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Flota de "lanchas mosquito" de Irán desquicia a la mayor Armada del mundo

Flota de "lanchas mosquito" de Irán desquicia a la mayor Armada del mundo

La combinación de lanchas rápidas, minas, misiles y drones permite a Teherán aumentar la presión con una tecnología barata pero de alto impacto militar

Los primeros ataques de la aviación estadounidense e israelí a finales de febrero y primeros de marzo destruyeron buena parte de la flota naval de la República Islámica, unos 158 barcos según proclamó Donald Trump.

Sin embargo, el pulso naval no quedó resuelto a tenor de los acontecimientos y el bloqueo permanente de Ormuz, donde se apilan 800 cargueros y hasta 20.,000 marineros a la espera de que sea reabierto. Nada parece más lejos ahora mismo. Teherán mantiene activa su flota de “lanchas mosquito”, formada por pequeñas embarcaciones rápidas operadas por el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica que bloquean la navegación por el Estrecho de Ormuz, informó el diario La Razón.

Esas lanchas rápidas -que se pueden equiparar en efectividad a los drones iraníes Shaed- forman parte de una estrategia de guerra asimétrica. Frente a los costosos e intimidantes portaaviones y destructores estadunidenses, Irán pone en juego pequeñas lanchas armadas capaces de boicotear la navegación a lo largo de la vía marítima que recibe el 20% del tráfico mundial de petróleo anual.

El objetivo de estas lanchas no puede ser un enfrentamiento directo con los buques de guerra enemigos, más bien se trata de intimidar y generar sensación de miedo entre las empresas de transporte marítimo. Algunas de ellas fueron atacadas por las pequeñas embarcaciones iraníes hace semanas y ahora no hay gigante de la comercio marítimo que se atreva a navegar por Ormuz, incluso bajo el paraguas protector de la Armada estadunidense.

Estas “barcas mosquito” están especializadas en “golpear y huir” y se mueven a modo de abeja, en formación de “enjambres”. Son difíciles de rastrear y están armadas con ametralladoras, dos misiles de crucero y minas.

No pueden hundir una fragata estadunidense, pero sí inutilizar cualquiera de sus helicópteros de combate, como el Apache. No actúan solas ya que Irán emplea al mismo tiempo misiles y drones lanzados desde tierra o desde las propias embarcaciones. “Si te pica una abeja, es una molestia; si te pica todo un enjambre, puede ser mortal”, sentenció la agencia Reuters.

Esas embarcaciones se esconden en cuevas bien protegidas y en bases camufladas a lo largo de los 1,700 kilómetros de costa iraní. Por tanto, son difíciles de detectar por los satélites estadunidenses.

Con un tamaño de entre entre 14 y 17 metros de eslora, alcanzan una velocidad de hasta más de 200 kilómetros por hora en algunos casos y pueden ser fácilmente repuestas ya que Irán pudo conservar cientos de ellas durante los primeros ataques enemigos.

Esa pequeña gran flota pertenece a la rama naval de la Guardia Revolucionaria, que actúa al margen de la Armada regular iraní. En realidad, no hay nada nuevo en esa táctica de guerra. En los años 80, la República Islámica ya utilizó movimientos similares con el uso combinado de misiles, minas y lanchas rápidas para controlar y atacar el tráfico en Ormuz, que en su parte más angosta tiene 33 kilómetros y aguas poco profundas.

Funcionó hace 40 años y parece que vuelve a funcionar ahora. Estados Unidos ha desplazado 15,000 efectivos a la zona junto con dos portaaviones y decenas de aviones y varios destructores, pero lo cierto es que aún no se ha atrevido a escoltar a buques mercantes por el estrecho, sino que ha aportado protección aérea y naval a distancia. En los 80, sin embargo, Estados Unidos respondió al bloqueo de Irán con una gran operación naval que incluía el despliegue de marines que destruyeron plataformas petroleras iraníes.

La tecnología y la geopolítica no son las mismas que entonces, pero si lo es el efecto paralizador que el bloqueo de Ormuz tiene sobre la economía mundial, con el precio del barril de petróleo por encima de los $100. Ni Trump ni sus generales han encontrado la fórmula para deshacer el nudo. Irán, fiel a su retórica intimidante, acaba de advertir que el enfrentamiento en el estrecho ni tan siquiera ha comenzado.

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