,

¿‘Una semana de días nevados’? ¡Ja! Las familias lidian con la claustrofobia

¿‘Una semana de días nevados’? ¡Ja! Las familias lidian con la claustrofobia
A medida que las personas se vuelven rehenes en sus propias casas, los espectáculos de payasos y las noches de disfraces quizá dejen de ser suficientes para mantener la cordura. (Sarah Mazzetti/The New York Times)

Anita Tandon y Sujit Chakravarthy, padres de tres hijos pequeños de entre 3 meses y 7 años de edad, han tomado medidas extremas para mantener en orden su hogar durante la cuarentena.

“A las 9 de la mañana en punto, empezamos las clases y dejo de ser ‘mami’”, dijo Tandon, quien dirige una empresa de consultoría en mercadotecnia en Burlingame, California. “Tienen que decirme ‘maestra Anita’. No pueden andar jugando como hacen con mamá y papá”.

Tienen hojas de ejercicios, actividades, cursos en línea de la Academia Khan y juegos de escritura. Aproximadamente a las 5 de la tarde, la maestra Anita se retira para trabajar. Chakravarthy la releva, saliendo de su oficina listo para la clase de educación física. Se hace llamar entrenador Chakravarthy.

“Es el tercer día de solo Dios sabe cuántos”, comentó Tandon cansada.

Ha pasado solo una semana desde que los estadounidenses comenzaron a recibir la orden de quedarse en casa para alejarse de la pandemia del coronavirus. Para muchas personas, ya se siente como una eternidad.

Los niños tratan de escapar. Las carreras profesionales comienzan a desmoronarse conforme los padres que trabajan desde casa prácticamente se convierten en profesores de jardín de niños. Los matrimonios están sometidos a presión. Las parejas que querían separarse ahora están atrapadas juntas; los compañeros de departamento unidos por Craigslist de pronto se convirtieron en familia. Todo el mundo debe quedarse en casa con otras personas durante las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, porque no hay adónde ir.

Para muchas personas, es difícil quejarse: si pueden quedarse en casa como una unidad y su trabajo les permite convertir la barra de la cocina en oficina, son de los afortunados.

No obstante, la claustrofobia comienza a hacerse presente. Las familias comienzan a volverse un poco locas… y a molestarse entre sí.

En Twitter, algunas personas hacen chistes acerca de vender a sus hijos; otras incluso estaban cansadas de ver tanto a sus mascotas. El gobernador Andrew Cuomo de Nueva York afirmó el domingo: “Yo vivo solo. Incluso me está empezando a molestar el perro, por tener que estar en el mismo lugar”.

Es probable que la locura apenas esté comenzando. Hacia finales de la semana pasada, al menos uno de cada cinco estadounidenses recibió la orden de resguardarse en su casa, y más estados siguieron el ejemplo esta semana. No está claro cuánto tiempo durarán estas restricciones. Es probable que las escuelas no vuelvan a abrir hasta el otoño.

“Habrá un aumento en la mala conducta, las actitudes desafiantes, los berrinches y las explosiones de carácter”, comentó Jennifer Johnston-Jones, psicóloga infantil de Los Ángeles. “Después de un desastre natural vuelves a la normalidad. Con lo que está sucediendo ahora, no hay un regreso a la normalidad”.

Sabrina Benassaya, especialista en privacidad en Menlo Park, California, tiene cuatro hijos de entre 2 y 10 años, cuyas guarderías y escuelas han cerrado.

“Es difícil, no puedo mentir”, dijo. Para sobrevivir, le pidió a David Magidson, un payaso cuyo personaje se llama Boswick, que diera un espectáculo de cumpleaños para sus hijos por FaceTime la semana pasada.

La familia Benassaya tiene una casa con un patio trasero. La cuarentena en una casa como esa es un privilegio que muchas familias estadounidenses no tienen, reconoció Benassaya. “Somos muy afortunados”, dijo.

Algunos consejeros familiares están ofreciendo recomendaciones para ayudar a superar la situación.

“Uno de los mensajes que he tratado de darles a los padres es que solo están ellos dos”, comentó Maryellen P. Mullin, terapeuta familiar de San Francisco. “No pueden salir a ningún lado y nadie puede entrar”.

Su agenda ha estado tan ocupada que ha comenzado a ofrecer un nuevo taller por 20 dólares llamado “Mis hijos están en casa, necesito ayuda”.

El escapismo parece ser la clave. Katie Jacobs Stanton, madre de tres hijos y fundadora de Moxxie Ventures, una empresa emergente de inversión en San Francisco, un día se vistió como si fuera al baile de graduación. Otro día, toda la familia usó mamelucos.

