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Pentágono sopesa enviar la 82ª división aerotransportada si Irán no baja los brazos

Pentágono sopesa enviar la 82ª división aerotransportada si Irán no baja los brazos

El objetivo sería tomar el control de la estratégica isla de Jarg con fuerzas de élite como la 31ª Unidad Expedicionaria de Marines, que navega ya desde Japón al Golfo Pérsico

De nuevo el dilema al que se enfrentan todos los presidentes de Estados Unidos en cualquiera de sus guerras en Oriente: ¿Enviar o no enviar soldados de tierra? La campaña de bombardeos sobre los jerarcas iraníes y contra instalaciones de misiles no ha provocado un cambio de régimen ni la rendición incondicional de los ayatolas, lo que ha llevado a Donald Trump a considerar una fase de operaciones terrestres sobre Teherán, informó el diario La Razón.

El jefe del régimen israelí, Benjamin Netanyahu, lo expresó abiertamente en su última comparecencia: no se ganan las revoluciones con bombardeos desde el aire.

Sin embargo, Irán es diferente. Su inhóspita geografía rodeada de montañas, su extensión territorial cuatro veces superior a la de Irak, y el fuerte nacionalismo de raíces milenarias que impregna a la sociedad iraní son obstáculos que no favorecen la opción terrestre.

Ese nacionalismo no es únicamente un sentimiento popular sino que está institucionalizado en la doctrina militar iraní, que contempla precisamente ese escenario diseñado para convertir un posible avance enemigo en un atolladero.

Como advierte el profesor Arshin Adib-Moghaddam, “Irán no es Irak: Su estructura política, su geografía y su cultura estratégica hacen extremadamente costosa cualquier intervención terrestre extranjera”.

Pese a todo, el Pentágono está analizando ese escenario. Según publica el New York Times, altos mandos militares sopesan el posible despliegue de una brigada de combate de la 82ª División Aerotransportada del Ejército para apoyar las operaciones militares en Irán. Ni el Pentágono ni el Comando Central de Estados Unidos han dado ninguna orden al respecto hasta ahora.

Las tropas de combate que podrían ser enviadas forman parte de la conocida como Fuerza de Respuesta Inmediata de la 82ª División Aerotransportada, una brigada de élite establecida en Fort Liberty (antiguo Fort Bragg) compuesta por unos 3.000 soldados capaces de desplegarse en cualquier parte del mundo en 18 horas.

Esas fuerzas podrían utilizarse para tomar la isla Jarg, el principal centro de exportación de petróleo de Irán.

La ventaja de enviar las tropas de la Immediate Response Force (IRF) para la toma de la isla de Jarg o para encontrar los 400 kilogramos de urania altamente enriquecido (clave para fabricar varias armas nucleares) es que pueden llegar de un día para otro y lanzarse desde el aire en paracaídas.

La desventaja -dicen los expertos- es que no llevan equipo pesado, como vehículos blindados, para protegerse en caso de un contraataque de las fuerzas iraníes.

Este desequilibrio entre velocidad y protección no es menor, advierten observadores militares. En Panamá en 1989 o en Granada en 1983, la 82ª División se fajó contra ejércitos con capacidades limitadas.

Irán, en cambio, cuenta con sistemas rusos de defensa antiaérea, drones de largo alcance (Shaed) y milicias (Basij) entrenadas para el combate urbano. Por tanto, un despliegue aerotransportado en puntos cercanos a Irán expondría a esos 3,000 soldados estadunidenses a un fuego de represalia para el que no estarían equipados, como sugiere en un análisis del Arab Center Washington DC Thomas Bonnie James, profesor de la Universidad de Aberdeen, Qatar.

Una alternativa -o complemento- a la 82ª División Aerotransportada es la 31ª Unidad Expedicionaria de Marines, que se dirige a la región desde el Pacífico (Okinawa, Japón), en tres buques de la Armada estadunidense.

Uno de ellos es el USS Tripoli, un tipo de barco que permite lanzar desembarcos anfibios y ejecutar operaciones aéreas además de garantizar la seguridad del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. La isla de Jarg resulta clave para la economía iraní ya que desde sus terminales se exporta casi el 90% de su producción petrolera. Por tanto, el control de ese pequeño territorio en medio del Golfo Pérsico supondría la asfixia financiera inmediata del régimen.

El envío de estas primeras unidades podría desembocar en una operación mucho más ambiciosa, arrastrando a Estados Unidos a una guerra de enormes dimensiones como las que libró en el pasado en Irak.

Brandan P. Buckse escribe un artículo en el Instituto Caro en el que asegura que se requerirían entre 600,000 y 1.6 millones de soldados para desbaratar la “estrategia mosaico” (descentralizar su fuerza militar en pequeñas unidades para resistir y desgastar al enemigo), una especie de guerra de guerrillas del Ejército y la Guardia Revolucionaria.

“Sería un infierno para Estados Unidos”, asegura Buckse, quien tilda ese posible escenario de invasión como “la madre de todos los atolladeros”.

Las lecciones de Irak y Afganistán pesan demasiado. En ambos casos, Washington cosechó una victoria militar en pocas semanas, pero fracasó durante años en la fase de estabilización. En esa línea, el académico Arshin Adib-Moghaddam advierte de que “una invasión de Irán podría desencadenar un conflicto regional prolongado y difícil de contener, con consecuencias imprevisibles”.

Actualmente se estima que el Pentágono mantiene unos 50,000 soldados estadunidenses desplegados en la región, incluyendo las tropas permanentes estacionadas en bases militares de Qatar, Kuwait y Baréin, que han sido reforzadas en las últimas semanas con la llegada de miles de efectivos.

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