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Desconcierto y tensiones sectarias tras ataque mortal en bastión cristiano de Beirut

Desconcierto y tensiones sectarias tras ataque mortal en bastión cristiano de Beirut
EFE WAEL HAMZEH

La ofensiva israelí alcanza zonas cristianas y reaviva el temor a la infiltración de miembros de Hezbolá o la Guardia Revolucionaria iraní

Cuando terminaba el Domingo de Pascua, y con él horas de esperanza ligadas a una fe que sigue confiando en la resurrección de su país, una inesperada y luctuosa noticia sacudía a los cristianos libaneses -de haber sido mayoría en el momento de la independencia, en su conjunto las distintas comunidades cristianas apenas superan actualmente el 30% de la población del país- para actuar de recordatorio de la crudeza de la guerra, informó el diario La Razón.

Era la primera vez que las fuerzas israelíes golpeaban en Ain Saadé, un apacible suburbio beirutí de mayoría maronita -l, más de ocho siglos de lealtad a Roma- desde que comenzara la última guerra entre Israel e Hezbolá en el 2024, y su reanudación hace más de seis semanas.

El obús lanzado por la aviación israelí acababa, para más sorpresa y fatalidad aún, con la vida de la delegación de las Fuerzas Libanesas, la principal formación cristiana del país, Pierre Moawad, y su esposa Flavia en la localidad de Yahchouche (Kesruán), en el corazón del Maronistán, bastión de la comunidad católica libanesa en la demarcación de Monte Líbano.

No era la primera vez que un católico maronita pierde la vida en la guerra que iniciara en suelo libanés la milicia proiraní con el lanzamiento de proyectiles hacia el norte de Israel en la noche del 1 de marzo, pero el único precedente se produjo el pasado 8 de marzo, cuando un obús israelí acababa con la vida del padre Pierre el Rahi, el párroco de Olayaa, un pequeño municipio cristiano situado a cinco kilómetros de la frontera.

EFE/EPA/HAITHAM IMAD

La infiltración en el municipio de un objetivo de la milicia entre los miembros de una familia chií acabó con la vida del religioso, que había acudido a ayudar a los heridos en un bombardeo anterior al que terminó con la suya.

Pero Ain Saadé no está situado en primera línea del frente, como la asediada Qlayaa. La pregunta, inevitable, que los vecinos del suburbio situado al este de Beirut, se hacían en la noche del Domingo de Resurrección era ¿por qué aquí?

Sin embargo, la experiencia de la guerra que comenzaran las fuerzas del Tsahal en el otoño del 2024 con el objetivo de neutralizar definitivamente a Hezbolá en sus bastiones del sur del país y en la periferia de la capital como habían hecho antes en Gaza con Hamás convierte la pregunta en un interrogante retórico.

Los cristianos, como drusos y suníes, saben que, salvo error, los ataques israelíes en sus distritos tienen como objetivo miembros de Hizbulá escondidos fuera de sus feudos tradicionales.

El corolario del proceder de las fuerzas israelíes en una guerra de drones y obuses lanzados desde el cielo con la ayuda de la inteligencia y la tecnología más sofisticada del mundo es el miedo de cristianos, musulmanes suníes y drusos hacia la comunidad chií, grupo religioso que constituye la base popular de la milicia proiraní, convertida en un Estado dentro del Estado desde hace cuatro décadas, y el rechazo cada vez mayor a un grupo que no duda en poner en peligro a la población civil al esconder a sus miembros en zonas urbanas del resto de comunidades.

Lo cierto es que la gran mayoría de los 1.2 millones de personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares como resultado de las órdenes de evacuación y los ataques de las Fuerzas de Defensa israelíes en el área comprendida entre el río Litani y la frontera con Israel y en el populoso suburbio del sur de Beirut, el Dahiyeh, son chiíes.

Desde hace cinco semanas buscan techo donde pueden y les dejan, y entre esas miles de familias se esconden objetivos militares de Israel.

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