Las ballenas dentadas usan sonidos graves para cazar en las profundidades

Las ballenas dentadas usan sonidos graves para cazar en las profundidades
Escáner del morro productor de sonido de una marsopa. La imagen muestra las dos fuentes de sonido y el melón de grasa que conduce el sonido al agua. Foto, EFE/Christian B. Christensen, Universidad de Aarhus.

El estudio, de Coen Elemans, de la Universidad del Sur de Dinamarca y Peter Madsen, del Departamento de Biología de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), demuestra que estas ballenas dentadas tienen, al menos, tres registros de voz.

Los delfines y ballenas dentadas -unos mamíferos extremadamente sociables- son capaces de cooperar y cazar a más de 2 kilómetros de profundidad en total oscuridad, gracias al uso de ondas sonoras que les ayudan a saber la ubicación exacta de las presas, la ecolocalización.

 Hace tiempo se creía que las ballenas dentadas emitían sonidos con la laringe, después se supo que no era así y que de alguna manera utilizaban la nariz para producir su rico repertorio vocal en las profundidades oceánicas.

Hoy, un nuevo estudio publicado en Science revela el mecanismo que permite a las ballenas dentadas emitir sonidos nasales que funcionan en distintos registros vocales, como la voz humana.

El estudio, de Coen Elemans, de la Universidad del Sur de Dinamarca y Peter Madsen, del Departamento de Biología de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), demuestra que estas ballenas tienen, al menos, tres registros de voz.

El registro vocal alevín (también conocido como vocal fry, que produce los tonos más graves), el registro de pecho (equivalente a nuestra voz normal al hablar) y el falsete (que produce frecuencias aún más agudas).

Según la investigación, las ballenas usan el registro alevín para producir sus llamadas de ecolocalización durante la caza, un registro que para estos depredadores ha sido, sin duda, un “éxito evolutivo”, subraya Elemans.

MÁS CAPTURAS QUE LA INDUSTRIA PESQUERA

Las ballenas dentadas se sumergen hasta 2.000 metros y capturan más peces que la industria pesquera.

Cuando cazan en aguas profundas y turbias, producen clics de ecolocalización ultrasónicos, cortos y potentes, a velocidades de hasta 700 metros por segundo, para localizar, rastrear y capturar a sus presas en las profundidades oceánicas que albergan los nichos alimentarios más ricos del planeta.

Para hacer la investigación, los científicos utilizaron procesadores de vídeo para endoscopias, una tecnología que permite grabar imágenes de alta velocidad de las cuerdas vocales durante el proceso comunicativo.

Las ballenas dentadas han desarrollado en su nariz un sistema de producción de sonido accionado por aire, que físicamente funciona igual que la producción de sonidos en la laringe de los mamíferos, o las membranas de la tráquea en las aves, pero que se ubica en un sitio distinto, la nariz.

“La evolución lo ha trasladado de la tráquea a la nariz, lo que ha permitido presiones de conducción mucho más altas -hasta 5 veces las que puede generar un trompetista- sin dañar los tejidos pulmonares”, explica Madsen.

“Esta elevada presión permite a las ballenas dentadas emitir los sonidos más fuertes de todos los animales del planeta”, añade Elemans.

Así, a más de 100 metros de profundidad, sus pulmones se bloquean para evitar el mareo por compresión y dejan de suministrar aire, mientras que el aire restante se encuentra en los conductos nasales del cráneo, lo que proporciona un espacio de aire pequeño pero suficiente para producir sonidos de ecolocalización a profundidades asombrosas de 2.000 metros.

Al ecolocalizar, las ballenas dentadas presurizan el aire de su nariz ósea y lo dejan pasar por unas estructuras llamadas labios fónicos que vibran como las cuerdas vocales humanas y cuya aceleración produce ondas sonoras que viajan a través del cráneo hasta la parte frontal de la cabeza.

Además de la ecolocalización, las ballenas dentadas, y otras especies como las orcas o los calderones, emiten una enorme variedad de sonidos para su compleja comunicación social, unos sonidos “que se aprenden y transmiten culturalmente como los idiomas humanos”, explica Madsen.

Para la investigación, que duró casi diez años, los investigadores usaron tanto delfines adiestrados de un delfinario en Holanda como de animales en libertad equipados con un pequeño escáner que grababa sus sonidos.

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