El descubrimiento en un yacimiento de Sudáfrica demuestra que los cazadores-recolectores ya dominaban el uso de venenos vegetales
Los cazadores-recolectores del sur de África ya poseían hace unos 60,000 años un conocimiento avanzado sobre venenos vegetales y su aplicación en la caza, según revela un estudio basado en el análisis de antiguas puntas de flecha halladas en Sudáfrica, informó la agencia EFE.
El hallazgo retrasa de forma significativa la cronología conocida del uso de armas envenenadas, que hasta ahora se situaba en el Holoceno medio.
La investigación se centró en diez puntas de flecha de cuarzo encontradas en el refugio rocoso de Umhlatuzana, en la provincia de KwaZulu-Natal, de las cuales cinco contenían restos químicos de veneno vegetal.
Se trata de la primera evidencia directa de que estas armas fueron envenenadas durante el Pleistoceno tardío, lo que apunta a una estrategia de caza cognitivamente compleja.

Los análisis químicos identificaron residuos de alcaloides como la buphanidrina y la epibuphanisina, presentes en la planta gifbol (Boophone disticha), conocida por sus propiedades altamente tóxicas y aún utilizada por cazadores tradicionales de la región.
“Estos hallazgos demuestran que nuestros antepasados del sur de África no solo inventaron el arco y la flecha mucho antes de lo que se pensaba, sino que también sabían cómo utilizar la química de la naturaleza para aumentar la eficacia de la caza”, afirmó la investigadora Marlize Lombard, de la Universidad de Johannesburgo.
El uso del mismo veneno vegetal fue confirmado también en puntas de flecha de unos 250 años de antigüedad, conservadas en colecciones suecas y recogidas por viajeros europeos en el siglo XVIII. Esta coincidencia sugiere una notable continuidad de conocimientos y tradiciones a lo largo de decenas de miles de años.

“Encontrar rastros del mismo veneno en puntas de flecha prehistóricas e históricas fue crucial”, señaló Sven Isaksson, de la Universidad de Estocolmo, quien destacó además que estas sustancias demostraron ser lo suficientemente estables como para sobrevivir durante milenios en el suelo.
Para los investigadores, el uso de veneno en la caza refleja capacidades avanzadas de planificación, paciencia y comprensión de la relación causa-efecto. “Es una clara señal del pensamiento avanzado de los primeros humanos”, indicó el profesor Anders Högberg, de la Universidad de Linnaeus.
