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Europa urge a la “desescalada y la máxima contención” en Medio Oriente

Europa urge a la “desescalada y la máxima contención” en Medio Oriente
Imagen de archivo de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. EFE/EPA/RONALD WITTEK

Los Veintisiete expresan su disposición a proteger el Estrecho de Ormuz “cuando se cumplan las condiciones”

Lo que inicialmente se concebía como una cumbre técnica para impulsar la economía europea terminó transformándose en un ejercicio de gestión de crisis múltiples. Este jueves, los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron en Bruselas en un encuentro del Consejo Europeo que, en apenas unas semanas, pasó de estar centrada en la competitividad económica a quedar absorbida por la presión geopolítica, informaros medios de prensa internacional.

Dos conflictos abiertos -la guerra en Ucrania y la escalada en Medio Oriente-, junto con una creciente tensión en las relaciones transatlánticas, dominaron la agenda que evidenció, una vez más, la dificultad del bloque para avanzar en reformas estructurales en un contexto internacional cada vez más inestable. En la práctica, la cumbre se articuló en torno a tres grandes ejes: La energía ligada a la competitividad, el apoyo financiero a Kiev y la respuesta diplomática a la crisis en Medio Oriente.

El elemento más urgente de presión fue la situación en el Golfo Pérsico. La escalada militar y los ataques en torno a Irán, junto con los riesgos para el tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz, provocaron en los últimos días un repunte de los precios del petróleo que situó la cuestión energética en el centro del debate.

Los líderes se enfrentaron así a un dilema ya conocido: Cómo contener el impacto económico inmediato sin comprometer los objetivos climáticos a largo plazo ni aumentar la dependencia externa de combustibles fósiles.

En ese contexto, resurgieron divisiones profundas sobre el funcionamiento del mercado energético europeo. El Sistema de Comercio de Emisiones (ETS), uno de los pilares de la política climática de la Unión, se convirtió en el principal punto de fricción.

Un grupo de países, encabezado por el primer ministro polaco, Donald Tusk, defendió la necesidad de reformarlo para aliviar la presión sobre los precios de la electricidad. Su homóloga italiana, Giorgia Meloni, fue incluso más allá al plantear su suspensión temporal para amortiguar el impacto del cierre de Ormuz.

Frente a ellos, una coalición de Estados liderados por España y Países Bajos advirtió del riesgo de debilitar la transición verde. En ese bando, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ya había expresado la importancia de ese mecanismo, al que atribuyó un papel clave en la reducción de emisiones industriales durante las últimas décadas, subrayando la necesidad de “preservar sus logros” pese al riesgo de inflación.

El anfitrión del evento y presidente del Consejo Europeo, António Costa, animó a los líderes a optar por la transición energética para reducir su vulnerabilidad ante futuras crisis.

El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. EFE/ Carlos Ortega

La dimensión energética se relacionó directamente con la seguridad marítima. Los líderes de la UE finalizaron las conversaciones sobre Medio Oriente sin alcanzar un acuerdo sobre la protección del estrecho de Ormuz, incluso bajo las presiones del presidente estadunidense, Donald Trump, para que Europa ayudara a salvaguardar esta vía estratégica.

Aunque no se preveía ninguna decisión firme -ya que los ministros de Asuntos Exteriores acordaron el lunes pasado no prorrogar el mandato de la operación Aspides-, el debate puso de manifiesto la falta de una estrategia común.

En su lugar, los Veintisiete optaron por reforzar las misiones ya en marcha con más recursos, manteniendo un enfoque centrado en la desescalada y el respeto al derecho internacional ante la falta de iniciativas diplomáticas claras.

En el apartado económico, los líderes abordaron un abanico de medidas para contener el encarecimiento energético. Entre las opciones discutidas estaban la posibilidad de reintroducir un tope al gas -siguiendo el precedente de la crisis de Ucrania-, la reducción de cargas fiscales en las facturas eléctricas o la activación de ayudas públicas para aliviar el coste a hogares y empresas.

Von der Leyen instó a los Estados miembros a actuar con rapidez, especialmente mediante la rebaja de impuestos nacionales, con el objetivo de amortiguar el golpe inmediato de los precios antes de que afecte a la producción industrial.

La cumbre concluyó dejando una sensación de impasse. En un contexto condicionado por la inestabilidad de los mercados y las consecuencias de la escalada en Oriente Medio, la reunión de líderes europeos puso de relieve la encrucijada entre la urgencia de actuar para proteger el bolsillo de los ciudadanos y la dificultad de definir soluciones compartidas que no pongan en peligro el mercado único ni la agenda climática de la Unión.

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