Acusó de violación a un multimillonario del sector tecnológico y los usuarios de internet en China la atacaron

Acusó de violación a un multimillonario del sector tecnológico y los usuarios de internet en China la atacaron
Liu Jingyao es estudiante de la Universidad de Minnesota. Foto/(Caroline Yang/The New York Times)

Cuando Liu entró a la universidad hace un año, eligió el departamento en un piso alto por su vista de un parque cercano y una torre de agua que los lugareños conocen como el Sombrero de la Bruja. Ahora, dijo, mantiene las persianas cerradas de día y de noche.

Cuando Liu Jingyao se presentó, en el vestíbulo de su edificio de departamentos, no la reconocí. Durante todo un año, los usuarios chinos de internet habían publicado fotografías suyas por todas partes. Como decenas de millones de chinos, había visto y vuelto a ver el video de vigilancia en el que ella aparece en ese mismo edificio. Era una de las mujeres más discutidas y misteriosas de China, y creí saber cómo lucía.

En el video, pasea por los pasillos de un edificio parecido a un laberinto, con un hombre que la sigue. Entran y salen de varios ascensores. Ella no parece segura de cómo entrar a su departamento. Su hermoso cabello le llega a la cintura y lleva puesto un vestido largo tejido. No luce precisamente glamurosa, pero para una estudiante universitaria de primer año, de 21 años, está vestida de manera elegante.

Sin embargo, en una mañana a principios de agosto, me saludó con un vestido a cuadros holgado. La chica, ahora de 22 años, lucía pálida y nerviosa. Tenía los labios partidos. Me invitó a subir y comenzó una conversación intensa que duró dieciocho horas seguidas.

En el verano de 2018, Liu, estudiante de la Universidad de Minnesota, argumentó que el fundador multimillonario de una de las empresas más grandes de China, JD.com, la siguió de regreso a su departamento y la violó. El ejecutivo, conocido como Liu Qiangdong en China y Richard Liu en el mundo anglófono, fue arrestado por la policía de Minneapolis y liberado en cuestión de 24 horas (él y Liu Jingyao no son familiares). Él insistió en que el sexo fue consensual, y los fiscales rechazaron presentar cargos en su contra. En abril, Liu Jingyao acusó de violación a Richard Liu en un tribunal civil de Minnesota, buscando más de 50.000 dólares en daños.

Sin embargo, esta no es la típica historia del movimiento #YoTambién. Después de que su nombre se dio a conocer de manera generalizada en internet en China, casi todos la llamaron zorra, prostituta, mentirosa, cazafortunas y muchos insultos más. Quizá sea difícil que los ciudadanos occidentales entiendan la escala y la intensidad de su humillación en línea. No obstante, el frenesí de Monica Lewinsky es una buena comparación, si hubiera tenido lugar en la era de Twitter y YouTube en un país con 800 millones de usuarios de internet y sin medios noticiosos independientes. Cuando Liu y yo nos conocimos, fue la primera vez que había hablado con una publicación anglófona acerca de lo que ha soportado.

‘La sensación de que alguien me está vigilando’

En su departamento, un estudio de 46,4 metros cuadrados, Liu me mostró fotografías de viajes que había hecho a Marruecos, Grecia y España, antes de que ocurriera todo esto. Entonces se veía distinta. Su mirada era más brillante y sonreía sin reservas.

Dijo que había tirado a la basura la mitad de sus cosméticos y que ya no usaba maquillaje. Como muchas jóvenes chinas, solía usar ropa y bolsos de diseñador; ahora en su mayor parte usa Muji, la marca japonesa barata cuya reputación de estilo en China podría describirse como sobria y recatada.

Cuando Liu entró a la universidad hace un año, eligió el departamento en un piso alto por su vista de un parque cercano y una torre de agua que los lugareños conocen como el Sombrero de la Bruja. Ahora, dijo, mantiene las persianas cerradas de día y de noche.

“Siempre tengo la sensación de que alguien me está vigilando desde afuera”, dijo. “Quiero ser tan discreta como pueda”.

Es una preocupación comprensible, dada la atención de las redes sociales dirigida a Liu que ha sido vasta y a menudo viciosa. En Weibo, el equivalente chino de Twitter, su caso ha sido uno de los temas más populares de los últimos dos años.

“Esa mujer es una zorra”, dijo un usuario. “Esa mujer luce asquerosa”, dijo otro. “Era evidente que no estuvieron de acuerdo en el precio”, agregó un tercero. “Parece que la mujer montó todo el espectáculo”. Y otro insinuó que Richard Liu era la verdadera víctima, pues escribió: “Vean el cuerpo de la mujer. Creo con toda firmeza que Liu Qiangdong fue violado”.

Esos son solo algunos de los 8500 comentarios en una sola publicación de Weibo, que se retuiteó 1400 veces y a la que le dieron me gusta 95.000 usuarios. Ahora imaginemos eso, y cosas peores, en escala, durante meses y meses.

