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La reaparición del calamar gigante desde las profundidades del mar

La reaparición del calamar gigante desde las profundidades del mar
Un calamar gigante joven se acerca a un aro de ledes en el sistema de cámaras Medusa. (Video por Edie Widder y Nathan Robinson)

La oceanógrafa Edie Widder estaba almorzando en el comedor de la embarcación de investigación Point Sur cuando su colega Nathan J. Robinson entró corriendo. No era necesario que dijera nada; de hecho, no parecía poder hablar. Widder corrió desde la mesa, el pasado 19 de junio, porque de inmediato supo que la expedición había encontrado algo.

Widder, fundadora de la Ocean Research and Conservation Association (asociación de investigación y conservación oceánicas), fue parte de un equipo de científicos que grabó en 2012 el primer video de un calamar gigante en su hábitat natural; fue captado cerca del archipiélago japonés de Ogasawara. Para esa expedición, Widder desarrolló un sistema especial de cámara llamado Medusa, que utiliza la luz roja para iluminar la toma (la mayoría de las criaturas marinas no pueden ver esa luz) y está atada a un tubo plástico óptico que funge como anzuelo: tiene un halo de ledes que se parece al de una medusa luminiscente.

En ese entonces, la teoría de Widder al desarrollar Medusa había sido que los sonidos y luces de los vehículos de operación remota o de sumergibles no permitían a los investigadores realmente ver la vida en el fondo del océano como es naturalmente, porque asustaban a las criaturas más grandes.

Después del avistamiento en Japón, Widder quiso poner a Medusa a prueba en otra parte del mundo. Y así, en la expedición llamada Journey Into Midnight: Light and Life Below the Twilight Zone (Viaje hacia la medianoche: luz y vida debajo de la zona del claroscuro), el sistema de cámaras estuvo quince días por el golfo de México, con financiamiento de la Oficina de Investigación y Exploración Oceánica, parte de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica estadounidense (NOAA).

Antes de irrumpir en el comedor, Robinson —quien dirige el Instituto Cabo Eleuthera, en las Bahamas— había estado revisando los videos que obtuvo Medusa en esa expedición.

Hasta ese momento, la cámara había mostrado diversas maravillas del mar profundo: tiburones linterna, medusas y lo que los investigadores creen que es la primera grabación de camarones bioluminiscentes en su hábitat silvestre.

Luego, al revisar alrededor de la hora veinte de la grabación del quinto despliegue de Medusa, Robinson vio que se acercaban tentáculos a la toma. “Sentí que me iba a explotar el corazón”, dijo vía telefónica desde el Point Sur el 21 de junio.

Al principio, el animal se quedó en los márgenes de la pantalla; parecía que el calamar estaba al acecho de su presa: el anzuelo de ledes.

Y luego, por en medio de la nieve marina (materiales orgánicos que se acumulan en el fondo del océano), surgió la criatura completa: un animal ondulante y largo cuyos tentáculos se extendieron hacia el anzuelo.

Por un momento, el calamar se quedó aparentemente confundido por lo que había parecido ser una medusa pero no lo era. Y un segundo después, desapareció de nuevo en la oscuridad.

El video entusiasmó a los científicos. “La gente empezó a asomarse, gritando y muy emocionados, pero sin quererse ilusionar de más”, dijo Widder. “Porque teníamos que estar seguros de que sí era lo que pensábamos”.

El equipo de la expedición revisó la grabación del ataque al anzuelo, de veinticinco segundos, una y otra vez con detenimiento para estudiar los detalles de cómo eran las ventosas en los tentáculos y dónde estaban posicionadas en comparación a los libros de identificación especializada. (Los calamares gigantes no son los únicos calamares que habitan en las profundidades del océano y este apenas —apenas— medía unos 3 metros, lo cual lo vuelve un joven porque la especie puede crecer hasta a 12 metros).

El equipo después se puso en contacto con Michael Vecchione, experto en cefalópodos vinculado a NOAA y parte del Museo de Historia Natural del Smithsonian, para confirmar el avistamiento. Vecchione estuvo de acuerdo: este era un calamar gigante, un Architeuthis, como el monstruo literario de Julio Verne.

Esta ha sido apenas la segunda expedición en lograr grabar a tal espécimen en su hábitat natural de aguas profundas y el primero en ser grabado en las aguas estadounidenses. Otro video fue tomado en 2015 cerca de la bahía Toyama de Japón. El actual fue captado unos 160 kilómetros al suroeste de Nueva Orleans, cerca de la plataforma petrolera flotante más grande de Shell en el golfo de México.

Sönke Johnson, profesor de Biología de la Universidad de Duke y líder de la expedición, comentó que la experiencia les subrayó lo cerca que pueden estar las maravillas de la naturaleza, que parecerían distantes, a infraestructura humana y el impacto de la humanidad, como un posible derrame petrolero.

“A menos de 100 kilómetros de la costa se pueden ver estas cosas que solían aparecer en las esquinas de los mapas antiguos, con advertencias tipo ‘Aquí hay dragones’”, dijo Johnson. “Puedes estar acá y debajo de ti hay un calamar gigante, ¡cosas que no puedes ni imaginarte! Son parte de nuestra tierra”.

Quienes investigan los mares profundos han recalcado desde hace tiempo que la ciencia todavía sabe menos sobre las aguas profundas poco exploradas que lo que sabe sobre la superficie de Marte.

El calamar gigante fue por mucho tiempo un ejemplo de esa realidad: la colosal criatura era conocida por los humanos solamente porque especímenes muertos aparecían en las orillas de océanos o los picos enormes habían sido encontrados en los estómagos de cachalotes, el principal depredador del cefalópodo.

El agotamiento de recursos pesqueros también ha forzado a los barcos de pesca a buscar en aguas más profundas, por lo cual algunos especímenes de calamar gigante han terminado en redes, pero eso no da muchas indicaciones sobre el mundo del animal. El cuerpo por sí solo, dijo Vecchione, “no nos dice nada sobre cómo viven en su ambiente natural”.

El nuevo video, que fue grabado a 759 metros de profundidad en un área oceánica cuyo fondo está a 2200 metros, ofrece algunas pistas sobre el hábitat del animal y los métodos de caza que usa.

Widder diseño el anzuelo óptico para que se parezca a las luces que emiten las medusas cuando están siendo atacadas. De acuerdo con la teoría sobre bioluminiscencia apodada “atraer al ladrón con la alarma del auto”, esas luces pretenden atraer a un depredador más grande que ataque a lo que sea que quiere atacar a la medusa. Que el aparato de Widder haya logrado atraer a un segundo calamar gigante parece respaldar la teoría.

Sin embargo, los científicos no tienen muchas pistas respecto a cómo es la situación actual de la especie de calamar ahora que se están calentando tanto y acidificando los océanos. “Puede que dejen de existir sin que siquiera lo sepamos”, remarcó Robinson.

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