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Las nuevas quinceañeras

Las nuevas quinceañeras
Amina Sherif Hamza, centro, en su quinceañera con su madre, Leslie Henderson Oaxaca, izquierda, y Myree Tillotson, en Bakersfield, California, 12 de octubre de 2019. Amina diseñó su membrillo para honrar su fe musulmana, como el rito tradicional de El pasaje se ha convertido más en una celebración de identidad en los Estados Unidos. (June Canedo / The New York Times)

Jayla Sheffield, de 15 años, volteó a un lado y al otro. Ella y seis amigas, todas con shorts negros, tenis Nike blancos y camisetas que decían “Los 15 de Jayla”, se detuvieron un segundo, listas para dar inicio a una noche de festividades con una coreografía que habían ensayado durante meses.

La ocasión, que convocó a más de cien personas en Pomona, California, fue lo que Jayla y su madre, Miranda Sheffield, llamaron una “quincenegra”, un término que acuñaron a fin de hacer honor tanto a la ascendencia afrolatina de Jayla como a la tradicional costumbre de celebrar la transición de niña a mujer con una fiesta de quince años, o quinceañera, como se conoce en Estados Unidos.

Jayla finalmente dio la señal y las chicas estiraron los brazos y comenzaron a bailar un popurrí de hip-hop. Había giros y vueltas ejecutados con fluidez al ritmo de canciones pop de Cardi B y Bruno Mars, junto con música punta de Honduras, donde nació el padre de Jayla.

Las fiestas de quince años como la de Jayla son una parte integral de la experiencia de ser una mujer joven en Latinoamérica y Estados Unidos. Marcan un hito de celebración en la vida de las jóvenes adolescentes y, en muchas familias, se consideran un ritual de transición obligado.

También son eventos que suelen estar imbuidos de una tradición que se transmite de generación en generación. Hay códigos de vestimenta comúnmente aceptados (vestido blanco o de un color muy vivo para la cumpleañera), diferencias por género en los roles (el chambelán, cuyo trabajo consiste en acompañar y bailar con la quinceañera, casi siempre es un varón joven) y rituales establecidos, tanto religiosos como seculares (misa antes de la fiesta; bailar un vals).

Pero hay una creciente generación de latinos y latinas que están eligiendo redefinir las fiestas de quince años, ignorando algunas de las viejas reglas y ampliando el propósito del evento.

Ahora es más común ver las fiestas de quince años como una celebración de la identidad, incluso para las personas queer y transgénero, y como festejos que honran más que solo la transición a la edad adulta.

Por ejemplo, los doble quinces, para los que cumplen 30, cada vez son más celebrados por personas que quizá no pudieron darse el lujo de tener una fiesta de quince años o para quienes prefieren celebrar convertirse en mujeres cuando se sienten más cómodas consigo mismas.

Para Jayla, la fiesta de quince años fue una ocasión para celebrar ser negra y mujer. “La mayoría de mi familia es negra, y casi solo he estado con ellos”, dijo mientras les arreglaban las uñas a ella y a sus amigas antes del gran día. “Quería que todo eso se viera en mi fiesta, y también quería tambores y comida que celebrara mi herencia afrolatina”.

En Bakersfield, California, el mismo día de los quince de Jayla, Amina Shareef Hamza, de 14 años, tuvo una fiesta de quinceañera en la que se honró su fe musulmana. Debajo de su vestido negro bordado llevaba una camiseta de manga larga que le cubría los brazos; además, no siguió la tradición de tener un chambelán y celebrar una misa católica.

Amina, cuyo padre es egipcio y cuya madre es de ascendencia guatemalteca, hondureña y nativo estadounidense, forma parte de un club de equitación que hace escaramuza, una forma tradicional de coreografía a caballo de México que solo realizan las mujeres.

Así que también incorporó eso al aparecer al inicio de la ceremonia montando el caballo de su madre, Chispa. “Mi papá habla árabe y mi mamá me habla en español. Es una probada de ambos mundos”.

La madre de Amina, Leslie Henderson Oaxaca, se convirtió al islam a los veintitantos, pero creció en una familia católica en Long Beach, California. Ella no tuvo fiesta de quince años, así que estaba especialmente emocionada por la de Amina.

“Estos quince no se tratan solo de mí. Se trata de nuestras tres generaciones”, dijo Oaxaca. “Mi mamá llegó aquí en los años setenta y limpió casas y pasó un infierno por nosotros, y ahora le toca ver los quince años de su nieta. Es algo realmente especial”.

Oaxaca es madre soltera, pero los deseos del padre de Amina tuvieron mucho peso en cómo sería la fiesta. “Su padre no quería que enseñara nada de piel, por razones religiosas”, explicó Oaxaca. De cualquier manera, incorporar elementos de una religión diferente al catolicismo fue salirse un poco de las reglas.

“Esta generación está acabando con todo lo tradicional. Están haciendo sus propias tradiciones”, opinó Oaxaca.

Helly Toscano, de 26 años, una amiga de la familia de Bakersfield que acudió a los quince, estuvo de acuerdo. “Mi papa es yemení y mi mamá es mexicana, y yo de joven no pude rendir homenaje a ambas partes”, dijo mientras tomaba fotos de Amina montando el caballo. “Creo que hay más personas como ella que se están saliendo de la norma, y respeto su vestido y cómo se tapó”.

La generación de Amina es “más persistente”, dijo Toscano, y “sus voces son más fuertes y se están haciendo escuchar”.

Las fiestas de quinceañera se están volviendo una manera distintiva de crear un sentido de pertenencia en Estados Unidos, dijo Stephanie Canizales, quien realiza un posdoctorado en la Universidad de California, campus Merced, estudiando a la juventud y la inmigración latinas.

“Las fiestas de quince años, como otras celebraciones latinas en Estados Unidos, son importantes porque crean una identidad y un espacio positivos en un momento político en que los latinos constantemente son retratados como descarriados sociales que no pertenecen a ningún lugar”, sostuvo.

“En el contexto de Estados Unidos, las fiestas de quince años son también un puente hacia las tradiciones del país de origen y proporcionan una manera de conectar a la segunda generación nacida en Estados Unidos con el mundo que dejaron sus padres”, dijo Canizales.

Estos festejos de quince años, ambos eventos privados, se pueden considerar, dentro de un contexto más amplio, productos de los cambios y transformaciones que se están llevando a cabo dentro de la comunidad latina de Estados Unidos.

“El que las fiestas de quince años estén cambiando indica que hay una emocionante diversificación del panorama latino. No hay un solo formato de celebración de quince años para todos, lo cual quiere decir que no hay una sola forma de ser latinos, y eso es una perspectiva hermosa”, agregó Canizales.

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