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Avalancha sepulta mina de coltán en el este del Congo y deja más de 200 muertos

Avalancha sepulta mina de coltán en el este del Congo y deja más de 200 muertos
Mina de Coltán. Archivo. Europa Press.

Mineros, comerciantes y familias, figuran entre las víctimas del deslave en una zona controlada por grupos armados

Al menos 226 personas murieron tras una masiva avalancha de tierra que sepultó una mina de coltán en el territorio de Masisi, en la provincia de Kivu Norte, en República Democrática del Congo (RDC), en uno de los episodios más mortíferos registrados en esta región, informó este sábado Europa Press.

De acuerdo al informe, el deslave ocurrió en una mina ubicada en el área de Rubaya, uno de los principales polos de extracción de minerales raros del país y epicentro del conflicto armado entre el Ejército congoleño y las milicias del Movimiento 23 de Marzo (M23). La instalación se encontraba bajo control de este grupo rebelde, cuyo portavoz, Kambere Muyisa Lumumba, confirmó el balance provisional de víctimas al portal congoleño Actualité.

Destaca que entre los fallecidos se encuentran mineros artesanales, comerciantes y familias que se encontraban en las inmediaciones del yacimiento al momento del derrumbe. Lumumba también reportó un número aún indeterminado de heridos, muchos de ellos en estado grave, quienes están recibiendo atención médica en condiciones precarias debido a las fuertes lluvias y las dificultades de acceso a la zona.

Foto ilustrrativa. EFE/ Moncho Fuentes.

 

La mina fue cerrada por orden del gobernador miliciano de la provincia, Bahati Musanga Erasto, mientras continúan las labores de rescate y traslado de heridos hacia centros de salud locales y hacia la ciudad de Goma, capital provincial, que permanece bajo control rebelde desde el año pasado. Fuentes locales advirtieron que el número de víctimas mortales podría aumentar en las próximas horas.

Rubaya, bajo control del M23 desde abril del 2024, alberga una de las concesiones de coltán más ricas del mundo, con una producción estimada por Naciones Unidas en cerca de 120 toneladas mensuales, destinadas principalmente a la exportación hacia Ruanda. La presencia de grupos armados en la región dificulta el acceso de periodistas, investigadores y organizaciones humanitarias, lo que complica la verificación independiente de los hechos y la asistencia a las víctimas.

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