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El rap se vuelve popular entre los jóvenes rusos, el Kremlin está preocupado

El rap se vuelve popular entre los jóvenes rusos, el Kremlin está preocupado
Yegor Rakitin, de 19 años, quien es conocido como Big Baby Tape, en una presentación realizada en Moscú, en marzo. Internet en Rusia se ha convertido en la fuerza dominante en la industria de la música para los jóvenes, y eso ha cambiado la dinámica. FOTO Sergey Ponomarev, NYT

Una noche de viernes hace poco, el rapero Big Baby Tape subió al escenario en un club atestado en esta antigua ciudad cerca de Moscú para comenzar una gira de 32 fechas.

Rusia — La multitud, principalmente adolescentes, gritaba su nombre con euforia, saltando y chocando entre sí mientras comenzaba a sonar la música enérgica con el sonido dominante del bajo.

Hace tan solo un año, Big Baby Tape únicamente era conocido entre los aficionados al rap. Sin embargo, en noviembre, lanzó Dragonborn, su primer álbum de estudio, y lo publicó en las redes sociales y las plataformas de streaming. El disco tuvo una difusión limitada en la radio rusa y no se mostró ningún video musical en televisión.

Aun así, recibió una certificación de platino en tres días. Las canciones de Dragonborn se reprodujeron más de 300 millones de veces en VK, la principal red social y plataforma de contenidos en línea en Rusia, y estuvieron en la lista de canciones más populares de Apple Music durante meses. De un momento a otro, este rapero subestimado cuyo nombre es Yegor Rakitin, se convirtió en una celebridad. Actualmente usa grandes lentes oscuros cuando está en público para evitar que lo reconozcan.

“Jamás invertí dinero en la promoción del disco”, dijo Big Baby Tape, que nació cinco días después de que Vladimir Putin se convirtiera en presidente de Rusia en 1999. “Actualmente puedes ganar dinero gracias a las plataformas en línea”, agregó.

Hace tan solo unos años, el ascenso de Big Baby Tape no habría sido posible en Rusia, donde la industria de la música pop es fuertemente vigilada por los funcionarios culturales leales al Kremlin. Los productores veteranos de música fungían como guardianes de las apariciones en televisión y de las estaciones de radio, asegurándose de que el contenido no se saliera de la raya. Sin apariciones en televisión ni en la radio, los artistas no podían llenar grandes recintos de conciertos.

No obstante, como en otros países, internet en Rusia se ha convertido en la fuerza dominante en la industria de la música para los jóvenes, y eso ha cambiado la dinámica. En abril, el número de suscriptores abonados a Yandex Music, una de las principales plataformas rusas de contenido en línea, alcanzó la cifra de 1,7 millones, casi el doble en tan solo un año. Junto con los usuarios que no pagan, alrededor de veinte millones utilizan el servicio cada mes.

Con la ayuda de ese tipo de medios, ha florecido una vibrante cultura del rap, independiente del gobierno y su estética y valores preferidos. Han comenzado a aparecer nuevas estrellas que exploran subgéneros y rompen tabúes.

“Los raperos no trataron de someterse para aparecer en televisión, lo cual implicaría limpiar todas las referencias a las drogas, las groserías y los comentarios sexuales de sus letras”, dijo Andrei Nikitin, de 40 años, editor de The Flow, un sitio web que ha dado seguimiento al mundo del rap durante años.

El rap ha comenzado a capturar la atención de los jóvenes en Rusia ahora que las personas de 24 años o menos están empezando a criticar más al gobierno, de acuerdo con varias encuestas.

El Kremlin parece preocupado. En 2018, decenas de conciertos fueron cancelados y, en noviembre, el rapero Husky —también conocido como Dmitri Kuznetsov— fue detenido por la policía en la ciudad de Krasnodar tras intentar ofrecer una presentación improvisada arriba de un auto después de que cancelaran un concierto que iba a dar.

En diciembre, Putin convocó a una reunión del consejo que lo asesora en temas de cultura, y le ordenó a su gobierno que desarrollara un programa que aumentara el papel del Estado en la música pop con la entrega de subsidios y la apertura de estudios musicales en todo el país. El gobierno señaló que comenzaría a filtrar contenido indeseado en internet, pero no ha encontrado una solución técnica que sea eficaz para lograrlo.

“El impacto del hip-hop ha sido gigantesco”, dijo el rapero Oxxxymiron, de 34 años, pionero del hip-hop independiente en Rusia. “Mediante la música, el arte visual, el cine, el baile, la ropa y más, los valores clave del hip-hop se han transmitido a través de la cultura rusa contemporánea”.

“Los jóvenes rusos son más cosmopolitas, saben más sobre las tendencias occidentales e internacionales de la actualidad, son más tolerantes respecto de otras etnias y tradiciones, y son más conscientes de los asuntos sociales y políticos que se viven al otro lado del océano”, dijo Oxxxymiron, también conocido como Miron Fyodorov. “Esto cambiará inevitablemente lo que esta generación siente respecto de sí misma y el mundo”.

Aunque la mayoría de los raperos evitaron hacer declaraciones políticas directas en sus letras, abordaron temas muy distintos del pasado glorioso que elogia gran parte de la producción cultural patrocinada por el Estado ruso. Las conmemoraciones de la Segunda Guerra Mundial o las victorias deportivas soviéticas, dos temas populares en el cine y la televisión, tienen poco que ver con la vida cotidiana de los jóvenes. Las canciones de Skryptonite, por ejemplo, ofrecieron un vistazo a la realidad oscura y llena de alcohol de la vida urbana postsoviética. Gorgorod, un álbum conceptual de Oxxxymiron, cuenta una compleja historia sobre la relación tensa entre un escritor ambicioso y el alcalde hambriento de poder de una ciudad imaginaria.

Además, conforme Rusia se volvía más insular tras el conflicto con Occidente respecto de Ucrania, los raperos rusos estaban mirando hacia afuera, inspirándose y tomando elementos de culturas extranjeras.

Big Baby Tape, por ejemplo, mezcló la jerga estadounidense que aprendió de los videojuegos con su cadencia rusa, llena de groserías. El rapero Face, que ganó fama con canciones ruidosas que rompen tabúes, se inspiró en el movimiento rap de SoundCloud en Estados Unidos.

En 2017, los funcionarios en las ciudades de Novosibirsk, Omsk y Perm cancelaron los conciertos de Face, citando presiones de organizaciones locales antidrogas. En la ciudad sureña de Belgorod, los organizadores le pidieron al rapero que presentara el himno nacional ruso antes de un concierto. Él se rehusó y canceló el espectáculo.

Después de eso, Face “decidió grabar un feroz disco de punk que destruiría al gobierno, como lo hicieron N.W.A. o Public Enemy”, comentó. En septiembre lanzó Ways Are Mysterious, un disco lleno de críticas intransigentes contra la Rusia de la actualidad, en el que rapeó: “La libertad de expresión ha recibido cadena perpetua aquí; esto es Rusia”.

El álbum convirtió a Face, que creció en la ciudad industrial de Ufa, en un favorito de los activistas de oposición y de los periodistas liberales, pero desconcertó a muchos de sus admiradores más jóvenes, quienes estaban acostumbrados a su estilo punk y ramplón.

El impacto de internet y el auge del rap que le siguió han sido tan profundos que incluso los defensores de la vieja cultura convencional han comenzado a darse cuenta.

Igor I. Matvienko, un influyente productor musical ruso y aliado cercano de Putin que ya ha hecho llamados a favor de la prohibición del rap, dijo que “la industria ha cambiado por completo” y que el cambio es irreversible.

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