Deben cumplir con importantes “corresponsabilidades”, como revisión médica anual para los ancianos o la obligación de vacunar y mantener escolarizados a los menores
Las caminatas de hasta ocho horas por el bosque de la comarca Ngäbe-Buglé, cada trimestre se han vuelto comunes para los indígenas beneficiados por una ayuda social de un máximo de $120 mensuales, que puede convertirse en un proyecto de “éxito” o ser una “migaja”, informó la agencia EFE.
La escuela pública de la comunidad de Peña Blanca, en lo profundo de esa comarca a casi 400 kilómetros de la capital, es el epicentro de la entrega de los bonos sociales. El evento no pasa desapercibido: decenas de vecinos de otros pueblos se acercan y muchos aprovechan para montar sus puestos de venta ambulante.
Entre el bullicio de las ventas, el dinero del bono suele diluirse rápidamente en las manos de quienes, tras un arduo camino que inicia de madrugada, compran comida, artículos de aseo, útiles escolares o telas tradicionales para volver cargados a sus casas.

El nombre de Peña Blanca hace honor a la vasta montaña que la rodea: Un peñón de aproximadamente 1,600 metros de altitud bajo el cual habita la comunidad, aislada de pueblos aledaños.
Hay cuatro programas de ayuda social que impactan a 186.225 panameños con un aproximado de $220 millones anuales dirigidos a adultos mayores sin pensión, familias en situación de extrema pobreza para mejorar en salud y educación, discapacitados severos y familias rurales en riesgo de inseguridad alimentaria.

Para recibir estos fondos, los beneficiarios deben cumplir con importantes “corresponsabilidades”, como revisión médica anual para los ancianos o la obligación de vacunar y mantener escolarizados a los menores, para que sean invertidos en alimentación, salud o proyectos que generen ingresos a las familias.
El bono ayuda a “echar para adelante” en esos lugares remotos, como relatan algunos beneficiados. Puede servir como capital semilla para un proyecto pequeño con generación de ingresos familiares o ser una “migaja” que apenas cubra los gastos básicos de hogares numerosos.
Un caso de éxito es el de la familia Salinas, que tras ahorrar el bono y recibir apoyo de organismos multilaterales ha sembrado unas 3,000 plantas de café, entre ellas la carísima variedad Geisha (en la última subasta internacional una empresa emiratí compró a más de $30,000 el kilo).
