Si Trump no hubiese encomendado la negociación con Irán a Witkoff y Kushner, el mundo se habría ahorrado esta absurda guerra y sus gravísimas consecuencias
Esta guerra suma ya alrededor de 4,2 millones de desplazados, 25.000 heridos y 2.700 civiles muertos, según la ONU-HCR y otras fuentes oficiales, informa medios internacionales.
Solo en Irán, los bombardeos han alcanzado 60 hospitales, 44 colegios (incluyendo aquel en que murieron 168 niñas), 129 edificios residenciales y cientos de infraestructuras esenciales para la población, como energía y transporte, informa HRANA. El cierre del estrecho de Ormuz ha perturbado gravemente las cadenas de suministro y los mercados energéticos mundiales, ya que aproximadamente el 25% del comercio marítimo global de petróleo y el 20% del de gas licuado atraviesan dicho enclave.
Además, una grave crisis se está fraguando en el sector alimentario mundial, pues ese cierre también afecta al flujo de alimentos con destino a los países de la región e impide que transite alrededor del 25% de la producción mundial de fertilizantes, necesarios para los cultivos de todo el planeta. Si la guerra no cesa pronto, se puede producir una crisis humanitaria mundial.
El 17 de marzo, el director de Contraterrorismo de Estados Unidos, Joseph Kent, dimitió alegando que no apoyaba la guerra porque la causa de su inicio, una amenaza inminente de Irán a Estados Unidos, era falsa. Según Jake Sullivan, consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos (2021-2025), el presidente Donald Trump decidió atacar cuando Irán había cedido y acababa de ofrecer una propuesta que Estados Unidos no podía rechazar, pues solucionaba el problema de la desnuclearización. Comenzó una guerra sin objetivos claros, sin estrategias y sin prever las consecuencias.

En estas semanas, los objetivos han ido cambiando: de la desnuclearización, a la destrucción del Ejército iraní, al cambio de régimen, hasta llegar al desbloqueo del estrecho. Asimismo, Trump solo contaba con el apoyo del 27% de los ciudadanos americanos antes de comenzar la contienda (según una encuesta elaborada por «The Economist»/YouGov). Además, no había obtenido la aprobación del Congreso, ni el apoyo de los aliados de Europa y Asia, que ahora no quieren involucrarse en la liberación de Ormuz hasta que no exista un alto el fuego.
Mientras tanto, China no interviene, sabiendo que tras la guerra obtendrá enormes ganancias reconstruyendo Irán y vendiéndole su armamento. También Estados Unidos ha levantado temporalmente las sanciones a Rusia, cuyo petróleo producirá pingües beneficios para su guerra contra Ucrania.
Aunque se alcanzase la paz, en cualquier momento Irán podría volver a bloquear el paso con solo unos drones baratos que impactaran a algunos mercantes. Ello hará que en el futuro se reduzca el tránsito de buques por dicho punto, disminuyan las inversiones en los países del Golfo y los precios de la energía y fertilizantes no vuelvan a los niveles de preguerra. Si el conflicto se alarga, la inflación en España podría alcanzar el 5,9% en 2026 (Fuente: Banco de España).
Ahora, el presidente americano se encuentra en un pantano del que no sabe cómo salir, pues con solo operaciones aéreas no puede alcanzar ninguno de sus objetivos estratégicos, a pesar de haber derrochado armamento y dinero (11.300 millones de dólares solo en los primeros seis días). Para conseguirlos, tendría que desplegar soldados dentro de Irán y podría acabar repitiendo los errores de Afganistán e Irak. Adicionalmente, los ciudadanos probablemente le retiren su apoyo en las elecciones de noviembre, y pierda la Cámara de Representantes y gran parte de su poder.
Incluso el 26% de los votantes que eligieron a Trump en el año 2024 piensa que la guerra de Irán ha sido un error (encuesta realizada por Yahoo/YouGov).
Por todo lo anterior y ante la caída de los mercados financieros y la subida de los intereses de la deuda, Trump se ve forzado a negociar con Irán. Reinhold Niebuhr, en «La ironía de la historia americana», advierte de la necesidad de que EE UU sea humilde planeando su política exterior, pues la arrogancia, o la obsesión por erradicar «el mal del mundo», pueden conducir a un intervencionismo de catastróficas consecuencias. El 24 de marzo, el Papa León XIV apeló «a un alto el fuego inmediato y a que se trabaje por la paz con diálogo, buscando una solución para todos», al tiempo que pidió no permanecer callados ante el sufrimiento de tantas víctimas.
La «guerra preventiva» y la «paz a través de la fuerza» vulneran la Carta Magna de la ONU y las Convenciones de Ginebra. La paz no se apoya en equilibrios de fuerzas militares, sino en la confianza recíproca y la capacidad de vivir en armonía con todos; la paz no se impone, sino que se cultiva a través de pacientes negociaciones multilaterales y diálogo responsable y sincero. El bien común, la justicia, prosperidad y seguridad benefician a todos.
Si Donald Trump no hubiese encomendado la negociación con Irán a su amigo Steve Witkoff y a su yerno, Jared Kushner, que carecen de experiencia diplomática, el mundo se habría ahorrado esta absurda guerra y sus gravísimas consecuencias.
