La primera ministra danesa hizo frente a la agresiva avanzada del presidente norteamericano y logró una desescalada
Tras su escalada de amenazas sobre tomar Groenlandia, gigantesco territorio de ultramar de los daneses, el presidente Donald Trump finalmente parece haber reculado, informó el diario La Nación.
En un discurso ante la élite financiera mundial en Davos, Trump afirmó que no usaría la fuerza para tomar la isla, y más tarde dijo que junto a los líderes de la OTAN habían elaborado “el marco de un futuro acuerdo” que dejaría contentos a todos. Está por verse.
Por supuesto que al cambio de postura de Trump contribuyeron también otros factores, como la creciente oposición del Congreso y la caída de las bolsas, pero no cabe duda de que la defensa cuidadosamente elaborada de Frederiksen fue crucial para impedir que Trump obtuviera lo que realmente deseaba.
La primera ministra danesa viene sorteando un juego tenso y arriesgado con Trump desde hace meses, y por el momento parece que haber ganado.

Mientras las negociaciones continúan, Frederiksen sigue enfrascada en un combate que no buscó y tratando de calibrar cómo dejarle claro al volcánico Trump que la respuesta a su exigencia de que Dinamarca entregue Groenlandia es un no rotundo, pero sin llegar al punto de enfurecer al presidente estadounidense y que amenace con arrebatársela de nuevo.
De hecho, la primera ministra ya ha manifestado su resistencia a una de las concesiones que Trump parecía estar evaluando: establecer la soberanía de Estados Unidos sobre las bases militares que tiene en Groenlandia. La soberanía, insiste Frederiksen, sigue siendo “la línea roja”.
Hace un par de meses Frederiksen accedió a una inusual entrevista en Groenlandia, en una antigua casa con vista al mar, y ahí le preguntamos si sentía que Trump se comportaba como un abusador.
“El habla muy claramente, y yo también”, dijo la mandataria.
Esa tranquila determinación en su trato con Trump la diferenció de otros líderes europeos que prefirieron la adulación o el apaciguamiento, y le ha dado una extraordinaria popularidad en su país: las encuestas de opinión en Dinamarca muestran un auge de su partido, y a finales de este año se celebran elecciones donde todo indica que está en condiciones de ganar un tercer mandato.
Ese creciente apoyo refleja lo mucho que Groenlandia significa para los daneses, por no hablar de Trump y los propios groenlandeses.

Para Frederiksen -la primera ministra más joven de la historia danesa, quien asumió el cargo en 2019-, la disputa es innegablemente existencial y amenaza la identidad, la composición y la posición de su país en el escenario mundial.
Pero los vertiginosos acontecimientos de la semana pasada demostraron su habilidad táctica. Después de que Trump declarara que al no haber ganado el Premio Nobel de la Paz renunciaba a la paz y avanzaría con Groenlandia, ella también puso manos a la obra.
Importó a Groenlandia tropas de su propia coalición de países bien dispuestos, incluidos Gran Bretaña, Alemania, Francia e Islandia, hizo un llamado a Europa para que defendiera a Dinamarca, y resistió las amenazas arancelarias de Trump.
Hasta ese momento, muchos daneses se habían resignado a que poco podrían hacer si Trump pasaba a los hechos en la isla. La arriesgada estrategia de Frederiksen de convocar a militares y fuerzas del orden extranjeras —aunque se tratase de un pequeño contingente de unas pocas docenas de tropas y aparentemente como parte de un ejercicio de entrenamiento en el Ártico—, fue una clara señal de que cualquier acción militar que Trump emprendiera “terminaría muy mal”, como dijo el comentarista político danés Bent Winther.
El argumento de Frederiksen era que “si van a tomar Groenlandia por la fuerza, tendrán que esposar a los oficiales británicos, franceses y alemanes”, apunta Winther. “Creo que parte de su apuesta era esa”.
El enfrentamiento de Frederiksen con Trump terminó por definir su liderazgo, una batalla que arrancó en 2019 en sus primeras semanas en el cargo, cuando llegó al poder de Dinamarca a los 41 años como líder de los socialdemócratas de centroizquierda.
Ese verano boreal, durante su primer mandato, Trump sugirió que Estados Unidos podía comprar Groenlandia, territorio que forma parte de Dinamarca desde hace más de 300 años.
Frederiksen calificó la idea de “absurda”: Trump canceló de inmediato su viaje programado a Copenhague y calificó sus comentarios de “desagradables”.
¿Se arrepiente de haber dicho eso? “Es capítulo cerrado”, dijo Frederiksen en la entrevista.
