En Moruga, combatientes rituales se baten en un cuadrilátero sagrado entre sangre, espiritualidad y resistencia ancestral
Lejos del brillo de los disfraces y la música del carnaval, el pueblo sureño de Moruga conserva uno de los secretos más antiguos del festival de Trinidad y Tobago, la lucha de palos, también conocida como Kalinda, un arte marcial que combina resistencia física, espiritualidad y sangre, informó la agencia EFE.
Cada año, más de 50 luchadores de comunidades rurales como Sangre Grande, Río Claro y Mayaro se reúnen en la ‘gayelle’, el cuadrilátero sagrado de combate, donde giran, bailan y golpean con palos de madera noble hasta derramar sangre.
Para los participantes, Kalinda no es solo un deporte: es un ritual. Rostros marcados por cicatrices, bocas con dientes perdidos y mandíbulas fracturadas reflejan siglos de tradición.

El cuatro veces campeón Selwyn John, coronado Rey de la Roca 2026, asegura que llevo la lucha con palos en la sangre. Esto no es solo lucha, es espíritu, cultura y linaje.
Las prácticas espirituales, aunque más discretas que en el pasado, siguen presentes, los palos se purifican, se queman alcanfor y ron en rituales de fuego, y los luchadores se lavan con lavanda, ajo y sal para alejar las fuerzas negativas.
Los veteranos como Ricardo Nicholas y Anderson Marcano, quien perdió un ojo en el 2007, recuerdan que al entrar a la gayelle se hace acompañado de los antepasados. La tradición tiene raíces africanas, preservadas por esclavizados y soldados negros libres, y se ha transmitido de generación en generación como símbolo de resistencia e identidad.

Aunque los premios económicos son modestos, la ministra de Cultura, Michelle Benjamin, reconoce el valor del deporte y la necesidad de reforzar la seguridad de los luchadores, cuya pasión atrae a miles de espectadores y visitantes extranjeros cada año.
Kalinda, con su mezcla de combate, ritual y memoria histórica, mantiene viva la herencia africana en pleno corazón del carnaval trinitense, recordando que la tradición puede ser tan poderosa como el espectáculo.
