José Luis Moreno Casas, economista y autor de Geoeconomía estratégica, defiende que la apertura total o parcial del estrecho supondrá un punto de inflexión en la guerra de Irán
El Estrecho de Ormuz, una de las vías marítimas más críticas del mundo, ha sido el epicentro de una crisis geopolítica y geoeconómica de gran magnitud durante el 2026. Tras su cierre efectivo por Irán, el desbloqueo parcial o total representaría un punto de inflexión, informó el diario La Razón.
Las pasadas reaperturas anunciadas han sido muy frágiles con numerosos incidentes militares, condicionadas por los bloqueos navales recíprocos. El desbloqueo sostenido tiene unas repercusiones muy positivas a escala global, en lo económico y en lo energético.
El cierre del estrecho interrumpió aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y el 25% del gas natural licuado, además del tránsito del 40% de fertilizantes y queroseno de aviación. La mayor disrupción en la historia del mercado petrolero desde la crisis de 1973.
Una gran sangría económica para Europa de más de $650 millones diarios desde el 28 de febrero, sumando más de $50,000 millones. La crisis se ha apoyado en un inédito hasta ahora “doble bloqueo” tanto iraní como estadunidense, destacando la gran vulnerabilidad de las rutas estratégicas.

Los precios del Brent han superado los $126 por barril en momentos puntuales, impulsando la inflación global, encareciendo el transporte y afectando a las principales cadenas de suministro globales.
El desbloqueo del Estrecho de Ormuz debe producir una caída inmediata y significativa de los precios del crudo a medio plazo por debajo de los $60, dada la sobreoferta que vamos a ver en el mercado las próximas semanas hasta que se produzca el previsible ajuste del mercado.
Esperamos una menor presión de la inflación en las principales economías importadoras de crudo de Europa y en India, China y Japón. En los Estados Unidos, con un impacto relevante en los precios de la gasolina, se espera una rebaja para los consumidores, que no será inmediata dados los elevados seguros de riesgo de guerra y los problemas con los cuellos de botella logísticos.
La normalización no sería instantánea debido a los importantes daños sufridos por la infraestructura petrolera, refinerías, terminales y oleoductos en Irán, Arabia Saudita y otros países del Golfo, los más de 150 buques varados sin la tripulación necesaria para operarlos, las minas todavía sin desactivar y los elevados costes de los seguros que van a retrasar el retorno a los niveles anteriores a la crisis durante las próximas semanas.
Se estima un mínimo de 12 semanas para estabilizar estos flujos, con un “efecto rebote” limitado por los inventarios bajos y las reparaciones pendientes, con una clara afectación al comercio mundial.
Para los países del Golfo como Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Qatar, Kuwait e Irak, el desbloqueo reactivaría sus exportaciones, aliviando las pérdidas millonarias diarias que acumulan y permitiendo recuperar de nuevo los ingresos fiscales.
Qatar, el gran exportador de gas natural licuado, reanudará sus envíos a Europa y Asia, mitigando su actual crisis energética. La confianza en una tregua frágil tardará en restaurarse y las tensiones mantendrán las primas de riesgo altas.
Para Irán, el cierre ha sido una potente arma de presión cuyo uso unilateral ha dañado significativamente su propia economía, al bloquear sus propias exportaciones, con destino a China que ha comprobado su vulnerabilidad actual al depender de Irán en unas cantidades muy relevantes de su crudo.
La crisis humanitaria en Irán y los importantes daños a su infraestructura civil seguirán alimentando la inestabilidad regional. Un desbloqueo condicionado como el anunciado, con un levantamiento del bloqueo naval estadunidense, le permitiría volver a los ingresos por la venta de petróleo, aunque sea bajo determinadas sanciones y una vigilancia estricta. En principio, descarto la persistencia de las “tasas de servicio” bajo control iraní sobre el tránsito debido a que generarían unas fricciones continuas.
China e India, los principales importadores del crudo de la zona, se van a beneficiar de manera rápida. Países en desarrollo de África y Asia, muy vulnerables a los shocks energéticos y de los fertilizantes, podrán evitar las hambrunas anunciadas por la ONU.
Para Trump, la clave es cerrar correctamente un acuerdo nuclear de seguridad duradero donde quede claro el destino de los 450 kilos de uranio enriquecido al 65% de uso exclusivo militar. La reapertura implica el complejo desminado efectivo, la escolta de buques y una presencia naval internacional prolongada con probable participación de la OTAN con riesgos de incidentes, con una nueva arquitectura de seguridad en el Golfo, todavía por definir.
El desbloqueo impulsará los mercados bursátiles, como hemos visto en los numerosos repuntes de Wall Street tras los sucesivos anuncios. Este movimiento estabilizará el crecimiento global dejando la secuela de una inflación acumulada, una deuda pública más alta tanto en los países importadores como en aquellos que han comprometido su costosa maquinaria de guerra en esa crisis.
