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Ni tierras raras ni seguridad, la CIA revela el verdadero interés de Trump por Groenlandia

Ni tierras raras ni seguridad, la CIA revela el verdadero interés de Trump por Groenlandia
Fotografía que muestra este viernes la ciudad de Nuuk (Groenlandia). EFE/ Julio César Rivas

El informe se titula Greenland’s Oil and Gas Potential y está fechado el 17 de marzo de 1975

Un informe de inteligencia de los años 70, accesible actualmente en los archivos desclasificados de Estados Unidos, dibuja una Groenlandia muy distinta de la que domina el debate actual. No es una isla remota definida solo por el hielo y su valor geoestratégico: aparece como una posible frontera energética, observada con atención por las grandes petroleras y analizada por la CIA, informó el diario La Razón.

El documento se titula Greenland’s Oil and Gas Potential y está fechado el 17 de marzo de 1975. Su tono es el de un análisis técnico, pero su mensaje es inequívoco: Para Washington, Groenlandia no era únicamente un punto en el tablero del Ártico; podía ser también un territorio con promesa de crudo y gas.

Según el informe, las grandes compañías petroleras ya estaban prospectando frente al suroeste de Groenlandia desde 1969, con estudios sísmicos marinos como base del interés.

El presidente de EE.UU., Donald. EFE/EPA/GIAN EHRENZELLER

El texto subraya que ese atractivo no se apoyaba en intuiciones vagas, sino en indicios geológicos: menciona capas de lutitas (shales) y areniscas consideradas favorables para la acumulación de hidrocarburos, una combinación clásica en la búsqueda de yacimientos.

La CIA llegó a comparar el potencial de las cuencas exploradas con regiones que ya entonces eran sinónimo de producción: el Mar del Norte y la vertiente norte de Alaska. En otras palabras: el informe describe a Groenlandia como un lugar que podía jugar en una liga geológica comparable a algunas de las grandes provincias petroleras del Atlántico Norte.

El documento menciona la presencia de “natural oil seeps” (filtraciones naturales de petróleo) en tierra firme, destacando el caso de Disko Island. En exploración petrolera, esas filtraciones se consideran un indicio valioso: No garantizan un gran yacimiento explotable, pero sí sugieren que el sistema petrolero está activo.

Fotografía que muestra las banderas de Groenlandia (i) y Dinamarca en Nuuk (Groenlandia). EFE/ Julio César Rivas.

El informe también incorpora un detalle de planificación: Plantea que, si ciertos permisos se transformaban en licencias de explotación, podrían iniciarse perforaciones hacia 1976. Pero inmediatamente aterriza la ambición con una lista de obstáculos que resumen lo que significaba perforar en el Ártico de los 70: hielo, ventanas operativas cortas por el clima, logística extrema y costes.

La CIA describe cómo el entorno ártico y el hielo marino limitaban la operativa a periodos reducidos del año y obligaban a una infraestructura especializada.

En un mundo sin la tecnología actual, el documento retrata la exploración como una apuesta de alto riesgo, no solo por el frío, sino por la combinación de incertidumbre geológica y dificultad industrial.

Leído hoy, el informe funciona como una cápsula del tiempo: Muestra que, ya entonces, Groenlandia estaba en el radar. El documento habla de sedimentos, sísmica, filtraciones y probabilidades. Y añade una idea de fondo: En el Ártico, el interés estratégico casi nunca llega solo. A menudo viene acompañado de lo mismo que ha movido fronteras, alianzas y presiones durante más de un siglo: La energía.

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