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Panamá 1989-Venezuela 2026

Panamá 1989-Venezuela 2026
Guillermo "Willy" Cochez, Analista político. Foto: Archivo.

Al igual que en Panamá, la noche del 19 de diciembre cuando se dio la intervención militar de Estados Unidos acabando con 21 años de implacable dictadura, está ocurriendo en Venezuela. Con la operación militar para detener al dictador Maduro y su esposa Cilia, trasladándolo a ser juzgado por tribunales estadunidenses, nos recuerda lo que vivimos aquí.

Los “internacionalistas trasnochados” y la izquierda “caviar” han repudiado lo ocurrido calificándolo de secuestro. Sus voceros han inundado las redes clamando por “respeto del derecho internacional”, el mismo que ignoraron tantas veces la tragedia de Panamá y lo criminal que hicieron los gobernantes chavistas.

Han criticado duramente al “imperialismo yanqui”. No les importó que, con esa condena, terminaban apoyando a un régimen represivo como el de Noriega, en el caso de Panamá, desconociendo el infierno en que vivíamos. Ahora, proporciones guardadas, terminan apoyando a unos criminales y narcotraficantes como Maduro y su esposa, destructores de un próspero y rico país, llevando al exilio a más de ocho millones de venezolanos.

En 1989, Panamá vivía en penumbras. Habían anulado las elecciones de mayo de ese año, ganadas siete a tres por la oposición. Se robaron las primeras elecciones desde el golpe de Estado en 1968, celebradas en 1984. Asesinaban a opositores como a Hugo Spadafora. Crearon los batallones de la dignidad para amedrentar a la población y las salvajes militares dobberman para reprimirla y detenerla.

Ante la falta de oportunidades y la persecución los panameños inmigraban, algo nunca visto en nuestra historia. La economía estaba por el suelo. A pesar de todas las negociaciones que se dieron con Noriega para asegurarle un exilio dorado si renunciaba y se iba, siempre terminaba burlándose de los enviados del Departamento de Estado.

Noriega, machete en mano, declaró la guerra a Estados Unidos. Se llegó a la conclusión de que Noriega y su grupo se quedarían en el poder, pese a no tener ningún respaldo popular. ¡Que parecido 1989 en Panamá a la Venezuela del 2026!

Habíamos agotado todas las vías pacíficas para lograr un cambio. Inclusive, desde los cuarteles infructuosamente se dieron dos rebeliones de grupos importantes de militares para deponer a Noriega. En ambos casos, 16 de marzo de 1988 y 3 de octubre de 1989, los rebeldes fueron presos sometidos a intensas torturas o ajusticiados por órdenes del mismo Noriega.

La Venezuela del 2026 es un calco de lo de Panamá en 1989. Las vías pacíficas agotadas. Los diálogos y las mediaciones en la OEA y con Estados Unidos, en nuestro caso, y el de Venezuela en Santo Domingo, Oslo, en Qatar, en Barbados, las gestiones del Vaticano, por mencionar solo algunos, terminaron en nada. Los dictadores se burlaron de todas esas mediaciones internacionales porque simplemente no tenían intención de dejar el poder. Querían ganar tiempo y más nada. Se burlaron de medio mundo.

Noriega, por la estrecha relación que tuvo por 30 años como agente de la CIA, nunca pensó que Estados Unidos terminarían con su régimen en la forma como lo hicieron. Maduro, quizás, tuvo la misma sensación. Pensó, por la forma “chistosa” como se presentaba en público, que Trump jamás se atrevería a hacer lo que hizo y que su gente nunca lo traicionaría. Que, conociendo la forma particular de actuar de Trump, todo era solo un “bluff”. Ambos se equivocaron.

A los “internacionalistas” de hoy les sorprende por qué en Panamá, al igual que en Venezuela, las intervenciones militares del 20 de diciembre de 1989 y del 3 de enero del 2026, fueron vistas por la población con enorme regocijo, considerando a ambas como una “liberación”.

En Panamá fueron liberados todos los presos políticos, civiles y militares. La gente se fue a la calle a celebrar porque todo había terminado. En Venezuela ha sido diferente porque todavía quedan resquicios de la dictadura que todos esperan sean removidos cuanto antes, pero basta a ver la reacción de tantos venezolanos que se fueron del país, para entender por qué el ciudadano común de ese país hermano está feliz con todo lo que pasó.

Le sugiero a esos “puros de la izquierda corrupta del mundo” que pregunten a los habitantes de Cuba y de Nicaragua, ¿si no quisieran que, en sus países, dominados por regímenes totalitarios, pasé algo parecido a un 20 de diciembre de 1989 o el 3 de enero del 2026.

No lo preguntarán, de seguro, porque de antemano conocen la respuesta. El derecho internacional protege la soberanía de los pueblos, no la de dictadores sanguinarios y corruptos.

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