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La crisis con Irán abre un nuevo frente interno en EE UU contra Trump

La crisis con Irán abre un nuevo frente interno en EE UU contra Trump

El tono belicista de la Administración, sumado a la falta de consenso en las acciones militares, ha hecho crecer el descontento incluso entre el sector conservador

La tensión política en Estados Unidos ha alcanzado un nuevo punto crítico en el segundo mandato de Donald Trump. Sus recientes declaraciones sobre Irán —en las que advirtió que “toda una civilización podría morir”— han provocado una reacción inmediata en el Congreso, donde cada vez más demócratas plantean abiertamente su destitución mediante el impeachment (juicio político) o la activación de la Enmienda número 25 de la Constitución del país, informaron medios de prensa internacional.

Lo que hace meses era impensable se ha convertido en un debate abierto. Más de 50 congresistas demócratas, junto a varios senadores, han pedido su salida, en una escalada que refleja la creciente inquietud por el rumbo de la política exterior estadounidense y el tono del presidente. El detonante fue un mensaje publicado por Trump en su red social, en medio de la escalada con Irán justo antes de advertir que daba dos semanas más para alcanzar un acuerdo. A ello se suman sus decisiones militares en Venezuela y Oriente Medio, que han intensificado la presión política en Washington.

Entre las primeras reacciones destacó la congresista Yassamin Ansari, quien advirtió que “el destino de las tropas estadounidenses, del pueblo iraní y del sistema internacional está en juego”. La representante Ilhan Omar fue más directa: “Invocar la Enmienda 25. Impeachment. Remover. Este presidente debe ser apartado del cargo”.

A estas voces se sumaron figuras como Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib y el senador Ed Markey, que coinciden en que el presidente ha cruzado una línea peligrosa, tanto en su retórica como en sus decisiones estratégicas.

El debate gira en torno a dos vías constitucionales. Por un lado, el impeachment, que requiere mayoría en la Cámara de Representantes y dos tercios del Senado para la destitución.

Por otro, la Enmienda 25, que permitiría al vicepresidente y a la mayoría del gabinete declarar al presidente incapaz de ejercer sus funciones, una medida nunca utilizada para una remoción permanente.

Sin embargo, la controversia no se limita al Partido Demócrata. De forma inusual, voces influyentes del propio campo conservador han comenzado a cuestionar la estrategia de Trump respecto a Irán. Entre ellas figura la republicana Marjorie Taylor Greene, quien ha sugerido que el gabinete debería considerar la Enmienda 25, reflejando fisuras dentro del movimiento que sostiene al presidente.

Este distanciamiento se produce en un contexto más amplio: el giro de Trump respecto a su promesa electoral de evitar nuevas guerras. Su implicación en conflictos internacionales ha generado tensiones entre sus propios aliados, que ven en estas decisiones una contradicción con el discurso que impulsó su regreso al poder. Mientras tanto, el Congreso mantiene una posición ambigua. No ha autorizado formalmente la guerra ni ha aprobado los fondos necesarios para sostenerla, pero tampoco ha logrado frenarla. Esta parálisis institucional agrava la incertidumbre en un momento de creciente volatilidad internacional.

Fuentes del Capitolio señalan que legisladores demócratas están coordinando posibles acciones, desde forzar una votación de impeachment hasta enviar una carta al gabinete para instar la activación de la Enmienda 25. La clave, sin embargo, sigue siendo política: sin apoyo republicano, cualquier intento de destitución enfrenta enormes obstáculos.

Aun así, el hecho de que estas opciones se discutan abiertamente marca un punto de inflexión. La presión sobre Trump ya no proviene únicamente de la oposición, sino también de sectores que hasta ahora habían sido pilares de su base.

El escenario abre interrogantes sobre la capacidad de las instituciones estadounidenses para responder ante decisiones presidenciales en contextos de alta tensión internacional. También plantea dudas sobre la cohesión del propio Partido Republicano y su disposición a respaldar al presidente sin matices.

Por ahora, la destitución sigue siendo improbable a corto plazo. Pero el debate ya está instalado en el centro de la política estadounidense, reflejando una crisis que va más allá de un episodio puntual y que pone a prueba los equilibrios del sistema democrático del país.

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