El caso de Liu está atrayendo toda esa atención porque está acusando a uno de los hombres más poderosos del país de un comportamiento que se ha ignorado desde hace mucho. El acoso y los ataques sexuales son generalizados en China, y las élites enfrentan poco escrutinio. Los detalles del gobierno y de la vida privada de los líderes nacionales están fuera de los límites de los medios noticiosos. Los magnates que han forjado sus propias fortunas son celebridades que todos admiran.

Entre esta clase de multimillonarios, Richard Liu es de los que tiene más alto perfil. Nacido en una aldea en la provincia oriental de Jiangsu, le gusta relatar cómo su familia podía comer carne solo una o dos veces al año y cómo fue a la universidad con 70 dólares recaudados por los demás aldeanos. Fundó JD.com en los primeros días del comercio electrónico chino y convirtió a la compañía en un coloso de la logística. Liu se convirtió en un icono del emprendimiento, conocido por ponerse un casco y un uniforme rojo de JD.com para hacer entregas personalmente en una motocicleta eléctrica de tres ruedas un día al año.

Liu se hizo más famoso en 2015 cuando se casó con una estudiante y celebridad de internet de 21 años llamada Zhang Zetian. Para el verano de 2018, cuando viajó a Minnesota, tenía un valor aproximado de 7500 millones de dólares.

27 brindis con vino

Liu Jingyao creció en Pekín, de carácter introvertido e intenso, es la única hija de una familia pudiente. Su padre era empresario, y su madre, dijo Liu, era estricta y no dudaba en regañarla y castigarla físicamente. Solo permitía que Liu tuviera cabello corto. Actualmente, usar el cabello por la cintura es un acto de rebelión.

En 2016, fue a una universidad de artes liberales en Minnesota para estudiar literatura, mientras también practicaba piano dos horas y media al día. Soñaba con convertirse en diplomática o una profesora de Lingüística, pero también estaba interesada en los negocios. Entró a la Escuela Carlson de Administración de la Universidad de Minnesota en agosto de 2018, donde un profesor la reclutó para ser voluntaria en un programa con el fin de visitar a ejecutivos internacionales. Uno de ellos era Richard Liu.

Todas las mañanas, se levantaba temprano y salía a trotar con los ejecutivos visitantes. Al quinto día, la invitaron a una cena grupal en un restaurante japonés. Cuando llegó, se encontró con que era la única voluntaria —y la única mujer— en una mesa donde había casi una decena de hombres chinos de mediana edad. Los videos de vigilancia muestran que uno de los hombres le pidió que se sentara al lado de Richard Liu, el miembro más exitoso y adinerado del grupo. En las cenas con empresarios chinos, es común que las jóvenes hermosas se sienten al lado de hombres poderosos para reírse de sus chistes lascivos.

Según la policía, durante las próximas dos horas los miembros del partido levantaron sus copas de vino tinto en, al menos, 27 brindis. Liu Jingyao bebió diecinueve veces. El hombre que estaba sentado frente a él se quedó dormido sobre la mesa y tuvieron que llevárselo cargándolo.

Después de la cena, ella se fue en una limosina con Richard Liu y dos de sus asistentes femeninas. Condujeron a una casa rentada por uno de sus ejecutivos, pero Liu Jingyao no quería entrar. El chofer, cuyo nombre está en los informes policiacos, más tarde les dijo a los oficiales que vio que Liu Jingyao y Richard Liu estaban hablando frente a su auto.

“Después la tomó del brazo, la dominó y la trajo a mi auto en la parte de atrás”, dijo el chofer, de acuerdo con una transcripción. “Los vi por el espejo, y el tipo estaba encima de ella”. Después una de las asistentes de Richard Liu levantó el espejo para que el chofer no pudiera verlos. El chofer le dijo a la policía que no escuchó a nadie decir “detente” o “no” ni pedir ayuda.

Richard Liu fue con Liu Jingyao a su departamento. Algunas horas más tarde, un amigo suyo le informó a la policía que Liu Jingyao le había dicho, a través de una aplicación de mensajería, que la habían violado.

Un portavoz de Richard Liu negó ese recuento y dijo: “Las pruebas emitidas por el Departamento de Policía de Minneapolis, incluyendo el informe policiaco escrito y el video de vigilancia, no apoyan las acusaciones que se han hecho”.

Una mujer contra todo el internet en China

En 2018, animada por el movimiento #YoTambién en otras partes del mundo, más de 50 mujeres chinas publicaron sus historias de acoso o ataques. Los hombres acusados incluyeron a profesores, periodistas y líderes de organizaciones no gubernamentales. Algunos perdieron su empleo o renunciaron.

