El Canal de Panamá no está cerrado. Los barcos siguen cruzando, las esclusas continúan operando y el comercio internacional mantiene su tránsito por la vía interoceánica. Pero una cifra vuelve a encender las luces amarillas: 48,5 pies
Desde el pasado 15 de agosto, ese es el calado máximo establecido para los buques que utilizan las esclusas Neopanamax, una medida adoptada por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ante las condiciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño.
La decisión puede parecer estrictamente técnica, pero detrás de esos 48,5 pies se esconde uno de los mayores desafíos estratégicos que enfrenta Panamá: tener suficiente agua para garantizar la operación del Canal.
Según la propia ACP, la reducción del calado no implica por ahora disminuir el número de tránsitos diarios. Sin embargo, algunos buques podrían verse obligados a reducir su carga para cumplir con las condiciones de profundidad.
Y ahí está el problema
El Canal puede tener capacidad para recibir barcos, pero necesita agua para moverlos. Una historia que Panamá ya vivió La memoria de la crisis hídrica de 2023 todavía está fresca.
Durante aquella temporada, la disminución de las lluvias y los bajos niveles de los lagos obligaron al Canal a reducir progresivamente los tránsitos y establecer restricciones de calado.
El impacto trascendió las fronteras panameñas. Navieras internacionales tuvieron que ajustar operaciones, algunos buques redujeron carga y otros buscaron rutas alternativas.
El fantasma de 2023 vuelve a mirar desde el horizonte
La reducción anunciada para este 15 de agosto no es un hecho aislado.
La ACP ya había programado una reducción a 49 pies desde el 24 de julio, para posteriormente llevar el límite a 48,5 pies. Y las proyecciones anunciadas contemplan nuevas reducciones: 48 pies a partir del 26 de agosto y 47,5 pies desde el 3 de septiembre, si las condiciones así lo requieren.
La secuencia resulta significativa
Cada reducción representa una señal de precaución.
No necesariamente significa que el Canal esté en crisis. De hecho, la administración ha sostenido que los niveles de los lagos permiten mantener las operaciones y que el número de tránsitos no está siendo reducido por ahora.
Pero sí demuestra que el agua volvió a convertirse en la variable estratégica que puede determinar cuánto comercio puede pasar por Panamá.
Ahora la estrategia parece ser diferente
La ACP está actuando de manera preventiva para evitar que las reservas de agua lleguen nuevamente a niveles críticos.
De acuerdo con información publicada por La Prensa, el Canal ha venido aplicando restricciones progresivas de calado debido a la evolución de las condiciones climáticas y a la necesidad de preservar las reservas de agua.
El calendario refleja esa cautela. El límite había sido establecido en 49 pies, pasó posteriormente a 48,5 pies y contempla nuevas reducciones si las condiciones hídricas así lo requieren.
La Estrella de Panamá reportó que el calado podría bajar a 48 pies el 26 de agosto y a 47,5 pies desde el 3 de septiembre, dependiendo de la evolución de las condiciones. Por ahora, no hay una nueva crisis de tránsito. Pero sí existe una advertencia.
Un gigante que mueve al mundo
Para entender la dimensión del problema basta mirar las estadísticas.
Durante el año fiscal 2025, el Canal registró 13,404 tránsitos, frente a 11,240 en 2024, lo que representó un aumento de aproximadamente 19,3 %, según las cifras oficiales de la Autoridad del Canal de Panamá.
De ese total, 3,342 fueron buques Neopanamax y 10,062 correspondieron a buques Panamax. La cifra adquiere otra dimensión cuando se observa el papel internacional de la vía.
Según la ACP, aproximadamente 3 % del comercio marítimo mundial pasa por el Canal, que conecta alrededor de 1,920 puertos en 170 países.
Cada barco que cruza transporta mucho más que toneladas de mercancía. Transporta combustibles, alimentos, vehículos, materias primas y productos que forman parte de cadenas de suministro que llegan a millones de personas.
Por eso, cuando Panamá reduce el calado, el impacto potencial no termina en las esclusas.
Cuando un pie puede costar millones
El calado determina qué tan profundo puede hundirse un barco. Reducirlo significa que determinados buques pueden tener que navegar con menos carga. Eso puede traducirse en mayores costos para las navieras y menor eficiencia en determinadas rutas comerciales.
La ACP ha indicado que la medida actual afecta principalmente a los buques que requieren mayor profundidad, mientras la operación general de la vía continúa con normalidad. Pero existe una preocupación mayor.
¿Qué ocurre si el agua continúa disminuyendo?
La respuesta está en la experiencia reciente. En 2023, el Canal tuvo que tomar medidas mucho más drásticas. Y Panamá sabe que no puede esperar a que la situación llegue nuevamente a ese punto. Porque esta vez el problema ya no es una sorpresa. El agua se ha convertido en una variable estratégica del Canal.
Y esa historia apenas comienza.


