Documentos desclasificados confirman que la agencia intentó encontrar uno de los grandes enigmas de la arqueología en la década de los 80
El arca de la Alianza, el sagrado cofre descrito en el Antiguo Testamento como el contenedor de las tablas delos 10 mandamientos, ha fascinado durante siglos a historiadores, arqueólogos y teólogos, informa el diario La Razón.
Considerada el objeto más sagrado del judaísmo antiguo, su paradero tras la destrucción del Primer Templo de Jerusalén en el 587 a.C. sigue siendo uno de los grandes enigmas de la arqueología bíblica.
Existen múltiples teorías sobre su destino: algunos sostienen que fue llevada a Aksum, en Etiopía, donde, según la tradición de la Iglesia Ortodoxa local, permanece custodiada hasta hoy. Otros creen que pudo haber sido escondida en túneles bajo Jerusalén, mientras que otra hipótesis apunta a su posible destrucción a manos de los babilonios.
Sin embargo, documentos desclasificados en el año 2000 revelaron un capítulo poco conocido en la búsqueda del Arca: el Proyecto Sun Streak, un programa secreto de la CIA que, durante la década de 1980, utilizó técnicas de “visión remota” en operaciones de inteligencia, incluyendo la localización del mítico objeto.

En los últimos años, varios medios anglosajones han rescatado esos documentos descalaficados de la CIA en los que se detalla cómo, en los años 80, la agencia recurrió a videntes para intentar localizar el Arca de la Alianza.
Esos experimentos se llevaron a cabo en el marco del Proyecto Sun Streak, un programa secreto que que exploraba la posibilidad de obtener información mediante percepción extrasensorial.
Según recoge The Independent, los clarividentes empleados en el proyecto afirmaban poseer “visión remota”, una supuesta capacidad para proyectar su conciencia y acceder a datos de lugares y objetos distantes.
Aunque no existe evidencia científica que respalde este fenómeno, la CIA consideró lo suficientemente relevante su uso como para incorporarlo en su investigación.
Uno de los documentos desclasificados revela que el 5 de diciembre de 1988, la agencia encomendó al ‘espectador remoto No. 32’ la tarea de identificar la ubicación del Arca, sin informarle previamente sobre el objeto en cuestión.
Durante la sesión, el vidente describió un enclave en Medio Oriente, rodeado de mezquitas y aparentemente oculto bajo tierra.
El “espectador remoto No. 32” también aseguró que el objeto estaba “protegido por entidades” y proporcionó una descripción detallada del mismo, recogida en los archivos de la CIA: “El objetivo es un contenedor, hecho de madera, oro y plata tiene una forma similar a un ataúd y está decorado con serafines”. Además, afirmó que “solo aquellos autorizados podrían abrirlo” en el momento correcto.
Joe McMoneagle, suboficial jefe del ejército estadunidense y uno de los pioneros en la coordinación de sesiones de visión remota para la CIA, se mostró escéptico sobre este caso en particular.
En declaraciones al New York Post, aseguró que los videntes no conocían el contenido de los sobres con las coordenadas y eran guiados a lo largo del proceso por otra persona.
No obstante, McMoneagle fue tajante al calificar la sesión sobre el Arca de la Alianza como “fraudulenta”, afirmando que no valía “ni el papel en el que está escrita”.