Altas temperaturas y lluvias mínimas intensificarán el estrés hídrico, con impactos en el agro, los recursos hídricos y la generación eléctrica
A pesar de las precipitaciones registradas en los últimos días en distintas regiones del país, marzo marcará el punto más crítico de la temporada seca en Panamá, con temperaturas elevadas, lluvias mínimas y una presión creciente sobre el sector agropecuario, los recursos hídricos y la generación eléctrica, así lo señala el más reciente Boletín de Pronóstico Climático del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá (IMHPA).
El informe, que analiza el comportamiento climático entre enero y marzo del 2026, advierte que el tercer mes del año será uno de los más calurosos y secos, particularmente en la vertiente del Pacífico y en zonas históricamente vulnerables como el Arco Seco panameño, que comprende provincias como Herrera, Los Santos, Coclé y el sur de Veraguas.
De acuerdo con el IMHPA, durante marzo se debilitan los vientos alisios, disminuyen las lluvias en el Caribe y predominan las entradas de brisa cálida y húmeda desde el Pacífico.

Estas condiciones elevan la sensación térmica y favorecen la presencia de bruma, convirtiendo al mes en uno de los de menor precipitación del año, incluso dentro de un escenario climático considerado normal.
Aunque el pronóstico no anticipa déficits extremos de lluvia, los especialistas advierten que el principal impacto económico proviene de la acumulación del estrés hídrico, que se intensifica desde febrero y alcanza su punto máximo en marzo, esta situación representa riesgos concretos para el sector agropecuario.
En el Arco Seco, la reducción de las lluvias afecta la disponibilidad de agua para riego, el estado de los pastos y la productividad ganadera, especialmente en sistemas extensivos.

Productores de granos, caña de azúcar y ganadería bovina enfrentan mayores costos operativos, ya sea por la necesidad de suplementar la alimentación del ganado o por la menor humedad del suelo en cultivos de ciclo corto.
Marzo también es un mes clave para la preparación de tierras con miras al inicio de la temporada lluviosa.
Por ello, condiciones excesivamente secas y calurosas podrían retrasar las labores agrícolas y comprometer los rendimientos del siguiente ciclo productivo, en un contexto que exige planificación y uso eficiente del recurso hídrico.
