El Pentágono consume munición por valor de $2,900 millones y compromete las entregas de armamento a sus aliados internacionales
En medio de la tregua con Irán, Estados Unidos están evaluando sus arsenales y las municiones utilizadas desde que el pasado 28 de febrero diera comienzo la guerra en Medio Oriente. Uno de los datos más reveladores anunciado por Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) tiene que ver con el uso de proyectiles, informó el diario La Razón.
En este sentido, el ejército de Estados Unidos ha disparado más de 1,100 misiles Tomahawk, una cifra que representa un tercio de su arsenal total. Según CSIS, el gasto en esta partida asciende a $2,900 millones de dólares.
El empleo de ese tipo de arma multiplica por cinco la capacidad de producción anual registrada en el 2026 y deja las existencias disponibles en la región bajo mínimos.
Durante el primer mes de ataques, Estados Unidos lanzó 850 proyectiles. El CSIS calcula que la industria estadunidense tardará hasta cuatro años en reponer los niveles de su inventario previos al conflicto. Actualmente, el ciclo de entrega de un misil Tomahawk desde su pedido hasta el despliegue final es de 47 meses.

Esta escasez ya afecta a la agenda militar del Pentágono. El Departamento de Defensa ha informado a sus aliados de retrasos en las transferencias de armamento previstas antes del inicio de la guerra. Por ejemplo, Japón, que esperaba recibir 400 unidades para equipar sus nuevos destructores, se enfrenta a retrasos indefinidas por la falta de excedentes.
Las fuerzas estadounidenses han consumido una cuarta parte de sus misiles JASSM y la práctica totalidad de los nuevos proyectiles PrSM utilizados por la artillería Himars. El informe concluye que, aunque Estados Unidos puede mantener el actual ritmo de fuego en Irán, la vulnerabilidad estratégica del país ante futuras guerras de alta intensidad ha crecido drásticamente.
El análisis del CSIS revela que si bien Estados Unidos cuenta con suficientes misiles para continuar esta guerra con Irán en todos los escenarios posibles, el riesgo que se plantea es que Estados Unidos se quede sin inventarios para futuras guerras, especialmente en el caso de los Tomahawk.
El Tomahawk es un misil de crucero de largo alcance, capaz de recorrer hasta 1,600 kilómetros a una velocidad de 800 kilómetros por hora, y dotado de una carga explosiva de hasta 450 kilogramos. Suele ser lanzado desde buques o submarinos contra objetivos terrestres, y ofrece ventajas como la capacidad de penetración en defensas aéreas y poder destructivo.
El Tomahawk marcó un hito en la evolución de la guerra de precisión. Su primer despliegue operacional en la Guerra del Golfo de 1991 revolucionó el concepto de ataque a objetivos estratégicos, demostrando la viabilidad táctica de los misiles de crucero de largo alcance. Desde entonces, ha sido empleado en múltiples operaciones en Medio Oriente con tasas de éxito generalmente elevadas.
