La muestra reúne obras de Da Vinci, Rembrandt, Picasso y Matisse para reflexionar sobre la relación histórica
El museo Mauritshuis de La Haya abrió la exposición “Pájaros”, una ambiciosa muestra que recorre siglos de historia del arte para examinar la compleja y a menudo contradictoria relación entre los seres humanos y las aves, con obras de Leonardo da Vinci, Rembrandt, Picasso y Matisse, entre otros, la exposición podrá visitarse hasta el 7 de junio, informó la agencia EFE.
Lejos de un recorrido cronológico tradicional, la propuesta se presenta como una casa de pájaros, donde conviven mitos antiguos, pinturas barrocas, esculturas modernas y moda contemporánea. El eje central no es solo artístico, sino también filosófico: ¿por qué las aves nos obsesionan tanto?
El icónico Jilguero de Carel Fabritius, una de las joyas del Siglo de Oro neerlandés, sirve como punto de partida.
En esta ocasión, el pequeño pájaro encadenado deja de ser únicamente una obra maestra para convertirse en el símbolo de una reflexión más amplia.

El historiador británico Simon Schama define la muestra como una “cámara de maravillas” dedicada a la experiencia humana con las aves, desde el Antiguo Egipto hasta la actualidad.
“No somos solo un museo de historia del arte; también podemos usar nuestra colección para contar otras historias”, explicó la directora del Mauritshuis, Martine Gosselink, quien destacó que rodear a El jilguero de “sus amigos de todo el mundo” permite dar voz a nuevas interpretaciones sobre su significado social y cultural.
La exposición, estructurada en bloques temáticos, aborda a las aves como mensajeras celestiales, símbolos de libertad y deseo, ornamentos de poder y trofeos de caza. Schama sitúa en el centro la idea de que el arte es nuestra resistencia humana frente a la desaparición, una forma de preservar aquello que tememos perder.

Desde el Antiguo Egipto, donde el Ba simbolizaba el alma que ascendía al más allá, hasta la paloma bíblica que anuncia el renacimiento tras el diluvio, las aves han sido intermediarias entre el cielo y la tierra.
Pero la muestra también confronta la violencia ligada a esa fascinación. En el siglo XIX, la moda de decorar sombreros con plumas o aves disecadas provocó la disminución de numerosas especies y dio origen en 1891 a la Asociación para la Abolición de una Moda Cruel, antecedente de la actual organización neerlandesa de protección de aves.
Hoy, recuerda Schama, la pérdida de miles de millones de aves desde 1970 es un barómetro de la salud del planeta.

La tensión entre admiración y dominación se evidencia en las naturalezas muertas de Jan Weenix, donde aves de caza aparecen impecables y sin sangre como símbolo de estatus aristocrático.
En contraste, Rembrandt muestra la crudeza de dos pavos reales desangrándose sobre la piedra, en una escena que, según Schama, une belleza, muerte y poder con una “originalidad extrema”.
El diálogo artístico se extiende hasta el siglo XX con el contraste entre el jilguero encadenado de Fabritius y el ascendente Pájaro en el espacio de Constantin Brancusi, escultura que en 1926 fue objeto de un juicio en Estados Unidos al ser considerada por las autoridades aduaneras un utensilio industrial y no una obra de arte.

La muestra aborda también la dimensión erótica del símbolo: en el siglo XVII, “pajarear” era sinónimo de sexo, y desde la Antigüedad las aves han representado deseo y seducción. Un manuscrito medieval en neerlandés lo resume: “Todos los pájaros han empezado a hacer sus nidos; tú y yo, ¿a qué esperamos?”.
El recorrido culmina con la moda contemporánea, como un vestido de Iris van Herpen confeccionado con capas de organza que evocan alas sin recurrir a plumas reales, una estética que busca belleza sin sacrificio animal.
Entre el Ba egipcio que promete ascenso y el jilguero que mira un cielo que no puede alcanzar, Pájaros plantea una pregunta incómoda, si el arte intenta preservar lo que desaparece, ¿qué revela de nosotros que aquello que simboliza la libertad sea también lo que más hemos encerrado y explotado?
