reestructuración profunda del poder y una amenaza balística que busca condicionar a sus contrincantes.El discurso de cierre del líder supremo marcó un punto de no retorno.

El Reino Ermitaño ya no contempla a Sur como un “hermano descarriado”, sino como el “enemigo más hostil”. Esta ruptura, que comenzó a fraguarse en 2024 con la eliminación de los monumentos a la reunificación, se ha formalizado ahora como doctrina de Estado. Kim declaró con frialdad que sus fuerzas armadas poseen la capacidad de “aniquilar por completo” al país vecino ante cualquier atisbo de agresión. La exigencia es absoluta: el Sur debe renunciar a toda aspiración territorial o política vinculada al Norte para evitar un enfrentamiento catastrófico. Esta agresividad responde a la necesidad de justificar el despliegue de un nuevo arsenal de sistemas tácticos nucleares -artillería atómica y misiles de corto alcance- orientados explícitamente contra objetivos civiles y militares en suelo surcoreano.

Mientras cerraba la puerta a Seúl, Kim dejaba una rendija abierta para la Casa Blanca, aunque bajo condiciones que desafían el orden internacional. El líder norcoreano sugirió que Pyongyang podría “llevarse bien” con Estados Unidos, siempre que Washington acepte su estatus irreversible como estado nuclear y abandone su “política hostil”.

Ese movimiento diplomático se produce en un contexto de intensa especulación. Los rumores sobre un posible acercamiento personalista, similar al ocurrido en el 2018, cobran fuerza ante la inminente visita oficial de Donald Trump a China a finales de marzo.

Pyongyang no busca negociar su desnuclearización -blindada en su Constitución-, aspira a que Occidente normalice su condición atómica a cambio de una estabilidad precaria. Para garantizar esa posición de fuerza, Kim ha ordenado acelerar la producción xe ojivas y el desarrollo de misiles balísticos intercontinentales lanzados desde submarinos, buscando una capacidad de respuesta que ningún escudo antimisiles pueda neutralizar.

El Cónclave no sólo ha sido un escaparate de armas, sino también de cuadros políticos. Con una rotación que ha afectado a más del 40% del Comité Central, el dictador ha rejuvenecido la estructura del partido para asegurar una lealtad incondicional. En ese esquema de poder, dos figuras femeninas han acaparado la atención de los analistas internacionales.

Por un lado, Kim Yo Jong, la poderosa hermana del líder, ha sido ascendida a jefa del Departamento de Propaganda. Anteriormente subdirectora, su promoción la consolida como la guardiana del relato oficial y la principal operadora en las relaciones exteriores. Su ascenso refuerza la estructura defensiva de una dinastía donde la sangre es el único aval de confianza.

Por otro, la presencia de la joven Kim Ju Ae en el desfile militar nocturno que cerró el congreso ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en un mensaje sucesorio. Acompañando a su padre mientras miles de soldados marchaban bajo los focos de la Plaza Kim Il-sung, la adolescente es presentada como el símbolo de la longevidad del programa nuclear.

Para la inteligencia surcoreana, se trata de una fase de “nombramiento informal”, preparando el terreno para que la cuarta generación del linaje Paektu herede un estado blindado por el átomo.

El cónclave marcó prioridades: acelerar el ensamblaje de ojivas, fortalecer vectores de alcance intercontinental y consolidar el lanzamiento desde submarinos para garantizar represalia sobreviviente. A la vez crece el inventario táctico -misiles de corto alcance y artillería guiada- pensado para blancos en el Sur, integrando lo nuclear en el combate convencional y bajando el umbral de empleo.

Pese a las sanciones, el país generaría material fisible para hasta 20 armas al año, según estimaciones divulgadas en enero por Seúl; otros cálculos sitúan el total en torno a 50–70 cabezas. Desde el colapso del ciclo diplomático, el Norte avanzó en combustible sólido, lanzadores móviles y satélites militares. Sumó misiles de crucero, drones de ataque, guerra electrónica y capacidades antisatélite. También explora inteligencia artificial para mando y control, buscando saturar sensores aliados.

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