El "sacrificio" de miles de manifestantes iraquíes mutilados

El "sacrificio" de miles de manifestantes iraquíes mutilados
Momento de las crisis social en Irak. Foto: AFP

El país, diezmado por años de violencia, contaba ya con una de las tasas de discapacitados más altas del mundo, según la ONU.

Un agujero en la espalda, la columna fracturada y una pierna paralizada. “Este es mi sacrificio por Irak”, dice Hamza, gravemente herido en las manifestaciones contra el gobierno de las últimas semanas.

“Si pudiera caminar, estaría en las manifestaciones”, afirma por teléfono, con un hilo de voz, este adolescente de 16 años.

Su nombre está en una lista de 3.000 personas mutiladas por la violencia que empaña el movimiento de protesta que sacude Irak, principalmente Bagdad y el sur chiita, desde el 1 de octubre, según la ONG Alianza iraquí de las organizaciones para las discapacidades (IADO, por sus siglas en inglés ).

El país, diezmado por años de violencia, contaba ya con una de las tasas de discapacitados más altas del mundo, según la ONU.

Frente a los manifestantes, las fuerzas de seguridad usan granadas lacrimógenas, balas de goma y explosivos ensordecedores, pero también munición real.

La policía iraquí ha sido muy criticada estas últimas semanas por el uso excesivo de la fuerza durante las manifestaciones, en las que más de 300 personas murieron y otras 15.000 resultaron heridas.

Hamza fue herido de bala el 4 de noviembre en Bagdad. Una bala entró por el estómago y salió por la espalda. Recibió otras dos en las piernas.

– “Estaba muerto” –

Perdió mucha sangre antes de llegar al hospital, casi muerto, recuerda su padre, Abu Layth.

Los médicos le operaron rápidamente. “Estaba muerto, le hicieron volver a la vida”, continúa su padre. Pero las fracturas en la parte inferior de la columna vertebral le provocaron una parálisis en la pierna derecha.

Después de una semana de hospitalización, sigue tomando analgésicos muy fuertes. “A veces, grita de dolor por la noche”, afirma su padre.

La violencia que castiga a Irak, prácticamente sin interrupción desde 1980, ha provocado centenares de muertos y miles de heridos, algunos de ellos discapacitados de por vida.

La Organización central de estadísticas iraquí, un órgano oficial, calcula que hay dos millones de iraquíes con discapacidad que tienen derecho a recibir una ayuda del gobierno en un país de 40 millones de habitantes.

Según IADO y otras ONGs, la cifra real superaría los tres millones.

Muwafaq al-Jafaji, director de IADO, explica a la AFP que las 3.000 personas que sufrirán algún tipo de minusvalía después de resultar heridas en las manifestaciones es sólo una estimación, ya que el gobierno no publica ni hace recuentos de este tipo.

IADO llama a los hospitales y a las familias en diferentes regiones de Irak para intentar establecer un balance.

– Ciudadanos de segunda –

Aunque Irak forma parte de la Convención de la ONU que protege los derechos de las personas discapacitadas, estos iraquíes no tienen acceso a servicios de salud de calidad ni a oportunidades de trabajo y son excluidos socialmente.

En estos días han organizado sus propias manifestaciones en Bagdad para pedir más apoyo al Estado.

“Las infraestructuras iraquíes ni siquiera están equipadas para las personas sin discapacidad”, lamenta Jafaji.

El sistema de salud está en total decadencia, con hospitales mal equipados y médicos que trabajan a merced de las disputas políticas o tribales. Una situación que hace que muchas veces no se presten rápidamente los cuidados necesarios a los heridos.

En muchos casos, los médicos tienen que amputar para salvar la vida, explica Farah, una estudiante de medicina de 19 años que ejerce en la plaza Tahrir, epicentro de las protestas en Bagdad.

En la plaza se han creado puntos improvisados donde se presta atención sanitaria a los manifestantes heridos, como fue el caso de Ali, que lleva vendado el ojo derecho. El joven se encontraba en el lugar cuando oyó disparos y vio centenares de personas huir despavoridas. Una granada ensordecedora le explotó en los pies y perdió el conocimiento. Cuando se despertó, una hora más tarde en el hospital, sólo podía abrir un ojo. El otro había sido alcanzado por una esquirla.

“Hacen todo lo posible para que los manifestantes tengan miedo, pero cada día estamos más decididos”, asegura el joven.

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