Sin embargo, el movimiento incipiente comenzó a perder su tracción justo cuando Liu hizo la acusación. Los hombres que habían sido acusados públicamente comenzaron a demandar a sus acusadoras por difamación. Las víctimas de #YoTambién enfrentaron críticas incluso de los rincones más liberales de China. Lo más importante de todo es que el gobierno chino —que desconfía de los movimientos sociales independientes— reprimió las discusiones públicas de los temas de género.

Las acusaciones en línea de conducta sexual inapropiada fueron uno de los temas más censurados en WeChat, la plataforma de redes sociales más grande de China, en 2018, de acuerdo con WeChatscope, un proyecto de investigación de la Universidad de Hong Kong. Las etiquetas #YoTambién y #Woyeshi —una traducción en mandarín— fueron prohibidas. Algunas de las cuentas de WeChat que expresaron su apoyo a Liu Jingyao fueron eliminadas. WeChat es propiedad de Tencent, que también es el accionistas más grande de JD.com.

Las experiencias de Liu ilustran la manera en que la sociedad china trata a las mujeres que se atreven a alzar la voz contra los ataques sexuales. Las víctimas deben ser consideradas perfectas para obtener cualquier tipo de empatía por parte de la sociedad, o son víctimas de las personas que las acusan de ser zorras. Las mujeres más jóvenes que duermen con hombres mayores y poderosos, por voluntad propia o no, enfrentan aún más desdén de la sociedad.

En diciembre de 2018, los fiscales de Minneapolis decidieron no acusar a Richard Liu de abuso sexual porque no encontraron suficientes pruebas para presentar un caso en su contra. Hicieron el anuncio sin reunirse con ella. Dijo que, cuando escuchó la noticia, sintió “que todo el cielo se cayó”. Pero lo que sucedió a continuación en el internet chino fue mucho peor.

Algunos días después de que Liu presentó su demanda, en abril de 2019, un video muy editado surgió en internet en China. Se titulaba “¿Prueba de una cazafortunas?” y se editó para dar la impresión de que ella había invitado a Richard Liu a su departamento para tener sexo. Lo publicó en Weibo una cuenta que jamás había publicado nada antes. Uno de sus abogados chinos escribió en línea que el video era “auténtico”, y lo vieron más de 54 millones de veces. Varios sitios web chinos publicaron artículos en los que decían que Liu Jingyao lo había llevado a su habitación.

Aparte, uno de los diarios más influyentes de China publicó un audio editado en el que a ella se le puede escuchar pidiéndole una disculpa y dinero al abogado de Richard Liu. La noticia de la grabación se publicó en todas partes. En conjunto, el video y el audio parecieron volcar a todo el internet en China en su contra.

‘El precio de la vergüenza’

Liu dijo que se sintió indefensa, que no podía hacer que la sociedad viera lo aterrador que era para una chica de 21 años sentarte en medio de un grupo de hombres poderosos de mediana edad y cómo no podía hacer que el más poderoso de ellos la dejara en paz. Liu no pudo hacerlos ver lo perturbador que era que un multimillonario de 45 años, que convivía con la élite de Davos, siguiera a una joven por el edificio donde en su mayor parte vivían estudiantes. Estaba enojada con sus dos asistentes y los otros ejecutivos de la cena: los consideró cómplices, pero la indignación de la sociedad no se proyectó hacia ellos.

Sigue ocultándose en su departamento con sus dos Yorkshire terrier, esperando a que progrese su demanda en contra de Liu. Sus padres están trabajando en China. Su novio tiene problemas con su visa y no puede visitarla. Liu usa un seudónimo cuando ordena comida y viajes en Uber, por temor a que se encuentre a una persona china que reconozca su nombre.

Sin embargo, Liu ha dicho que resultó ser más fuerte de lo que creía en un principio. Es cierto, dijo, tiene síndrome postraumático y a veces tiene comportamientos suicidas. Dijo que no dejaría el asunto por la paz, porque jamás aceptaría firmar un acuerdo de confidencialidad. Dice que, en caso de ganar, donará todo el dinero a las feministas chinas que le han apoyado, excepto por los mil dólares que se quedaría.

Gastó dinero en un vuelo a Nueva York para encontrar a un abogado. Y quiere compensación, dijo, por la ropa y las sábanas que quedaron destruidas.

“Si hubiera sabido que podía soportar tanto, no habría dudado en informárselo a la policía”, concluyó.

Liu Jingyao, estudiante de la Universidad de Minnesota que acusó de violación al multimillonario chino Richard Liu, en Minneapolis, el 4 de agosto de 2019. Las élites de China enfrentan poco escrutinio por las acusaciones generalizadas de acoso y abuso sexual; las víctimas pueden enfrentar ataques a una escala impresionante. A Liu la han llamado zorra, prostituta, mentirosa y cosas peores en publicaciones en línea vistas por cientos de millones de personas. (Caroline Yang/The New York Times)

Una Respuesta
  1. Un tema complejo, determinar quien dice la verdad, sobre todo cuando hay dinero de por medio, reputaciones personales y muchos otros temas. linktr.ee/negocionqn

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