Las autoridades pakistaníes confían en que el encuentro sirva para establecer una base sólida de diálogo entre Washington y el régimen de los ayatolas
En medio de un importante dispositivo de seguridad, Islamabad será mañana el centro de la atención mundial al acoger el primero de los encuentros directos entre representantes de Irán y EE UU tres días después de la entrada en vigor de la tregua tras un acuerdo ‘in extremis’ alcanzado en la noche del martes, informó el diario La Razón.
El régimen de los ayatolás llega a la cita auspiciada por Pakistán con un documento de diez puntos con el que espera lograr un cese definitivo de las hostilidades después de haber amenazado en las últimas horas con no comparecer y volver a las andadas si Tel Aviv continúa atacando en Líbano.
Las discrepancias entre los dos países son profundas. El borrador con el que la delegación iraní se presenta en Islamabad incluye la exigencia de enriquecer uranio para usos civiles, algo que Washington había descartado previamente y que Trump ha insistido en que no es negociable.
Teherán no asume la reducción de sus capacidades misilísticas, como Israel y Estados Unidos exigen.
Además, Irán exige el levantamiento total e inmediato de todas las sanciones económicas y EE UU solo propone un alivio gradual y condicionado a la verificación del desmantelamiento de capacidades militares nucleares.
Si Israel no ha dejado en ningún momento de atacar a Hezbolá en Líbano -no en vano el miércoles se registró la ofensiva más dura que se recuerda en el país de los cedros, con más de 250 muertos y más de un millar de heridos en un día-, como respuesta, Irán sigue sin permitir el tránsito normal de buques por aguas del estrecho de Ormuz -por sus 34 kilómetros transcurre aproximadamente el 20% del crudo mundial-, que es desde el principio de la contienda uno de los puntos más calientes del conflicto.
Cuando faltaban apenas unas horas para la expiración del ultimátum, el presidente estadunidense, Donald Trump, amenazó el martes con la “muerte de una civilización entera” si el régimen de los mulás no reabría el estrecho.
El otro punto de máxima discrepancia es Líbano. A pesar de que el acuerdo inicial contemplaba el fin de las hostilidades contra Irán y sus aliados en la región, el régimen de Benjamin Netanyahu no se dio por aludido. Además, las fuerzas israelíes ocupan numerosas posiciones en el sur del país levantino, donde sus hombres se enfrentan sobre el terreno con la más poderosa de las milicias leales a Teherán en todo Oriente Medio.
El miércoles, la Casa Blanca respaldaba a Tel Aviv en su exclusión de Líbano, e Irán amenazaba con volver a emplear la fuerza si su fuerza más mimada en la región no deja de ser atacada. Pakistán viene insistiendo desde el miércoles en que el acuerdo incluye a Líbano. Además, la propia Administración Trump ha presionado en las últimas horas para que Beirut forme parte de las discusiones paralelas, horas después de que las autoridades israelíes anunciaran el inicio de contactos directos con el Gobierno libanés a comienzos de la semana que viene.
Listo antes de tomar su avión desde la base Andrews de Maryland rumbo a la capital pakistaní, el representante estadounidense en la cita de Islamabad, el vicepresidente estadounidense JD Vance aseguraba ayer antes que “si los iraníes están dispuestos a negociar de buena fe, tenemos la voluntad cierta de mantener la mando tendida”. “Si van a jugar con nosotros, entonces se encontrarán con un equipo negociador no tan receptivo”, advertía. Además de JD Vance, la delegación estadounidense estará integrada por el enviado presidencial para Oriente Medio Steve
Witkoff y el yerno del mandatario y asesor Jared Kushner.
Por su parte, la República Islámica no había confirmado al cierre de esta edición las identidades de sus representantes en la cita del sábado en Islamabad, aunque se espera que el ministro de Exteriores Abbas Araqchi y el presidente del Parlamento Mohammad Bagher Ghalibaf lideren la delegación de su país.
En vísperas de la cita, el portavoz de la Cancillería iraní, Esmaeil Baqaei, insistía en que “la celebración de negociaciones para poner fin a la guerra depende de que Estados Unidos cumpla sus compromisos de alto el fuego en todos los frentes, especialmente en Líbano”.
La unidad de élite de las fuerzas iraníes es el auténtico poder desde el inicio de la contienda- manifestaba su compromiso con el proceso de negociaciones: “Nos gustaría informarles de que las fuerzas armadas de la República Islámica de Irán no han lanzado nada contra ningún país durante las horas de alto el fuego hasta ahora”. También el citado presidente del Parlamento vinculaba ayer la presencia de su país en Islamabad “al alto el fuego en Líbano y a la liberación de los activos iraníes bloqueados antes del inicio de las negociaciones”.
Entretanto, las autoridades pakistaníes -que vienen trabajando como mediadoras desde el inicio de la ofensiva israelo-estadounidense en Irán- confían en que el encuentro en Islamabad sirva para establecer una base sólida de diálogo entre Washington y el régimen de los ayatolás en lo que se antoja un largo camino hacia la paz. El país centroasiático presume de fraternales lazos con Irán y de buenas relaciones con Estados Unidos y los países del golfo, aunque, a diferencia de estos, no hay tropas norteamericanas en su suelo. Desde el jueves las llamadas de cancilleres y altos representantes gubernamentales de todo el mundo a las autoridades pakistaníes se han sucedido ante la trascendencia del encuentro de este sábado.
