El Líbano, atrapado entre los intereses de Irán y los de Estados Unidos, ya temía una nueva ofensiva desde hacía tiempo
El Líbano cumple este lunes una semana bajo una devastadora campaña de bombardeos israelíes, la segunda en apenas 15 meses y que ha puesto al gobierno libanés en contra del grupo chií Hezbulá por haber lanzado motu propio el ataque que provocó el estallido del nuevo conflicto, informó la agencia EFE.
En sus primeros siete días, la ofensiva aérea deja ya más de 400 muertos, 1,100 heridos, medio millón de desplazados registrados con las autoridades libanesas y más destrucción en un país que aún esperaba fondos internacionales para abordar la reconstrucción tras la guerra anterior.
El conflicto del 2023 y el 2024 en el Líbano comenzó después de que Hezbulá lanzara un primer ataque simbólico contra el norte de Israel en apoyo a Gaza, al día siguiente del inicio de la guerra en el enclave palestino, y tardó alrededor de un año en escalar de choques crecientes a guerra abierta.

Esa vez, estalló a raíz de un ataque también mayormente simbólico en apoyo a su aliado Teherán, dos días después del inicio de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán. La respuesta contra el Líbano llegó de forma casi inmediata.
Más de allá de su rivalidad con Israel, el nexo de unión entre la formación libanesa (chií) y el movimiento islamista palestino Hamás (suní) también era Teherán, líder de una suerte de alianza informal que les incluye a ambos junto a milicias iraquíes o los rebeldes hutíes del Yemen.
Tras el último conflicto, Hezbulá cesó su actividad armada en la franja fronteriza con Israel en cumplimiento con el acuerdo de alto el fuego y el gobierno libanés, bajo presión estadunidense, encargó al ejército que pusiera en práctica un plan para desarmar al movimiento chií en todo el país.
Como en el 2024, la nueva campaña de bombardeos israelíes se concentra sobre todo en las zonas de influencia de Hezbulá: el sur y el este del país, y los suburbios meridionales de Beirut.

Allí, Israel había seguido atacando presuntos objetivos del grupo a lo largo de los 15 meses que duró el cese de hostilidades, otra de las razones citadas por Hezbulá para su ataque de hace una semana.
Por su parte, el movimiento libanés no había disparado un solo proyectil desde el alto el fuego y ahora lanza algunos ataques diarios de alcance limitado, sin que esté claro si habría vuelto a tomar posiciones en la franja fronteriza de donde se había retirado en el último año.
Las armas utilizadas por la formación son sobre todo de corto alcance, mientras que ellos mismos informaron de al menos un enfrentamiento directo entre los dos bandos en el sur del país. El Estado judío anunció que se ha establecido en algunos puntos libaneses cerca de la divisoria, de donde a su vez se ha replegado el ejército libanés.
El Líbano, atrapado entre los intereses de Irán y los de Estados Unidos, ya temía una nueva ofensiva desde hacía tiempo, consciente de que la lentitud del desarme estaba impacientando a Israel y de que Hezbulá solo era una pieza más a mover en las negociaciones sobre el programa nuclear iraní.
