El periodismo que desafía el silencio, cuestiona las versiones oficiales y permanece en el terreno para comprender realidades complejas fue el gran protagonista este viernes en la entrega del Premio Gabo 2026, que reconoció trabajos de España, Brasil y El Salvador
La ceremonia, celebrada en el Teatro Municipal Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, abrió la XIV edición del Festival Gabo con una defensa del periodismo como un oficio que, en palabras del director y cofundador de la Fundación Gabo, Jaime Abello, sigue siendo indispensable porque “todavía sabe hacer las preguntas que importan”.
Abello aseguró que, en un contexto de sobreabundancia de información y creciente polarización, “nunca habíamos tenido tanta información disponible y al mismo tiempo nunca ha sido tan complejo comprender el mundo”.
Durante la ceremonia, los asistentes rindieron homenaje a los periodistas asesinados en Colombia este año, Mateo Pérez Rueda y Cristian Herrera.
“Hay listas que ninguna organización tendría que escribir. La FLIP lleva 30 años escribiendo una de ellas”, afirmó la directora ejecutiva de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), Sofía Jaramillo, quien recordó que ambos hacen parte de los 171 periodistas asesinados por informar en Colombia.

La directora de la FLIP advirtió además que “el asesinato de cada periodista deja una historia sin terminar” y “también le arrebata a una comunidad la posibilidad de conocer mejor su propia realidad”, antes de concluir que “ninguna historia merece la muerte de quien la cuenta”.
Los premiados
El Premio Gabo en la categoría de Texto fue para ‘El exilio nos alcanza’, de Carlos Martínez y Óscar Martínez, de El Faro, quienes dedicaron el reconocimiento a los periodistas salvadoreños obligados al exilio y reivindicaron la comunidad del periodismo iberoamericano frente a los intentos de silenciar la prensa.
En Audio fue premiado el pódcast producido por la televisión vasca ‘Se llamaba como yo’, recibido por la periodista vasca Isabel Cadenas Cañón, una investigación sobre el impacto de la violencia de ETA a partir del asesinato en 1960 de la niña Begoña Urroz.
Cadenas afirmó que las historias que permanecen ocultas “terminan regresando como dolor heredado, como un fantasma o como mentira de Estado” y aseguró que los periodistas seguirán ahí “para romper esos silencios”.
La brasileña Gabriela Biló recibió el galardón en Fotografía por ‘Como sobrevivem as democracias’, un trabajo sobre la crisis política de Brasil que, según dijo, le permitió comprender que “nada está garantizado”.
También de Brasil llegó el premio en Imagen para el documental ‘Terceirão – um ano, quatro vidas’, recogido por Caio Cavechini, quien agradeció a los cuatro jóvenes protagonistas por abrir las puertas de sus vidas y permitir que el equipo contara algunos de sus momentos más difíciles.
El premio en Cobertura fue para ‘A política da bala’, una investigación sobre la violencia policial en São Paulo que pone el foco en las víctimas de las operaciones de seguridad y en la necesidad de documentar sus historias.

La mirada desde el terreno
El Reconocimiento a la Excelencia fue entregado a Catalina Gómez Ángel, corresponsal colombiana radicada desde hace casi dos décadas en Teherán, quien defendió el valor de permanecer sobre el terreno para contar los conflictos.
“Para eso estamos los periodistas, para detectar esos cambios y contarlos. Nuestro oficio consiste primero en intentar entender”, afirmó Gómez Ángel.
La periodista también reivindicó “la importancia de estar en las calles, de viajar alrededor de los países que cubrimos, de observar, de conversar, pero especialmente de oír a aquellos que tienen algo que decir, pero que muchos no quieren escuchar”, y dedicó el reconocimiento “a muchas mujeres en lengua hispana y portuguesa que hemos elegido contar el mundo lejos de nuestras fronteras”.
La ceremonia también dio espacio a otro de los debates que atraviesan el oficio como la violencia sexual dentro de las redacciones, como apuntó la periodista colombiana Jineth Bedoya, quien hace dos meses denunció ante la Fiscalía a un colega.
“La justicia tendrá la última palabra, pero yo, como periodista y como sobreviviente de violencia sexual, tengo el deber ético de no silenciarme”, afirmó Bedoya, quien defendió la construcción de memoria “a través de un buen periodismo”.
