El antiguo responsable de inteligencia John Brennan manifiesta una vez más su opinión negativa sobre el presidente de los Estados Unidos
La política estadounidense vuelve a situarse en un terreno de máxima polarización, marcado por decisiones internacionales controvertidas, discursos cada vez más duros y un clima institucional cargado de desconfianza. En su primer año de mandato, las críticas hacia el liderazgo presidencial han dejado de limitarse a la oposición política tradicional y empiezan a llegar desde figuras históricas del propio aparato de seguridad nacional, informó el diario La Razón.
El exdirector de la CIA John Brennan, que dirigió la agencia durante la presidencia de Barack Obama, ha pedido públicamente en una entrevista en MS No la destitución del actual presidente Donald Trump tras sus recientes declaraciones sobre Irán.
Durante una entrevista televisiva, Brennan afirmó que el mandatario “está claramente desequilibrado” y sostuvo que la 25ª Enmienda de la Constitución estadounidense fue concebida precisamente para situaciones como la actual.
Según el exresponsable de inteligencia, permitir que un presidente con un discurso tan agresivo mantenga el control del mayor arsenal militar del mundo supone un riesgo inaceptable.

Sus palabras llegan después de que Trump lanzara advertencias extremas dirigidas a Irán, insinuando consecuencias devastadoras si el país no cumplía determinadas exigencias estratégicas.
Para Brennan, ese tipo de lenguaje no solo tiene impacto diplomático, sino que plantea dudas sobre la estabilidad necesaria para ejercer la jefatura del Estado.
¿Puede ser destituido Donald Trump como presidente?
La llamada 25ª Enmienda, aprobada en 1967 tras el asesinato de John F. Kennedy, establece un mecanismo constitucional para apartar a un presidente incapaz de desempeñar sus funciones.
El procedimiento no depende del Congreso en primera instancia. Deben activarlo el vicepresidente, actualmente JD Vance, y la mayoría del gabinete presidencial. Si ambos concluyen que el jefe del Ejecutivo no puede ejercer sus responsabilidades, el vicepresidente asume inmediatamente el poder.
Sin embargo, es algo poco realista ya que la enmienda se diseñó pensando en incapacidades físicas o médicas.
Las declaraciones de Brennan coinciden con un aumento de las voces demócratas que reclaman estudiar esta vía constitucional. Según recuentos parlamentarios recientes, decenas de legisladores han expresado su preocupación por el tono del presidente y su gestión del conflicto con Irán.
Sin embargo, la activación real de la enmienda parece improbable. El sistema exige la cooperación directa del vicepresidente y del propio gabinete, ambos considerados firmemente leales al presidente.
Históricamente, la 25ª Enmienda solo se ha utilizado para transferencias temporales de poder por motivos médicos, como intervenciones quirúrgicas, y nunca para destituir permanentemente a un presidente contra su voluntad.
El contexto añade otro elemento de tensión: Brennan está siendo investigado por el Departamento de Justicia, actualmente bajo la administración de Trump, dentro de pesquisas relacionadas con antiguos responsables de seguridad nacional.
El caso recuerda al enfrentamiento prolongado entre el presidente y figuras clave de las agencias de inteligencia, entre ellas el exdirector del FBI James Comey. Para analistas políticos, esta coincidencia alimenta aún más la percepción de un choque institucional sin precedentes entre la Casa Blanca y parte del aparato de seguridad estadounidense.
Más allá del enfrentamiento personal, el debate central gira en torno a una cuestión delicada: Hasta qué punto el lenguaje de un presidente puede interpretarse como una amenaza para la estabilidad internacional.
Especialistas en relaciones internacionales señalan que las declaraciones presidenciales tienen efectos inmediatos en mercados, alianzas militares y cálculos estratégicos de otros países. En un escenario nuclear, incluso la retórica puede modificar equilibrios geopolíticos.
Por eso, la crítica de Brennan trasciende la disputa partidista. Su advertencia refleja una preocupación recurrente en Washington: el enorme poder concentrado en la figura del comandante en jefe y la necesidad de mecanismos constitucionales capaces de actuar en situaciones extremas.
