En una apartada comunidad de la comarca Madugandí, docentes y estudiantes apuestan por la interculturalidad
“Degidde nuegambi”. Así se dice “hola, ¿cómo están?” en dulegayá, el idioma del pueblo guna, y con esa frase comenzó el primer día de clases en el Centro Educativo Bilingüe Icanti, ubicado en una apartada comunidad de la Comarca Madugandí, en Panamá, informó la agencia EFE.
Bajo el techo del patio escolar -una estructura pequeña y sencilla, con piso de cemento deteriorado y áreas de tierra- los estudiantes, vestidos con prendas tradicionales indígenas, escucharon al docente guna Gregorio Green, director nacional de Educación Intercultural Bilingüe del Ministerio de Educación (MEDUCA), quien se trasladó hasta la comunidad para inaugurar oficialmente el año lectivo.
“Aunque el pueblo de Icanti está dentro de la región de Panamá Este, la comunidad es indígena, y lo que se busca es preservar la lengua materna del niño, porque es la que hablan sus padres en casa”, explicó Green. Ese es precisamente el objetivo del Centro Educativo Bilingüe Icanti, que atiende a unos 300 alumnos.

En el plantel se imparte enseñanza en dulegayá y español, además de inglés, con la meta de formar estudiantes trilingües. “Vamos a tener más adelante a un niño con mayores herramientas para su desarrollo”, destacó el funcionario.
La comunidad de Icanti, que no cuenta con red eléctrica y se abastece mediante paneles solares, se localiza a poco más de 120 kilómetros de la capital, sin embargo, el trayecto implica recorrer caminos rurales y cruzar en bote durante unos 30 minutos el lago Bayano, un viaje que puede tomar cerca de tres horas si no surgen contratiempos.
Impartir clases en estas condiciones es una aventura llena de sentimientos encontrados, señaló la profesora Edith González, subdirectora técnico-administrativa de la región educativa de Panamá Este. “Deben viajar en piragua, cargar todos sus enseres porque no saben cuándo podrán regresar a ver a sus seres queridos. Además, se enfrentan a enfermedades propias de la zona, como la malaria y la leishmaniasis”, explicó González.

En la comarca Madugandí existen 16 comunidades y, según las autoridades educativas, en al menos 12 de ellas se ha solicitado la apertura de escuelas. En muchos casos, los niños deben recorrer largas distancias para asistir a clases, exponiéndose a peligros como ríos crecidos y condiciones climáticas adversas.
“Este año estamos incursionando en dos comunidades donde no teníamos escuelas, creando grupos y asignando docentes”, afirmó González. El objetivo es reducir la brecha educativa y evitar que los estudiantes tengan que arriesgar sus vidas para acceder a la educación.
La experiencia de Icanti refleja los desafíos, pero también el compromiso por garantizar una educación intercultural que preserve la identidad indígena y amplíe las oportunidades de los niños en una de las regiones más apartadas del país.
