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Niños esperando familia: Asamblea busca meterle velocidad a las adopciones

Niños esperando familia: Asamblea busca meterle velocidad a las adopciones
Foto: EFE/ Elvis González

La Asamblea revisa cambios a la Ley General de Adopciones para reducir la burocracia y establecer tiempos más claros. El reto será acelerar los procesos sin sacrificar las investigaciones que deben proteger a cada menor

Hay expedientes que esperan meses y procesos que pueden prolongarse durante años. Mientras los documentos pasan de una institución a otra, hay niños que siguen esperando una familia.

Ese es el problema que vuelve a poner sobre la mesa la discusión de la Ley General de Adopciones.

La Comisión de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la Familia analiza modificaciones destinadas a agilizar los trámites, aclarar procedimientos y establecer plazos para las investigaciones, con la intención de reducir las demoras que actualmente enfrentan las familias interesadas en adoptar.

No se trata de adoptar más rápido, sino mejor

Aquí está el punto delicado. Agilizar no puede significar bajar los controles. Cada proceso debe garantizar que el menor llegue a un hogar seguro, estable y adecuado. Pero tampoco puede utilizarse la protección como argumento para justificar una burocracia interminable.

La pregunta es sencilla:

¿Dónde está realmente el cuello de botella?

¿En las investigaciones sociales y psicológicas? ¿En la SENNIAF? ¿En los tribunales? ¿En el Registro Civil? ¿O en la falta de coordinación entre las instituciones?

Si la reforma no responde eso, podríamos terminar cambiando la ley sin cambiar el problema.

El tiempo también cuenta

La SENNIAF reportó 36 adopciones concretadas durante 2025, una cifra que obliga a mirar más allá del número de adopciones realizadas y preguntar cuántos menores permanecen bajo protección institucional y cuánto tiempo esperan antes de encontrar una familia permanente.

Porque en cualquier otro trámite una demora puede ser una molestia.

En una adopción, la demora se mide en meses de la vida de un niño.

Por eso la Asamblea debería aprovechar esta reforma para exigir algo más que nuevos procedimientos: estadísticas claras, tiempos medibles, responsables identificables y transparencia sobre dónde se atascan los expedientes.

El protagonista no es el expediente

La discusión no debería convertirse en otra batalla política entre instituciones. El protagonista es el niño.

Una buena reforma será aquella que reduzca los tiempos innecesarios, mantenga controles rigurosos y permita que los menores que ya cumplen las condiciones legales puedan encontrar antes un hogar definitivo.

Porque mientras los diputados discuten artículos y procedimientos, hay una realidad que no espera: niños que siguen esperando una familia. Y la pregunta que queda sobre la mesa es incómoda:

¿Cuánto tiempo más tendrá que esperar un niño mientras el Estado intenta arreglar su propio sistema?

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