La rápida expansión de centros de datos destinados a la inteligencia artificial (IA) puede amenazar la resiliencia de las redes eléctricas, y también plantea desafíos medioambientales por el uso de agua y suelo
En un documento elaborado por sus expertos de cara al Comité de Energía Sostenible que la UNECE celebra este mes, se subraya que en muchas regiones el crecimiento de la demanda procedente de instalaciones de gran consumo eléctrico está superando el ritmo de expansión de las infraestructuras eléctricas.
Mientras centros de datos para la IA pueden desplegarse en un plazo de entre dos a cinco años, las redes de transmisión pueden necesitar más de una década, debido a las limitaciones derivadas de la planificación y la concesión de permisos, subraya UNECE.
El organismo advierte que estos incrementos de demanda ya están causando desajustes en países como Irlanda, que ha tenido que empezar a introducir restricciones a las conexiones en Dublín, o en Países Bajos, donde se han endurecido los requisitos para nuevos proyectos en el sector de los centros de datos.
La agencia alerta además de que en redes con elevada proporción de energía procedente de fuentes renovables los centros de datos de IA “pueden tener efectos desproporcionados sobre la estabilidad de la tensión y la frecuencia” por la rápida variabilidad de la demanda.
En casos extremos, “puede provocar oscilaciones de tensión, desconexiones imprevistas y fallos en cascada”, advierte la UNECE.
Se prevé que el consumo mundial de electricidad en estos centros de datos aumente de aproximadamente 485 teravatios-hora en 2025 a 950 en 2030, lo que ya equivaldría al 3 % de la demanda mundial total.
Al mismo tiempo, se calcula que el gasto de capital en centros de datos en todo el mundo aumente de los 800.000 millones de dólares actuales a 1,8 billones hacia 2050.
UNECE recomienda en este contexto una mayor coordinación entre empresas responsables de estos centros de datos y reguladores, operadores del sistema, autoridades locales y organismos responsables del agua, el uso del suelo y las infraestructuras.
“Sin un diseño deliberado de las políticas, muchos países corren el riesgo de utilizar una electricidad escasa para generar valor en materia de IA que acaba siendo captado externamente, mientras asumen a nivel interno los costes de las infraestructuras y los efectos sobre el mercado laboral”, advierte.
