La cumbre Trump-Kim o la atracción de los polos opuestos

La cumbre Trump-Kim o la atracción de los polos opuestos
El presidente de Estados Unidos Donald Trump y el líder de Corea del Norte Kim Jong Un en una pantalla de televisión, el 11 de junio de 2018 en Seúl, víspera de su histórica reunión. Foto/AFP

A primera vista parece difícil imaginar dos personas más distintas que Donald Trump y Kim Jong Un, quienes celebrarán el martes una cumbre tan histórica como improbable. Pero, si se mira de cerca, tienen muchos puntos en común

El multimillonario estadounidense, quien cumplirá 72 años dos días después de la cumbre, fue el presidente de mayor edad en asumir funciones en la historia de su país.

Treintañero, cuya edad precisa se desconoce, el líder norcoreano es uno de los dirigentes más jóvenes del mundo y lleva seis años en el poder.

Ha sido el artífice de una fulgurante aceleración de los programas atómico y balístico de su país, al punto de poder lanzar un misil que alcance al territorio norteamericano.

Una proeza que agravó las tensiones entre Washington y Pyongyang, dos capitales que hace sólo algunos meses intercambiaban amenazas sobre un apocalipsis nuclear, y sus dirigentes rivalizaban en materia de insultos.

Mientras Trump calificaba a Kim de “hombrecito-cohete”, “cachorro enfermo” o simplemente de “gordito”, éste prometía meter en vereda al “pastel norteamericano enfermo mental”.


Pero, la retórica se apaciguó espectacularmente en tanto este año se confirmó la distensión en la península coreana dividida.

“Pienso que van a entenderse bien”, predice John Delury, profesor de la universidad Yonsei de Seúl. Añadiendo: “Contrariamente a lo que se podría pensar, creo que se escucharán”.

– Capacidad de escuchar –

Kim Jong Un, quien hasta este año no había realizado ninguna visita oficial al exterior, se distinguió por dar la impresión de saber escuchar.

Se le vio conversar durante largo rato con el presidente chino, Xi Jinping, en una playa de Dalián, en el noreste de China; e incluso mantener una actitud más respetuosa ante el presidente surcoreano, Moon Jae-in, durante un té al aire libre en la Zona desmilitarizada (DMZ) qua divide la península.

Y, a pesar de su imagen, el magnate estadounidense también supo preguntar y escuchar con atención durante visitas a China y Corea del Sur, observa Delury.

 

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