Se trata de un proyectil de alcance ultra largo diseñado para golpear objetivos que, hasta hace muy poco tiempo, se consideraban intocables por la distancia
El gigante asiático desafía el dominio aéreo de Washington con su nuevo misil PL-17, un proyectil de 400 kilómetros de alcance que ha forzado al gobierno de Donald Trump a acelerar el desarrollo de sus propios sistemas de defensa hegemonía en los cielos del Pacífico ha sufrido una sacudida considerable, obligando a los estrategas a replantear viejas doctrinas de dominio aéreo, informaron medios de prensa internacional.
Pekín ha puesto sobre el tablero el misil PL-17, una pieza de artillería que modifica las reglas del juego y pone en jaque la seguridad de las flotas occidentales.
Se trata de un proyectil de alcance ultra largo diseñado para golpear objetivos que, hasta hace muy poco tiempo, se consideraban intocables por la distancia.
En consecuencia, la respuesta desde Washington no se ha hecho esperar ante lo que consideran un desafío directo a su poderío militar tradicional.

Bajo la actual administración de Donald Trump, el Pentágono ha ordenado acelerar sus propios programas de defensa para no ceder ni un milímetro ante el avance tecnológico asiático. Proyectos clave como el AIM-260 JATM o el AIM-174B han cobrado una urgencia renovada en los despachos americanos.
Dicho esto, las prestaciones técnicas de este nuevo desarrollo son las que realmente han encendido todas las alarmas en los cuarteles generales. Gracias a un sofisticado motor de combustible sólido de doble pulso, el misil alcanza un radio de acción de 400 kilómetros volando a velocidades que rozan el Mach 6, lo que lo convierte en una amenaza letal y difícilmente interceptable por los sistemas actuales.
Por su parte, diversos análisis aclaran que este armamento no busca derribar cazas ágiles en combates cerrados. Su misión principal y más peligrosa consiste en neutralizar activos de alto valor logístico, como los vitales aviones cisterna o los sistemas de alerta temprana AWACS. Perder estos aparatos, que actúan como los ojos y pulmones de la fuerza aérea, supondría un golpe devastador en conflicto real.
Asimismo, la ingeniería china ha dotado al PL-17 de una electrónica puntera para garantizar que el impacto sea prácticamente infalible. El sistema incorpora un buscador de radar de barrido electrónico activo de última generación, el cual destaca por ser extremadamente resistente a las interferencias electrónicas que el enemigo pudiera desplegar en un entorno de batalla moderno y saturado.
En otro orden de cosas, llama la atención cómo la industria militar china ha resuelto los retos de tamaño respecto a su predecesor, el PL-15. A pesar de contar con un volumen notablemente superior, el arma es compatible con los cazas furtivos J-20, logrando ocultarse en sus bodegas internas. De este modo, la capacidad de sigilo del avión no se ve comprometida durante las operaciones, algo que ya se ha comprobado también en los J-16.
Finalmente, el funcionamiento del sistema otorga una libertad total al piloto tras efectuar el lanzamiento gracias a la capacidad de “disparar y olvidar”.
Mediante enlaces de datos bidireccionales, el misil puede corregir su rumbo de forma autónoma hacia el blanco. Los informes más recientes indican que Pekín ya trabaja en guías duales que combinarían el radar con sensores infrarrojos para lograr una precisión absoluta.
