La oposición democrática queda desplazada de un tablero donde la Casa Blanca tiene la última palabra
Venezuela habita actualmente un mapa de líneas difusas. A 30 días del estruendo que sacudió los cimientos de Fuerte Tiuna y terminó con la hegemonía de Nicolás Maduro, el país no ha entrado en una transición convencional, sino en un complejo ejercicio de reacomodo, informó el diario El Nacional.
Para la socióloga y analista política Maira Pereira, fundadora de la plataforma Miss Política, lo que estamos presenciando es una mutación estratégica donde el instinto de preservación del sistema ha pasado a primer plano.
“El chavismo está siendo inteligente. Yo sé que posiblemente esto es algo que a mucha gente no le gusta escuchar, pero está haciendo lo posible para mantenerse en el poder. Si tiene que hacer concesiones para mantenerse en el poder, lo va a hacer”, afirma Pereira con crudeza.
En su análisis, el grupo que actualmente administra el Estado no actúa como una cúpula derrotada, sino como un actor que “está haciendo lo que tiene que hacer para quedarse allí”.

El balance de este primer mes sin Maduro arroja una realidad incómoda para los actores internos: La soberanía de la decisión parece haber cruzado el Caribe.
Según Pereira, la dinámica de cambio en Venezuela no responde actualmente a las presiones de la calle ni a la estrategia de los partidos locales, sino a un pacto de supervivencia condicionado.
“El límite no lo marca la oposición venezolana, tampoco el pueblo, el límite lo marca el gobierno de Estados Unidos”, sentencia la analista.
Esa tesis coloca a la administración de Donald Trump como el verdadero elector de la profundidad del cambio. “Si el gobierno de Trump se conforma con la liberación de presos políticos, pero no exige una comisión para la verdad y la reconciliación, pues eso es lo que el chavismo te va a dar”.
Esa configuración ha generado un efecto secundario peligroso: El aislamiento de las fuerzas democráticas que lideraron la ruta electoral del 2025. Pereira observa con preocupación cómo el ejercicio del poder se ejecuta sin una intervención directa de la oposición, lo que deja a figuras como María Corina
Machado y Edmundo González Urrutia “un poco al margen”. “Es peligroso porque no está participando un actor democrático importante dentro del contexto de lo que está pasando en territorio venezolano”, advierte.
En ese escenario de estabilidad pactada, la Ley de Amnistía ha surgido como la gran promesa de la nueva cúpula para desescalar la presión. Sin embargo, Pereira insiste en que el país debe transitar este camino con la cabeza fría, alejándose de la emocionalidad para lograr conciliar la situación.
El problema, hasta ahora, es la opacidad del proceso. “Se nos están dando anuncios, pero no se nos han dado contenidos”, señala.
La analista sostiene que la verdadera naturaleza del proceso se revelará solo cuando el texto sea publicado y se definan con precisión conceptos clave como “presos políticos” y “delitos conexos”. “Cuando salga el texto publicado nos vamos a dar cuenta si existe buena intención o es solo un maquillaje. Todo tiene que estar muy especificado”.
La supervivencia inteligente del chavismo ha logrado, por ahora, cambiar los colores del laberinto, pero las heridas siguen abiertas bajo un suelo que todavía no conoce la justicia.
