La disputa por Groenlandia reabre el debate sobre la dependencia de Washington de sus principales acreedores extranjeros y el margen de presión que estos podrían ejercer
La disputa diplomática por Groenlandia ha reactivado un debate que parecía enterrado: la dependencia de Estados Unidos de los grandes tenedores extranjeros de su deuda soberana, informó el diario La Razón.
En medio del pulso político con Dinamarca y la Unión Europea por la creciente militarización del Ártico, el presidente estadunidense ha reforzado su discurso económico apoyándose en un dato clave: Reino Unido, Japón y China siguen siendo los mayores poseedores de bonos del Tesoro estadounidense, un pilar esencial para financiar el déficit federal.
Para Trump, esta estructura de acreedores demuestra que “el mundo confía en la economía estadunidense”, un mensaje que utiliza para blindar su posición en el conflicto por Groenlandia, donde Washington busca ampliar su influencia estratégica.

Sin embargo, en Bruselas y Copenhague la lectura es distinta: la concentración de deuda en manos de potencias extranjeras es vista como una vulnerabilidad estructural que podría, en teoría, convertirse en un instrumento de presión diplomática.
La concentración de bonos del Tesoro en manos de Reino Unido, Japón y China expone la interdependencia financiera que condiciona el pulso geopolítico entre Estados Unidos y Europa
Japón encabeza la lista con más de un billón de dólares en bonos del Tesoro, seguido de China, cuyo volumen ha disminuido pero sigue siendo decisivo para la estabilidad del mercado. Reino Unido, gracias al peso de la City, ocupa el tercer puesto, actuando como plataforma financiera para fondos globales.
Tres actores con intereses divergentes, pero con un punto en común: su capacidad para influir en la percepción internacional del dólar y de la deuda estadunidense.

En Europa, algunos diplomáticos admiten que, aunque una venta coordinada de deuda es altamente improbable, el simple hecho de que esta posibilidad se mencione en conversaciones técnicas refleja el malestar por la presión estadunidense en el Ártico.
La UE considera que Washington está utilizando Groenlandia como pieza geoestratégica, mientras que Trump insiste en que su presencia responde a “seguridad nacional”.
Analistas financieros recuerdan que episodios recientes de volatilidad demostraron que los mercados obligatorios pueden enviar señales contundentes cuando perciben riesgo político. Y aunque ni Reino Unido, ni Japón, ni China tienen interés en desestabilizar al mayor emisor de deuda del mundo, la interdependencia económica deja claro que la narrativa de fortaleza de Trump depende, en parte, de países con los que mantiene tensiones abiertas.
En este contexto, la disputa por Groenlandia no solo es territorial o militar: también expone las costuras de un sistema financiero global donde la deuda estadounidense es a la vez símbolo de poder y punto débil.
