El balance preliminar de Sinaproc contabiliza 2,164 familias afectadas. La emergencia pone el foco en la atención a los damnificados, la disponibilidad de refugios y la entrega de ayuda para quienes perdieron sus hogares
El impacto del terremoto en Panamá comienza a dimensionarse en las cifras de familias afectadas y viviendas dañadas. El Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) reportó preliminarmente 7,480 personas afectadas en nueve provincias, agrupadas en 2,164 familias, mientras 506 viviendas figuran con pérdida total.
El balance también registra familias cuyas casas presentan distintos niveles de afectación: 507 con daños moderados, 776 con daños parciales y 375 con daños leves. Las cifras reflejan la magnitud de las consecuencias del movimiento sísmico y la necesidad de mantener las evaluaciones sobre el terreno.

Perder la vivienda es apenas el comienzo
Detrás de cada cifra hay familias que necesitan saber dónde pasarán la noche, cómo protegerán sus pertenencias y cuándo podrán regresar a sus hogares sin exponerse a nuevos riesgos.
La pérdida total de una vivienda supone un desafío que va más allá de la reparación de estructuras. También implica garantizar alojamiento temporal, alimentación, agua potable, atención médica y acompañamiento a quienes deban abandonar sus casas.
En los casos de daños parciales o moderados, las autoridades deben determinar si las estructuras pueden seguir utilizándose o si requieren reparaciones antes de ser ocupadas nuevamente.

La respuesta debe llegar a quienes más lo necesitan
Con miles de personas afectadas, la atención de la emergencia exige identificar con precisión a las familias damnificadas, verificar los daños y establecer prioridades para distribuir los recursos disponibles.
La entrega de materiales de construcción, la habilitación de refugios y el apoyo a quienes perdieron sus viviendas serán determinantes para evitar que la emergencia se prolongue por falta de asistencia.
También será importante que las autoridades mantengan información pública y actualizada sobre los daños, las personas atendidas y la ayuda entregada, de manera que la ciudadanía pueda conocer cómo evoluciona la respuesta.

Un balance que todavía puede cambiar
Las cifras reportadas son preliminares y pueden variar a medida que los equipos técnicos completen las inspecciones y actualicen los registros.
El desafío inmediato es convertir el levantamiento de daños en soluciones concretas para las familias afectadas. Porque el balance de un terremoto no termina cuando se contabilizan las viviendas destruidas, sino cuando quienes las perdieron reciben apoyo y condiciones seguras para reconstruir sus vidas.
La pregunta es inevitable: ¿cuánto tiempo tendrán que esperar las familias que se quedaron sin casa para recibir una respuesta concreta?
