El Pentágono y los expertos advierten desde el año pasado de los problemas para reponer la munición
“No tienen Armada, está noqueada. No tienen fuerzas aéreas, están noqueadas. No tienen sistemas de detección aérea, están noqueados. Todo ha sido noqueado”.
Así ha descrito Donald Trump la situación militar de Irán tras la operación militar de Estados Unidos que arrancó el pasado martes. “Su número de misiles se está hundiendo”, añadió, en relación a la principal amenaza de la República Islámica.
Por muy optimista que pueda ser el parte bélico del presidente de Estados Unidos, la superioridad del ejército de la primera potencia mundial frente a Irán es indiscutible.
Pero eso no evita algunas dudas que podrían definir el impacto, el alcance y la duración de la guerra: Un arsenal de munición que podría ser poco profundo para un conflicto como este centrado en los ataques aéreos. Y del que su duración todavía es incierta, con estimaciones que han cambiado desde el comienzo de la campaña militar: Desde dos a tres días hasta más de cuatro semanas, según las palabras del propio Trump.

Los reparos sobre el fondo de armario de defensas antiaéreas vienen de lejos y han aparecido en comparecencias públicas de altos cargos del ejército, en análisis de think tank bélicos y en las críticas de los demócratas, que han convertido al arsenal en una nueva línea de ataque contra Trump.
El multimillonario, por supuesto, ha respondido furibundo contra cualquier duda sobre la capacidad militar de su Ejército.
La guerra con Irán solo ha cumplido seis días, pero su intensidad es abrumadora. Solo hasta este martes, las fuerzas armadas de Estados Unidos habían golpeado a cerca de 2,000 objetivos iraníes, según los datos del Comando Central, que añadió que unos 50,000 soldados estadunidenses estaban participando en las operaciones y anunció “más capacidades” en camino.
El conflicto se ha extendido a una docena de países de Medio Oriente, en la mayoría de ellos por la presencia de bases estadunidenses.

Irán prometió represalias contra los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel, con especial ferocidad por la muerte en uno de ellos de su líder supremo, el ayatola Ali Jamenei. Todo eso se ha convertido en una lluvia de cientos de misiles y drones iraníes a los que las defensas de Estados Unidos tienen que responder.
No está claro qué arsenal dispone Irán, cuánto le queda y qué capacidad para utilizarlo tiene después de que Estados Unidos e Israel se adelantaran y golpearan primero, en medio de negociaciones diplomáticas.
En Estados Unidos algunos tienen claro que la capacidad para sostener una actividad aérea ofensiva y defensiva es limitada.
“Nuestras municiones están en niveles bajos”, criticó este martes el senador demócrata Mark Warner, dentro de sus muchas líneas de ataque contra la guerra decretada por Trump.

“No hay duda de que tanto nuestra inteligencia como testimonios públicos han indicado que hay escasez de interceptores que son vitales para los sistemas de defensa, los THAAD (las Terminales de Defensa Aérea de Gran Altitud, un sistema para la intercepción y destrucción de misiles) y otras municiones que son necesarias para la protección de activos estadounidenses”, añadió su compañero de bancada, Richard Blumenthal.
No es solo una crítica partidista. Las alarmas sobre la finura del arsenal estadunidense vienen desde hace meses. En mayo del año pasado, Mackenzie Eaglen, investigadora del American Enterprise Institute, un think tank de corte conservador, advertía de los problemas de munición de Estados Unidos, que habían quedado patentes tras la campaña de ataques contra un rival en principio menor, los hutíes en Yemen, y que el Pentágono había detallado al Congreso.
Era algo “muy, muy preocupante”, dijo el diputado republicano Tom Cole. “Necesitamos hacer todo lo posible para acelerar el reemplazo de municiones”.
Después llegó la primera campaña conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, el pasado junio. La llamada Guerra de los 12 Días tuvo un alcance más limitado que la actual. Pero entonces el almirante James Kilby reconoció ante el Congreso que el ejército estaba gastando interceptores de misiles y drones “a un ritmo alarmante”.

Poco después, dos analistas de la Fundación para la Defensa de las Democracias, Bradley Bowman y Ryan Brobst, advertían de que “el inventario de interceptores de THAAD es inaceptablemente bajo, lo que podría dejar a las fuerzas estadounidenses vulnerables en un futuro conflicto”.
Esa preocupación fue transmitida por la máxima autoridad del ejército, el jefe del Estado Mayor, Dan Caine, a Trump.
Fue en reuniones en la Casa Blanca pocos días antes de que el presidente tomara la decisión de ir adelante con los ataques. Según ‘The Washington Post’, Caine explicó que el arsenal de Estados Unidos estaba bajo por la cooperación en la defensa de Israel, por los envíos de armamento a Ucrania y por las operaciones en el Mar Rojo contra los hutíes.
Esa situación tiene la complicación adicional del uso abundante de drones por parte de Irán. La República Islámica ha desarrollado los drones Shahed, poco sofisticados, pero baratos y con capacidad para tener muy ocupadas las defensas estadunidenses. Hay estimaciones que apuntan a que interceptar un dron es cinco veces más caro que construirlo. Y las defensas de Estados Unidos no son infinitas y no se reabastecen con rapidez.

“Uno de los desafíos es que se pueden agotar pronto”, reconoció Kelly Griego, del think tank Stimson Center a The Wall Street Journal sobre las municiones de Estados Unidos “Las estamos usando más rápido de lo que las podemos reponer”, advirtió en un artículo que molestó en especial a Trump, en el que planteaba que Estados Unidos tiene que darse prisa en conseguir sus objetivos en Irán antes de que se acabe la munición.
Trump está combatiendo estos análisis con una intención evidente de no mostrar ninguna grieta en la fortaleza de su ejército. “Los arsenales de munición de Estados Unidos, en sus niveles medio y medio-alto, nunca han estado más llenos ni han sido mejores”, aseguró en un mensaje en su red social.
“Como me han dicho hoy, tenemos un suministro virtualmente ilimitado”, añadió. Pero reconoció alguna debilidad, quizá en una referencia a los mejores sistemas defensivos, como los Patriots y los THAAD: “En el nivel más alto, tenemos buenas provisiones, pero no están donde deberían. Mucho armamento adicional del más alto grado está almacenado para nosotros en otros países”, aseguró.
Algunos ven los problemas de la escasez de armamento más allá del teatro de Medio Oriente: Ofrece dudas sobre cómo afrontar eventuales crisis contra rivales militares de mayor entidad, desde Rusia en el este de Europa, a China. El gigante asiático está desarrollando un gran arsenal de drones y su ambición por Taiwán está en el horizonte.
