Ilya Espino, subadministradora del Canal, habló con la cadena alemana DW sobre proyectos de una vía marítima que ha estado en el centro del debate geopolítico
La subadministradora del Canal, Ilya Espino visitó Francia y Alemania a fines de marzo, para tratar asuntos relacionados con los arbitrajes internacionales derivados de causas abiertas a propósito de la ampliación del canal, así como también para sostener reuniones de alto nivel tanto en París como en Berlín. Además, realizó presentaciones con motivo de los 25 años de la administración panameña del importante cruce naviero.
DW: El Canal ha sido administrado durante 25 años por Panamá. ¿Qué logros podría reseñar?
Ilya Espino: En estos 25 años hemos logrado un aumento significativo en los ingresos que genera el canal al Estado, que llegan ya a más de $31,000 millones. Pero pienso que lo más importante es haber demostrado que Panamá podía manejar el canal de una manera exitosa, porque había dudas sobre ello. También logramos ampliar el canal, y actualmente más del 50% de los ingresos provienen de las nuevas esclusas que inauguramos el 2016.

En su momento hubo muchas dudas sobre cuán factible era que el canal pudiera sobrevivir al cambio climático debido a la sequía que sufrió en el 2023. ¿Está ya superado ese problema?
Hay que seguir trabajando, porque el proyecto del nuevo lago no va a estar listo hasta el 2031 o el 2032, y seguramente hasta esa fecha tendremos más años secos. Es más, ya se está pronosticando que en junio de este año llegará otro Niño, pero confiamos que con las medidas operativas que perfeccionamos en el 2023 podremos llevar de mejor manera otro año seco. Además, hemos tenido la fortuna de que este verano llovió bastante y tenemos las lagunas al máximo nivel.
El Canal se convirtió en el eje de una disputa geopolítica. ¿Qué pasa con ustedes cuando Estados Unidos amenaza con usar la fuerza para tomar el control del Canal?
Nosotros somos una institución apolítica, somos más que nada técnicos, así que nos manejamos en el marco de mantener las operaciones día a día. Tenemos un tratado de neutralidad, que pienso que es un gran amparo. Seguimos las reglas, y eso es una fortaleza. Mientras uno tenga la verdad de su lado, en el sentido de que operamos de una manera justa y equitativa, cumpliendo con los tratados internacionales, no sentimos mayor preocupación. Somos una entidad muy técnica con reglas muy claras.
Pese a que las reglas están claras, Estados Unidos acusó que el Canal privilegiaba a China.
Por eso es que la data es tan importante y la información y la transparencia son tan buenas. Nosotros tenemos un sistema de peajes y cobramos el mismo precio a todo el mundo según el mercado en el que se opera (contenedores, energéticos, graneleros). Para nosotros es irrelevante de qué país es el barco, lo que nos importa es qué cargas están transitando y qué esclusas se están usando. Además, tenemos un programa de lealtad: los que más usan el Canal tienen la ventaja de poder adquirir una reserva anticipadamente. Así que reglas claras, paz mental.

Otro problema que han debido enfrentar fue la decisión de la justicia panameña de revocar la concesión a la empresa hongkonesa Panama Ports Company. El gobierno de China reaccionó con fuerza y la empresa anunció acciones legales. ¿Se daña la imagen del canal con todo este problema?
No, para nada, y le explico por qué. Nosotros no tenemos nada que ver con los puertos, esa es responsabilidad de la Autoridad Marítima de Panamá. Somos dos entidades diferentes. El único manejo que tenemos con los puertos es que regulamos, como Canal, el ingreso y la salida de los buques. En el tema de Panama Ports Company el Canal no es partícipe, no tenemos nada que ver.
La importancia del Canal va más allá de lo geopolítico y lo económico. Es también un factor de orgullo patrio panameño. ¿Cuán fuerte está arraigado el canal en la cultura del país?
Muy arraigado, es un símbolo de orgullo para los panameños y las encuestas lo reflejan así, porque el canal fue la culminación de una lucha generacional de muchos años. La zona del Canal de Panamá antes era como un país dentro de otro país. Tenía bases militares, supermercados, tiendas, escuelas, y era una zona restringida que operaba bajo otro régimen. Además, no generaba ningún ingreso a Panamá porque las personas que vivían ahí no se incorporaban a la economía.
Y el paso de eso a control panameño marcó un hito.
Claro, y además el hecho de que el Canal de Panamá se ha manejado de una manera tan exitosa, tan transparente, y que le ha dado crecientes aportes al Estado, supone un símbolo de orgullo. Eso a nivel nacional nos da mucha fortaleza, y eso se mantiene con reglas claras y transparencia.
Además, a nivel internacional, más de 40 países han firmado el Tratado de Neutralidad, que señala que el canal debe permanecer abierto a todas las naciones del mundo para el beneficio del comercio mundial.
¿Qué sintió usted cuando vio que había una amenaza contra el Canal y varios países de América Latina alzaron la voz defendiendo este símbolo panameño?
Es un reflejo de cómo se ha manejado el Canal. Es bueno sentir ese cariño latinoamericano, de nuestros vecinos, de esas raíces latinas que tenemos. Definitivamente fue un espaldarazo, un sentimiento que nos regocija.
