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Apoderarse del uranio enriquecido iraní, llevaría a EE UU a enviar tropas sobre el terreno

Apoderarse del uranio enriquecido iraní, llevaría a EE UU a enviar tropas sobre el terreno

Funcionarios de Estados Unidos y expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica creen que parte del uranio altamente enriquecido de Irán sigue intacto pese a los bombardeos

En algún lugar de las montañas de Irán hay un depósito oculto que amenaza con definir el futuro de la guerra de Estados Unidos contra el régimen teocrático: Entre 18 y 20 contenedores parecidos a tubos de buceo, cada uno con hasta 55 libras de uranio altamente enriquecido, el principal material para fabricar un arma nuclear, informó este domingo el diario La Nación, citando The New York Times.

Irán dedicó décadas y miles de millones de dólares a acumular ese material, lo que llevó tanto a presidentes demócratas como republicanos a insistir en que Estados Unidos haría lo que fuera necesario para impedir que el país obtuviera la bomba.

El programa nuclear iraní ha quedado severamente dañado por los ataques aéreos encabezados por Estados Unidos en los últimos nueve meses. Sin embargo, funcionarios estadunidenses y expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica creen que el uranio sobrevivió.

Si el presidente Trump termina la guerra sin tomar el control de esos contenedores, es casi seguro que Irán acelerará su camino hacia la obtención de un arma nuclear. Intentar apoderarse de ellos, en cambio, implicaría un riesgo enorme y el despliegue inevitable de fuerzas terrestres estadunidenses o israelíes.

“Tienen que ocuparse de eso”, dijo David Albright, una autoridad entre los analistas del programa nuclear iraní y fundador del centro de estudios Institute for Science and International Security. Ese stock, sostuvo, le da a quien emerja en el poder después de la guerra “una capacidad residual para fabricar armas nucleares”.

Eso deja pocas buenas opciones frente a un problema de extrema urgencia. Estados Unidos e Israel podrían enviar equipos de fuerzas especiales, acompañados por expertos nucleares, con la esperanza de encontrar, asegurar y retirar o destruir los contenedores, quizá con ayuda de insurgentes locales.

La otra vía es diplomática. Semanas de bombardeos podrían obligar a Irán a entregar su uranio enriquecido y otros elementos de su programa nuclear.

Estados Unidos e Israel creen que la mayor parte del uranio altamente enriquecido se encuentra en un complejo de túneles en las afueras de la ciudad de Isfahán, que no fue blanco de grandes bombardeos.

La guerra de Trump contra Irán desencadenó el momento nuclear más trascendente en Medio Oriente en una generación. No es exagerado decir que el futuro de la región bien puede depender de que Estados Unidos, después de haber provocado esta crisis, logre encontrar y asegurar ese depósito.

El representante Bill Foster, demócrata por Illinois, que el martes participó de una sesión informativa clasificada con funcionarios de la administración, dijo que Irán “no necesita enriquecer más para producir un arma nuclear utilizable. Es cierto que lo que tienen no puede ser lanzado en un misil, pero lamentablemente existen distintas formas de entregar un arma así”.

Poco después del ataque de Trump en junio, Irán expulsó del país a los inspectores del OIEA y el director del organismo, Rafael Grossi, dijo que ya no puede afirmar con certeza dónde está el uranio enriquecido.

Foster dijo, después de la sesión informativa clasificada del martes, que la administración no respondió si tenía una estrategia para lidiar con este problema cuando inició la guerra. “No escuchamos ningún plan de la administración para apoderarse de él, destruirlo o someterlo a inspección internacional”, dijo a The Times.

Estados Unidos e Israel tienen capacidad para asegurar los materiales nucleares iraníes; este es uno de los escenarios en los que podría haber tropas sobre el terreno. Unidades comando de élite de las fuerzas especiales estadounidenses se entrenan para realizar operaciones de alto riesgo destinadas a detectar, capturar y neutralizar amenazas químicas, biológicas, radiológicas o nucleares.

Estados Unidos cuenta además con un sistema llamado Mobile Uranium Facility, que permite a científicos estadounidenses caracterizar, estabilizar y embalar uranio con rapidez.

Está compuesto por varios contenedores de carga que pueden ser subidos a aviones militares y enviados a cualquier parte del mundo desde su actual ubicación en el Laboratorio Nacional Oak Ridge, en Tennessee.

Después de la caída de la Unión Soviética, Estados Unidos diseñó un programa de desarme que se extendió por 15 Estados soberanos y abarcó 30,000 armas nucleares y unas 40,000 toneladas estimadas de armas químicas. La lección de aquella experiencia fue que asegurar el material nuclear era apenas el comienzo.

El principal obstáculo para una salida en tiempos de paz -más allá de que Estados Unidos e Israel siguen atacando a Irán sin pausa- es el propio régimen iraní.

Trump lanzó la guerra mientras mantenía negociaciones con Teherán sobre su programa nuclear. Eso hace que sea difícil reanudar conversaciones basadas en la confianza. Y después de años de diplomacia intermitente y ataques militares de enorme magnitud, es posible que los líderes iraníes hayan concluido que la única garantía real para mantenerse en el poder es adquirir un arma nuclear lo antes posible.

Hay, por supuesto, una tercera posibilidad. Que la guerra termine con las capacidades nucleares de Irán intactas. Ese resultado luce actualmente aún menos aceptable que en las últimas décadas, durante las cuales un presidente estadunidense tras otro juró impedirlo. El historial del régimen de atacar a Estados Unidos y a sus aliados en todo el mundo solo empeoraría con la protección que le daría un arsenal nuclear.

En una guerra llena de interrogantes abiertos, el destino de los contenedores iraníes de uranio es un factor brutalmente concreto para determinar qué traerá el futuro.

La cuestión nuclear probablemente sea la más decisiva de todas, sea cual sea la forma en que se resuelva. Y quizá esa sea la faceta más temeraria del ataque de Trump contra Irán: Haber forzado una resolución final del problema nuclear iraní sin un camino claro hacia el éxito.

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