Esta semana Israel cometió una de sus mayores masacres desde el inicio de la tregua: Nueve muertos en la meridional Majdal Zoun, tres de ellos paramédicos de servicio
Bajo la sombra de un alto al fuego violado a diario, las víctimas se siguen acumulando en el Líbano, donde esta misma semana Israel cometió una de sus mayores masacres desde el inicio de la tregua: Nueve muertos en la meridional Majdal Zoun, tres de ellos paramédicos de servicio, informó la agencia EFE.
Fue el peor ataque de toda la guerra contra la Defensa Civil Libanesa, que este jueves despidió a sus tres miembros con un funeral conjunto en Tiro, en el sur del país. Familiares, compañeros y rescatistas de otras organizaciones les dieron el último adiós entre alaridos y pétalos de rosa lanzados al paso de los féretros.
Son las víctimas número 101, 102 y 103 del sector sanitario libanés desde el estallido del conflicto hace dos meses, pues Israel ha atacado a decenas de ambulancias y paramédicos mientras llevaban a cabo labores de emergencia, como hacían este martes Hadi, Hussein Ghadbouni y Hussein al Sati.
“Bajaron allí con permiso del ejército libanés y del mecanismo”, dice el también rescatista Mohamad Khalife, en referencia al comité de supervisión del alto al fuego establecido en el 2024, encabezado por Estados Unidos y Francia.

Antes del funeral en la sede de la Defensa Civil en Tiro, Khalife explica que las víctimas acudieron al lugar de un ataque previo y cuando intentaron salvar a un superviviente que gritaba desde debajo de los escombros, Israel les lanzó una bomba de sonido como aviso.
Según su versión, el ejército libanés les dio entonces luz verde para seguir adelante con el rescate, pero fueron igualmente alcanzados por un dron que les atacó “específicamente a ellos”.
“Nos sentíamos seguros porque había alto el fuego y, además, nosotros, como Dirección de la Defensa Civil, no salimos sin permiso del Ejército. Si no conseguimos la autorización del mecanismo, no podemos salir. Estaban trabajando legalmente y con la orden internacional que se supone que nos protege”, sentencia el compañero.
Los tres habían partido de este mismo centro donde hoy se celebró su funeral, el cuartel general de la organización para el distrito de Tiro. Aquí, asegura Khalife, todos son “como hermanos”, aunque él tenía una conexión “muy fuerte” concretamente con Hussein al Sati.

Antes de ser contratado, su amigo trabajó mucho tiempo como voluntario sin cobrar un céntimo, aunque en verdad los tres destacaban por sus ansias de ayudar, siempre dispuestos a desplazarse para cualquier operación “grande”, como la explosión de Beirut en el 2020.
El director general de la organización, Imad Khreiss, se pregunta en declaraciones a la agencia EFE si hay un alto el fuego “real” o no: “Era un área civil y el edificio era un edificio civil, y el herido que estaba entre los escombros era civil”, defiende, sobre la operación de rescate del martes.
El alto mando, que viajó hasta Tiro para el funeral, corrobora que estaban en contacto con el ejército libanés y con “el mecanismo”.
“Necesitamos una investigación sobre lo que ocurrió, porque tres de nuestros hijos murieron allí. Necesitamos una respuesta real a qué pasó, eso es lo que pedimos a toda la comunidad europea y toda la comunidad internacional que nos digan”, reclama Khreiss.
De tanto en tanto, resuena alguna explosión en la distancia, prueba de los bombardeos y las detonaciones de viviendas que continúan en el sur del país. Solo hasta el mediodía de este jueves de pseudotregua, el Ministerio de Salud Pública había anunciado nueve asesinatos y 23 heridos en varios ataques israelíes.
