El investigador Carlos Malamud señala que la captura de Nicolás Maduro abrió un escenario cargado de riesgos
La incursión de Estados Unidos en Venezuela, que culminó con el secuestro del dictador Nicolás Maduro el sábado pasado, ha sido un golpe de efecto que dejó al mundo boquiabierto, pero cuya espectacularidad no oculta los enormes desafíos que se avecinan, informó la agencia EFE.
Según Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, Venezuela entra en un nuevo capítulo lleno de incertidumbres, marcado por la dificultad de controlar una transición política ordenada y de cumplir los objetivos geoestratégicos del presidente estadunidense, Donald Trump, en la región.
Entre ellos, destaca la aspiración de promover un cambio político sin coste para el contribuyente estadunidense y financiado con el petróleo venezolano, una posibilidad que Malamud considera poco realista dadas las actuales condiciones del país.

“El panorama es extremadamente convulso”, afirma el experto, que duda de que las empresas estadunidenses se impliquen con la intensidad que propone Trump, a ello se suma la presencia de numerosos actores armados capaces de desestabilizar cualquier proceso de transición.
“La lista es larga: Grupos chavistas, el Tren de Aragua, el ELN, disidencias de las FARC y células de Hezbola asentadas en Venezuela”, enumera.
Malamud advierte además de que la frustración política podría empujar a sectores de la oposición a contemplar la lucha armada, lo que agravaría aún más el conflicto.
Otro factor de riesgo es el papel de las Fuerzas Armadas. Si la transición implica exigir responsabilidades por su apoyo al régimen, los militares podrían convertirse en un elemento desestabilizador, algo que, según Malamud, no ocurrirá mientras el chavismo conserve influencia.

En cuanto a una posible expansión de las operaciones estadunidenses en otros países de Latinoamérica, Malamud considera que Colombia y México están en el punto de mira, aunque aclara que “no son como Venezuela”.
Ambos países, sostiene, cuentan con presidentes con mayor legitimidad y no presentan las mismas vulnerabilidades políticas o judiciales. Cuba, en cambio, tendría peores cartas y debería tomarse “muy en serio” las amenazas del secretario de Estado, Marco Rubio, debido a su delicada situación interna.
Más allá del petróleo y el narcotráfico, el analista insiste en que el trasfondo de la ofensiva estadounidense es geopolítico. “Tiene que ver con el sueño imperial de Trump, su deseo de dominar Latinoamérica y excluir a otras potencias, especialmente a China”, señala.
