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El “America First” de Trump impulsa ascenso global de China

El “America First” de Trump impulsa ascenso global de China

La guerra comercial y las tensiones con aliados occidentales refuerzan la posición internacional de Pekín mientras Europa, Canadá y Asia recalibran sus alianzas ante el cambio geopolítico

Donald Trump se ha propuesto convertir Estados Unidos en el centro del mundo; el problema es que, en su intento de centralizar todo en Washington con mano dura, ha dejado caminos libres que China está aprovechando para acelerar, informó el diario La Razón.

La prueba más visible está en el comercio, el republicano insiste en imponer su plan a golpe de aranceles, pero tuvo que recular en su guerra comercial con Pekín cuando el gobierno asiático le hizo frente a las amenazas de aranceles a sus productos del 100% con restricciones a la exportación de tierras raras, fundamentales para la fabricación de chips, imanes de alto rendimiento y componentes esenciales de la economía del futuro (teléfonos móviles o defensa).

China domina una buena parte de esta cadena, con el control de casi el 70% de la minería mundial y alrededor del 90% del procesado mundial. Un cuello de botella que le da poder al país asiático para presionar cuando desee.

El pulso comercial puso a la soja en la línea de fuego, y es preocupante porque se trata de uno de los grandes productos de exportación agrícola de Estados Unidos y del que China es el principal comprador global. No es baladí: La soja sostiene millones de ingresos rurales, cadenas logísticas y, lo más importante para el presidente en un año con elecciones de medio término, votos en estados clave del Medio Oeste.

Por eso la amenaza de Pekín de dejar de comprar el producto levantó una ola de enfados entre muchos agricultores, tradicionalmente un bloque sensible para los republicanos, que acabó presionando a la administración norteamericana para que echara marcha atrás en su ofensiva.

En el campo de la investigación científica, China también se ha beneficiado de las políticas de Trump. El presidente estadunidense ha tensado al límite las relaciones con las universidades: Recortes de hasta el 35% ($32,000 millones) en gasto científico, congelaciones de presupuesto, el fin de más de 7,800 ayudas de investigación y un pulso ideológico que empuja a los investigadores a mirar a otros países, una fuga de talento que Estados Unidos tardará años en reponer.

El daño no es solo numérico, también reputacional, y China lo está aprovechando para reclutar talento global con programas de incentivos.

Por no hablar de la cesión a China de liderazgo a largo plazo que el empecinamiento de Trump ha provocado en industrias críticas de cara al futuro como los coches eléctricos, las turbinas eólicas y las baterías. Una ventaja tecnológica que Trump quiso inclinar a favor de sus amigos y donantes de Silicon Valley, después de que su predecesor, el demócrata Joe Biden, se esforzara por mantenerla, sobre todo en lo que se refiere al uso de la inteligencia artificial en el ámbito militar.

Mientras Trump vende fuerza con palabras, China capitaliza una futura estabilidad industrial, y poco a poco el tablero geopolítico mundial va cambiando.

“Estamos forjando nuevas alianzas en todo el mundo para transformar nuestra economía, que hasta ahora ha dependido de un solo socio comercial”, aseguraba en rueda de prensa el primer ministro canadiense, Mark Carney. Corea del Sur también ha mirado al país asiático y, en una reciente visita -la primera de alto nivel en los últimos siete años-, firmó más de una docena de acuerdos sobre tecnología y comercio.

En paralelo, Gran Bretaña también ha buscado nuevos aliados tratando de mantener el equilibrio. Su primer ministro, Keir Starmer, se reunía la semana pasada para evitar quedar atrapada en una nueva guerra fría comercial y poner fin a una “larga era de hielo”.

Londres trata de conservar el vínculo atlántico, pero no renuncia a ganar margen en otros territorios, mientras Alemania, el gran motor industrial europeo, también está calibrando su relación con Pekín con el ojo puesto en las exportaciones, la automoción y la energía, con una visita a China prevista para finales de febrero. En definitiva, como apuntaba Carney, nuevas alianzas ante la “ruptura del orden mundial”.

Las amenazas de Trump a Groenlandia están debilitando la alianza de la OTAN, y cada alejamiento entre los miembros de la alianza occidental fortalece al país asiático, que se frota las manos, expectante ante lo que le puede llegar sin necesidad de mover un dedo.

En una reciente encuesta encargada por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, realizada en 21 países, cerca de 26,000 personas estuvieron de acuerdo con que las políticas de Trump están impulsando a China y el distanciamiento entre Estados Unidos y sus aliados proyecta debilidad de cara al exterior.

Trump busca que el país retome una posición única de poder, pero sus actuaciones parecen ir en la dirección contraria, en la que cada día ofrece mayor oxígeno estratégico a China.

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