“Anoche, nos sentamos a cenar y fingimos ser otro miembro de la familia. Fue muy gracioso hasta que mi hijo me imitó”, narró Stanton. “Ya no pienso pagar su educación universitaria”.

Su amiga Aileen Lee, quien también es una inversionista de capital de riesgo, ha estado publicando fotografías de su esposo vistiendo distintos disfraces cada día. Un día, se disfrazó de sirena, con una peluca roja y una brillante falda de lentejuelas.

Las madres que trabajan enfrentan batallas que creían haber dejado atrás

Las familias comentaron que la carga de lidiar con la cuarentena por el coronavirus en muchos hogares estaba recayendo en las madres, y que gran parte de la tensión entre las parejas era ocasionada por batallas que las mujeres creían haber dejado atrás.

Cuando Lea Geller, una novelista, bloguera y madre de cinco hijos en Riverdale, Nueva York, pensó en la cuarentena por primera vez, le pareció que podía ser divertida.

“Pensé que sería como una semana de asueto por una fuerte nevada”, dijo Geller. “Pero ahora la situación se está eternizando”.

“Hasta cierto punto, se siente como si estuviéramos dirigiendo una sede de WeWork”, explicó. “Mi esposo dirige el departamento de soporte técnico, va de un lado a otro con cables, y yo me dedico a meterle comida en la boca a todo el mundo, además de llenar el lavavajillas un millón de veces al día”.

Lea Geller pensó que quizá tendría tiempo extra con su esposo, Mike Geller, pero el único momento que han tenido a solas fue un día que se “escondieron literalmente” por un instante de sus hijos en una habitación en la parte trasera de su casa, comentó.

“Mis nuevos compañeros de oficina requieren mucha más atención”, dijo Mike Geller, refiriéndose a sus hijos. Añadió que al menos en el departamento de soporte técnico las cosas estaban prácticamente solucionadas y listas para la segunda semana y las que falten.

La parte más difícil es que el trabajo de Lea Geller ha quedado en pausa. Cuando la oficina de su esposo cerró, ella le cedió el espacio de su oficina en casa. Ahora ella tiene problemas para pensar creativamente en los escasos periodos de 30 minutos que tiene cuando logra escabullirse de su familia.

“Tengo la certeza constante de que alguien está a punto de interrumpirme para pedirme comida o una engrapadora”, dijo Lea Geller.

Maria Colacurcio, madre de seis hijos y directora ejecutiva de Syndio, una empresa de análisis de recursos humanos en Seattle, afirmó que el desequilibrio no era ninguna sorpresa. Aun sin pandemia, el trabajo doméstico recae principalmente en la mujer.

“Entonces, ¿ahora dónde crees que recae el trabajo extra?”, preguntó Colacurcio.

Cuando los hijos adultos vienen de visita

No todas las familias con claustrofobia están lidiando con niños pequeños. Los estudiantes universitarios han sido enviados a casa y han repoblado los nidos vacíos de los padres. Otros hijos adultos, en ocasiones acompañados de amigos y parejas, están convirtiendo las cocinas de sus padres en espacios para el trabajo en grupo.

No obstante, las reuniones, al menos al principio, son cuidadosas. Muchos adultos jóvenes afirmaron que les asustaba poder llevar el virus a la casa de sus padres, quienes podrían ser más susceptibles al brote debido a que la gente de edad avanzada corre un mayor riesgo.

“Todos mis amigos de Stanford y yo hemos estado en cuarentena voluntaria en nuestras habitaciones lejos de nuestras familias desde que nos echaron del campus”, dijo Netta Wang, de 22 años, estudiante de último grado de la Universidad de Stanford que regresó a la casa de sus padres en San Mateo, California. Sus padres le dejan bandejas con comida en la puerta de su habitación.

Gillian Lurie, de 20 años, la pasó genial estudiando en el extranjero, en Florencia, Italia, donde iba a estar todo un semestre, pero cuando el coronavirus comenzó a propagarse por todo el país, el programa fue suspendido. Como ya estaba en las vacaciones de primavera, viajó a España, Alemania, Portugal e Irlanda. Este mes, volvió a casa.

“Logró pasarla muy bien, pero se trajo un recuerdito”, comentó su madre, Lisa Lurie. “Una cosita llamada coronavirus”.

Ahora, Lisa Lurie y su esposo, Brian, quienes dirigen Cancer Be Glammed, una empresa de estilo de vida que apoya a las mujeres que se enfrentan al cáncer, tienen a su hija en cuarentena en una habitación en la parte trasera de su casa en Pittsburgh. Se comunican por FaceTime y le dejan la comida en la puerta.

“Lo único que me mantiene cuerda es jugar mahjong en línea”, dijo Lisa Lurie.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *